jueves, 21 de agosto de 2025

Los incomprendidos. Soñadora irreverente




Llevo dos días que me despierto de golpe, agitada, con una sensación de pérdida foránea, ¿será un aviso? 

Como buena pesada debo decir que esto ya lo he explicado, pero como todo guarda encriptación o mi incoherencia así lo dicta, vuelvo a la carga, hasta casi rozar la treintena era una marmota, es uno de los motes que me pusieron mis amigas. Que se tiene que dormir de pie: se hace. Que la postura puede provocarte una contractura irreversible: qué más da. Que el gato de tu amiga decide dormir 12 horas encima de tu cabeza: adelante. ¡Oye! Te puede asfixiar: exagerados. Uy, mira, una mesa: ¡qué madera más blandita!

La cuestión es que, la fortuna se acotó y ahora el insomnio es mi mejor amigo, y con él, de alguna manera simbólica tuve que decirle adiós a otros.

 

La repetición.

 

Cuando era pequeña soñaba continuamente que volaba, al despertarme seguía sintiendo la misma ingravidez y más de una vez pensé: es real. Por suerte, el ser humano es un animal que se aferra a la vida como una garrapata, y no me impulsó al salto final.

A lo largo de la vida he repetido sueños, porque soy terca hasta cuando descanso las temibles 4 horas, me gusta recrearme, hay goce en la reproducción, sabes hacia dónde vas y cómo termina la historia. De un modo perverso uno se valida en ese agónico conocimiento. 

En este último periodo he soñado con serpientes, de todo tipo y forma. Las primeras les tenía rechazo, un poquito de repulsión, y hasta las mordidas me escocían. La última vez una anaconda extra esponjosa me rodeaba el cuello, no pesaba nada, y la lucía como un accesorio. No he vuelto a soñar con seres viscosos. Supongo que nos despedimos como corresponde, dentro de la cordialidad que proporciona la aceptación.

La realidad es que siempre he estado medio adormecida, me he construido a mí misma como una experta que se amolda a la circunstancia, cediendo sus posibilidades frente a otros. En nombre del apego, de la obligación, del qué o quién. Y en esta última etapa (una que inició sobre el 2022 y espero que termine antes del 2045), comprendo que debí (y excluyo el quizás que estaba incorporado), considerarme. Lo mejor de reconocerse es que se dan pasos, minúsculos y paralizantes, pero se dan.

Como digo la repetición es la seña, y emplearlo no es ningún sacrificio, así que seguiré con el mismo patrón establecido. Hay sucesos que no se pueden quebrantar, harán que las creencias de inicio se ramifiquen en direcciones opuestas, en mi caso, existe algo punzante que sigue presente, sin opción a replica, la oportunidad de crear un vínculo pleno o distinto con mi padre. No hablo desde la pena, aborrezco ese tipo de intimidación, pero es una certeza y opino que si se muestra acota poder, murió cuando yo era joven, él lo era; así que cuando miro atrás sigo haciéndolo con ojos de niña. Por eso sujeto inflexible a la palabra, al diálogo dentro del respeto, tolerar que quizás lo que se exponga no se regirá en base a nuestro propio criterio.

Os aseguro que la madriguera, mi origen, es donde más a salvo y amada me he sentido, la economía como la mayoría de las de la época de los 80 era lo que era, pero el valor que no es otro que el amor, estaba intacto, y eso provoca que sea más consciente de que las relaciones, como nosotros: evolucionamos. Con este presente me saldría una frase de esas que chirrían, pero bueno; perdonadme: no nos demos por vencidos. Qué ironía, que lo diga esta fustigadora que tantas veces se siente una mediocre.    

Y, sí, es una de las razones por las que siempre vuelvo atrás, una y otra vez.

 

Los sueños

 

Nunca impondré mis pensamientos, sobrevivimos con exceso de coacción, pero sí explicaría una historia; una de renuncia. Si las evidencias no hubiesen abandonado este escenario y en una de esas se cubrieran de perseverancia, señalaría a más de uno que pulula en este mundo lleno de aire, y les suplicaría que expusieran su verdad, para que el resto aprendiéramos de ella. La historia sea cual sea, es una vuelta de tuerca, es memoria, valor para no regresar allí. Por una vez estaría bien que los sueños no supuraran nostalgia.

Así que empezaré dando voz a mi padre, lo haré como cuando quiero mostrar la magnitud, desde fuera, como una espectadora, porque esta puede exponer lo bonito, pero también lo trágico; es la única manera que sé que es certero, cuando se aceptan todas las aristas.

Hablo poco de él, sigo siendo esa niña que se malogró a sí misma. Pues bien, Manuel o Manolo, como lo llamaba todo el mundo, tenía un fuerte carácter, una mala leche increíble y un sentido del humor retorcido. Su risa era fuerte, como la de un animal salvaje, era cariñoso y familiar. No se avergonzaba de quién era y menos de mostrarlo al mundo. Todo lo contrario, era su baluarte. Siempre quería que fuéramos los cuatro de aquí para allá, como si supiera que el tiempo es efímero y debe aprovecharse. Pero también tenía un lado emocional que abanicaba con una delicadeza hermosa, y lo revelaba con su poesía, sobre todo a mi madre. Fue un soñador, uno de esos donde los cimientos son muy frágiles y los techos altos, pero era invencible. Vaya sí lo era, nunca se rindió y ese mensaje es uno de los legados que nos dejó a mi hermana y a mí: valentía. Arriesgar cuando lo que te rodea es caos y pérdida. Escasez. Levantarse continuamente, aunque la esperanza se desvanezca ante tus ojos.

Durante décadas lo ignoré, es más, lo acordoné en el desarraigo. El miedo, las carencias, el control, el no poder permitirse caer; se condensa y precisa de otros actos para acallarlos.

De nuevo casi lo olvido, casi.




jueves, 7 de agosto de 2025

Las hebras. Destino o azar

 



Planta de maternidad.

 

—¡Oh! Jaime. Mira nuestro bebé, le sale del dedo meñique dos hilos, ¿te lo puedes creer? El amor está conectado a él.

—¡Córtalos!

—No.

—Te lo suplico. No podemos permitir que viva en el desamparo.

—Ni hablar. Sería una locura, una pérdida irrecuperable. Este regalo que le han cedido es algo metafísico, valioso y exquisito, no se puede renegar del destino.

—Eso es azar, Bego, y resulta perturbable que la felicidad plena corresponda a una conexión. ¿No ves que es una estafa? ¡Una mentira! Como un susurro inconexo que se va segmentado en el ADN de cualquier iluso, no, qué digo, instigado para que crea en él. Se volverá loco buscándolo.

—¿Cómo puedes ser así? Me das lástima, estás corrompido por el fracaso. Sobrevives como un individuo moribundo, y esto provoca que no te abras a esta bendita posibilidad.

—¿Cómo la nuestra? ¿Cómo nosotros? Míranos y dime si ha merecido la pena. Hazlo, por favor, otro desenlace será desastroso y no podré perdonarte. Lo peor es que cuando él lo descubra tampoco lo hará.

A los pocos años aquellas diferencias los separarían definitivamente.


23 años más tarde.

 

No lo hizo, su madre no cortó las pequeñas hebras que lo conectaban a otro núcleo, uno que supuraba nostalgia y desazón. Cuando se creía inmune se resquebrajaba permitiendo que algún que otro sujeto se adentrara en su propia validación. Nunca salía bien, más tarde llegaban los llantos, represalias, desgarros, desesperación, y volvía a verse abocado a la soledad. ¿Qué le pasaba? Era como si le faltara una pieza.

Entonces conoció a Mónica, y ávido de deseo, apostó todo lo que era para agarrarse a esa verdad como única. Pasaron los años, muchos de ellos con baches que socavaban y se despreciaban en la realidad. Rozaron tanto el perdón que al final quedó difuso e irreversible. Y llegó un punto que el final era tan penitente y certero como aquel adiós que se dijeron con frialdad.


Otros 18 años sujetos al declive.

 

—Ay, mi pequeño, con la bonita pareja que hacíais.

—Mamá, es imposible que siga siendo tu pequeño —rió antes de volver a ponerse serio— Nunca fuimos felices, siempre nos faltó algo o peor, nos amoldamos a ese vacío que termina germinando rechazo. Es mejor así.

—No digas tonterías siempre serás mi bebé, y lo sé, cariño; pero sabes qué, esta no es la única oportunidad que tienes para encontrar el amor. Piensa que ha sido como una prueba.

Y le explicó la historia de su nacimiento. Orgullosa, insensible, con una indolencia casi mecánica, como si su obra no tuviera repercusiones, entonces comprendió la razón del agujero que siempre lo acompañaba, del que hasta ese momento se sentía responsable, por no dar más, por no saber hacerlo. Las barreras que siempre alzaba para protegerse. Para no herir. Y cuando terminó de relatarlo lo hizo con una sonrisa, como si le cediera un premio. Un salvoconducto.

—¿Por qué no hiciste caso a mi padre? Y más sabiendo cómo terminó vuestra historia. Dímelo, mamá, necesito que me contestes con sinceridad.

—Siempre anhelé que me quisieran, lo nuestro nunca funcionó, pero tú tienes una segunda oportunidad, hijo, ¿no lo ves? Opciones, algo que muchos nunca tendrán.

Y la vio vulnerable, por una vez comprendió que la altivez era una máscara en la que se escondía, solo era un ser deseoso de un afecto que le fue negado. No pudo perdonarla, no inmediatamente, porque tomó decisiones en su nombre, la omisión puede ser más perjudicial que una mentira, si hubiera conocido el qué, el ciclo de su vida sería distinto.  

 

Actualidad.

 

Los años pasaron, pero no en la añoranza, aprendió que la soledad escogida no es un castigo, y cuando menos lo esperaba apareció su gran amor, un cachorrito que llamó chincheta, y lo acompañó con un cariño imposible de doblegar.

 

 

He roto con la tragedia, ¿eh? Si es que los perros tienen ese poder. Y no lo digo porque sea como Eleanor Abernathy, la loca de los gatos de los Simpson, pero versión perruna, no qué va. Iba a escribir un relato de humor, pero nada, que me ha salido un dramón insalubre, así que mejor terminarlo con un buen amigo, de esos que están siempre cerquita.

Si habéis llegado hasta aquí, os lo agradezco mil.

Muchos besos, y algún que otro abrazo.




jueves, 3 de julio de 2025

El trato. Formalidades entre microorganismos

 



—¿Sabe usted lo que es el miedo? La necesidad de escapar, la imposibilidad que surge al verse ligada por una enfermiza paralización, a permitir que otros factores externos delimiten lo que corresponde cómo lo que no. No mienta, por favor. ¿Sabe lo qué es?

—Ameba, no empieces a comerme la cabeza. Este no es tu sitio. Ya vuelves a hablar como si fueras una licencia, y perdona que te lo diga, pero no eres más que una usurpadora de nutrientes.

—¿Cuál es su problema? ¿Por qué no se muestra? Manifieste la razón que le molesta que otros lo hagan. A qué teme.

—Pues no sé, quizás a que Agustín se fije en Patri, su compañera de trabajo, últimamente se mensajean bastante, o que mi madre se de cuenta que le birlé 50 euros el otro día, o que mi jefe decida reducir la plantilla y me eche por faltas de asistencia, todas por enfermedad, ya sabes que mi salud es precaria.

—¿Eso es todo? Solo son banalidades que carecen de sentido y dependen de otros, ¿ese es el grado de felicidad en el que se ampara? Una pareja que coquetea con cualquiera, una madre que le está sustentado en el desconocimiento, y un trabajo que hace meses que no empeña, por unas enfermedades, permítame que sea franca: autoimpuestas. Por cierto, ¿Qué tal fue el concierto del jueves?

—Wow, tía, fenomenal. Una pasada.

—Ahí entiendo que no le dolía nada. Y en la plenitud del éxtasis decidió que era coherente y acertado mostrarlo al mundo con vídeos y fotos, donde usted, sí, usted; haga el favor de no apartar la mirada, brincaba como una cabra montesa.

—Bueno, es que…

—¿Qué? —Exige esa voz cada vez más enfadada. —Dígame, explíqueme lo que la carcome. Sea sincera una vez en su vida. ¿Se siente plena? ¿Cómoda en la incertidumbre del mañana? O está esperando que todo le explote. Que estas pocas salpicaduras de las que cree que tiene algún tipo de control, terminen desajustando la miseria con la que convive.

—Bueno… ¿sí?

—No, no, inténtelo, sea clara. ¿No le agradaría mejorar?  

—El médico me ha dicho que con un tratamiento…, hay un fármaco que…

—Olvídese las patrañas de ese doctor, seguro que le pagan un buen fajo de billetes por cada receta que expide. Céntrese, no le gustaría por una vez ser admirada, necesitada. Reflexione. Yo puedo ayudarla.

—Pero si solo me duele un poco la tripa, tampoco es tan grave. ¿No me estaré muriendo? Dime la verdad, esto es una clase de delirio antes de irme al otro barrio. Ameba, joder, que soy muy joven, no debí comer en aquel chiringuito, las reseñas eran malísimas, pero…

—¡Dios! Con usted es imposible, es como hablar con la pared. ¿Necesita que vuelva a repetírselo? O mejor, guarde un minuto de silencio, haga un receso de todo lo expuesto y valore sus opciones.

—Si acepto, ¿qué tengo que hacer? Lo de madrugar no es lo mío, para que el día sea decente, mínimo empezarlo sobre el mediodía, antes es una condena. ¿No me estarás timando? Y me exigirás que mañana vaya a trabajar, quiero decir, ufff… cada vez me encuentro peor. Creo que voy a estirarme un ratito, y si eso, luego hablamos, que estás de un pesado.  

—¡No! Espere. No tendrá que hacer nada, se lo prometo, usted solo tiene que decir en voz alta: Acepto, cedo el control. Y todo irá como debe.

—Si lo hago, me dejarás en paz. Tanta cháchara empieza a agobiarme.

—Puede estar tranquila, a partir de ese momento yo me ocuparé de todo.

—Bueno, si es así, acepto. Haz lo que quieras.  

 

 

<<Cada vez es más fácil engañarlos, estas nuevas generaciones que exigen inmediatez, olvidándose de aquello tan elemental como un buen diálogo, a lo que los presionas con cuatro palabras de más, y expresas algún tipo de emoción contrita ceden a la primera. En fin. Disfrutaré de este nuevo cuerpo hasta que localice otro que se acondicione mejor a mis necesidades. Aunque, para que negarlo, unos cuantos reajustes y puede que me quede aquí eternamente. Lo primero, eliminar todas las aplicaciones. ¡Vaya! ¡Oh! Qué monada, un perrito que baila, mmmm…. tampoco pasa nada por pulular unos minutos por la red…>>

 

 

Cuatro horas más tarde, se escucha un portazo y gritos.

—¡Natalia! Ven aquí ahora mismo, cómo te atreves a robar a tu propia madre.

—Increíble, pues si que son adictivas las redes.

 

 

Aquí os dejo un relato sobre parásitos, estamos rodeados, quién sabe hasta qué grado, ;) Espero que os divierta.

Ahora sí, intentaré conectarme, pero a partir de la semana que viene se viene la tormenta, y ojalá fuera de lluvia, pero de esa fresquita, por seguir hablando y quejarme del tiempo, si es que soy algo básica.

Hasta entonces añoraré muchísimo estos ratitos. Mil gracias por vuestro tiempo.

Muchos besos, y más abrazos.



lunes, 30 de junio de 2025

Rarezas, permitiendo que el intruso se explaye

 


Pensamientos intrusivos, ¡malditos! Mi mente es un avispero en el que entra y sale exceso de información, ésta, directamente se complementa con el descontrol. ¿En qué influye? Básicamente, y para acortar en 2 cosas, la primera limitación, que la vincula a tener un control obstinado de aquello que desempeño, o se me obliga, sí, sí, volvemos al trabajo, será pesada la tía. Al segundo, que cuando me permito evadirme o digo: hasta aquí. Regreso a la pieza clave que es la escritura, mis ideas brotan y se extinguen de un lado a otro. Igual estoy pensando en una canción, como recuerdo lo que sucedió en el 95. Rarezas. Todo dominado, ¡ja! 

La última entrada es de mayo, desde entonces no he vuelto a escribir, bueno, miento, si lo he hecho, pero para mis amigas, negar la realidad empieza a ser absurdo, soy una romántica enclaustrada, así que dentro del desacierto este mes me he sumergido un poquito en la nostalgia. Pero de la bonita.

Desde hace meses me siento envalentonada. Aceptada. Eso provoca que no reniegue del ayer. Por eso, mira tú por donde, he vuelto a poner la primera cabecera del blog. El segundo paso, inaudito, la persona que hay detrás de estos despropósitos, y como me sentía muy rebelde hasta un intento de colgar un extracto de voz, pero como se me da fatal, no he logrado saber cómo hacerlo. ¿Cómo se inserta un audio? Bienvenidos a la dimensión desconocida, donde todo parece fácil, pero no lo es, ;) 

Este dice lo siguiente: Hace mil años jugué a un juego, en él tenías que decir una palabra sobre la persona que el azar te señalaba, no creo que nadie pueda identificarse simplemente con una réplica, somos capas que revelan otras y otras, pero, fíjate, aquí estoy, haciendo justo eso.

Lo que quiero decir es que, no voy a coartarlas, van a ser muchas más…

Esta entrada es para todos vosotros, por todo el cariño que siempre me dais, uno que hace muchos años se coló en cada fisura y ahora, hoy, es imposible quebrantarlo, pero no puedo negar que, si me he puesto a escribir esta convulsa entrada es gracias a dos maravillosas personas. Mi preciosa Idalia, sí, nuestra compañera y amiga, es de esas personas que siempre cede la mano, pero implándote valor, y te dice: sigue adelante, no temas, el camino lo merece. Y para nuestro querido, Julio David, no puedo más que agradecer su obstinación por todas las veces que ha venido a esta casa, que espero sienta un poquito suya y me recordara que este lugar, sigue y seguirá siendo puerto seguro.

No sé si esta entrada romperá la brecha del silencio y desencadenará en algún relato, en estos momentos una mosca aportaría muchísimo más. Y llega julio, el tercer mes negro del año. Pero como empieza este desvarío, los pensamientos carcomen y se alzan en venganza. Y la culpabilidad de no poder estar como me gustaría, ay, será traidora.

Bueno, no puedo decir que todo haya sido en matiz sepia, ni ser un enano de Blanca Nieves, al canto de: ¡Ay, ho, ay, ho al monte a trabajar! No, no, también me he escapado con mi madre y hermana cuatro días, destino: Madrid. Donde supe, sí, lo supe, lo que podía ser el infierno y que poco importa que a uno lo remojen con aspersores como si fuera una maceta, la carne se deshace igual. Así que mi recomendación es que seáis buenos. Ah, y no pasa nada por comer callos a todas horas, están riquísimos. Os aseguro que mientras moríamos deshidratas y ante una posible insolación, solo con ponernos delante una tapa de este manjar, no se escuchaba ni una queja, :)

 


Siento la incoherencia, o no, no lo siento. Gracias por seguir aquí, en este caos. En otro tiempo anhelé lo que significaba la palabra lógica, simplemente escribir y dejar un poquito de lado ser, pero por más que lo he intentado comprendo que es imposible. Nada, que me rindo.


Por cierto, el primer extracto me representa. 

Y, sí, por fin finalizo con el comunicado, ;)


Mil gracias de corazón.

Besos, y más abrazos.  


miércoles, 21 de mayo de 2025

Escondido entre escombros

 



No se dio cuenta o no fue plenamente consciente del armazón en el que residía, hacía años que no creaba vínculos, no era por egoísmo, simplemente no se veía capaz, todo colapsó a raíz de un desafortunado comentario, juicio que sintió unilateral, cruento. Lo bloqueó. Con el tiempo aquellos que conservaba se iban esparciendo, delimitando en correspondencia. <<Aquí no me encontrarán>> Y como un mantra ninguneado, fue cavando su propia tumba.

Estaba cómodo en esa realidad desprovista de emociones, nada daba, pero tampoco exigía.   

Hasta que recibió una llamada, una que por poco no llega a responder.

—Nando, ¿te has enterado?

—No, dime.

—Gracia murió el mes pasado.

No recordaba cómo siguió la conversación, le invadió una neblina, que lo dejó ciego y sordo en el proceso. Desconectó. Olvidó los siguientes días, el mundo se evaporó y luego de la nada, su corazón empezó a bombear. Despertó en la precariedad, lo efímero, intentó revivir cuando fue la última vez que había hablado con ella. Un portazo, otra pulsación. Una discusión, otra más. Recriminaciones, más palpitaciones. Y la culpa. Se ancló en ese momento y no en todo lo compartido, solo en la última escena donde herirse era lo esperado.

Por primera vez en años observó a su alrededor, y se vio solo, pero no esa soledad en la que uno está cómodo, no, una que ahoga, que reniega por la frialdad en la que coexiste.

Si era posible, desapareció más, ave herida que desconoce la raíz de su dolor, pero se camufla en la incertidumbre de los escombros cosechados. De un rencor que lentamente se posa y quiebra en una vacilación helada. Y mira atrás, reinventa, se miente y analiza crípticamente la razón de que todo acabara.

<<Llegas tarde>>, <<Nunca quieres hacer nada>>, <<Oye, préstame atención>>, <<Déjalo, es como si le hablara a la pared>>, <<¿Por qué eres tan frío?>>, <<¡Cómo hemos llegado a esto!>>, <<Voy a quedarme unos días en casa de Manuela>>, <<Tenemos que hablar>>.

Frases sueltas que sobresalían, desidia que siempre olió a final. Él de luto, ella iniciando. Más resentimiento, más desnutrición. Y el golpe, estallido de una pérdida que nunca podría revertirse. Una disculpa sin respuesta. Más culpa. De la nada una admisión, ninguno de los dos merecía ese desenlace, y empezó a inmortalizar otras escenas. El primer beso, ralentizó. Un viaje rápido de fin de semana, sufragó. Su sonrisa, avivó.

E intentó exhumar aquello que siempre lo acompañaría, le costó años comprender que nunca podría renegar del pasado, pero sí anticipar, comprender, que no hubo verdugos, solo un lapso que los unió, para más tarde marchar a contracorriente.

 

 

Hola, a todos.

No os pasa que leéis una historia, veis una película o entrevista, algo, lo que sea; y, ahí se queda, se fija con fiereza. Con lo poco que enciendo la caja tonta, pero el otro día puse HBO, ahora MAX, mañana quién sabe; y me decidí por una serie. Evasión, ¡Ja! Una simple frase y mi mente voló a su aire. Hablaba sobre el luto, cómo se convive con él, ésta resaltaba que uno recuerda siempre el último momento, lo que dijimos o hicimos, restando u olvidando todo lo demás.

Con este relato intento mostrar lo efímera que es la existencia y el anclaje que nos cede esa fragilidad.

Gracias por vuestro tiempo.

Besos, y más abrazos.



miércoles, 14 de mayo de 2025

Eco reverencial. Divinidad entre ventanales

 


Més que la meva sang

No, no, no tinguis por

Desitjar-me no és dolent

No cal que diguis res

Que el què vulguis ja ho faré, jo ho sé.

Canción de Lax'n'Busto

 

¡Oh! Lo confieso, sí, deseo en demasía, renazco diariamente sin dominio, por eso exijo un perdón para esta hija descarriada que ha tomado el camino fácil, directa al pecado, a penar por aquello que no le corresponde, a gozar entre pensamientos impuros invadidos por el descontrol, yo que siempre fui pródiga en virtud, yendo de la mano de lo correcto, ahora siento un comezón indigno e incontrolable. Ruego que se me dispense, que estas acciones que desafían en apego no sean las únicas que validen en desesperanza. 

 

Portal A

 

—Tina, por favor, deja de espiar al vecino.

—No puedo evitarlo, solo con verlo me dan unos calores que para qué. Es guapísimo.

—Bueno, es algo lúgubre, pero…

—¡Retíralo!

—Qué más da, tú pareces la vieja del visillo. Como te descubra y con la cara de mala leche que tiene, viene aquí y nos descuartiza.

—Qué exagerada. ¿No te parece adorable su ceño fruncido?

—Si tú lo dices.

—No seas condescendiente y deja de criticarme. No molesto a nadie, solo lo admiro.

—A mí me incomodas, pero eso parece que no te importe. Por lo menos podrías quitar esa canción.

—Es para invocarlo.

—¿Cómo dices?

—Estoy segura que si la canto muchas veces él percibirá mis feromonas y ¡zas!

—Ese tiene cara de depredador no de abeja polinizadora.

—No lo entiendes.

—A ver, explícamelo princesa del inframundo.

—Que las personas heridas son las que tienen el corazón más grande.

—Cada día eres más absurda.

 

Anclada en la incomprensión, en la necesidad de un lazo invisible que ruega que razone, me estremezco entre la simulación y lo efímero, a cualquier dios le reitero esta disculpa.

 

Portal B

 

—¿No te da mal rollo?

—Me enternece.

—¿En serio? Parece una psicópata planeando cómo aniquilarte.

—Te jode porque no se ha fijado en ti.

—No, lo que me da miedo es encontrármela un día sosteniendo un cuchillo jamonero.

—Lárgate, envidioso.

 

Las excusas en las que me cierno empiezan a desajustarse a un camino invariable y de no retorno, debo ser franca con aquellos que me rodean, pero me es imposible, porque una parte de mí, hasta ahora silenciada, sostiene que todo tiene un porqué.

 

Entresuelo

 

—Oye, ¿eres la que compañera de la neurótica?

—Y tú debes ser el que vive con el cara angustia. ¿Qué quieres?

—Podríamos prepararles una cita a ciegas, para terminar con este rollo perturbador que se traen entre manos.

—No es mala idea, ¿cómo te llamas?

—Pablo, preciosa, y, ¿tú?

—Almudena, y nada de apelativos cariñosos, no hay tanta confianza; si hago esto es porque me está volviendo loca con esa cancioncilla.

—¿Cuál?

—Una que pone en bucle, dice que es como un conjuro. Yo qué sé, estoy de los nervios.

—Ah, por eso las muecas. Menos mal, tampoco quiero tirarlo a los brazos de una demente.

—¡Oye! No te pases. Él tampoco parece que tenga el puzle muy coordinado.

—¡Olvídalo!

 

Los caminos son inescrutables, carecen de visionar aquello que se percibe, que delimita y concede en deseo. A partir de ahora seré la mano ejecutora, nada podrá impedirlo.

 

Ultramarinos del barrio

 

—Por fin se han visto, ¿te ha dicho algo tu primo?

—No, Tina, nada.

—Pues no sé qué más podemos hacer, a este paso se me va a ir la cabeza, últimamente solo sueño con sangre y vísceras, y me vienen pensamientos muy crípticos del bien y del mal. ¿Estaré poseída?

—Y mi ceño, ¿qué? Tanta presión me provoca migraña. Solo quiero ir por la calle agarrado de la mano de mi chica, pero no, tenías que meter en ecuación a esos dos, montarte la película de que harían buena pareja, un mundo de arcoíris. Joder, ya te dije que Pablo repele las relaciones, y tu amiga qué quieres que te diga, se la ve fría como un tempano.

—Cuidado con lo que dices, no me hagas elegir entre los dos.

—¿No lo dirás enserio?

—¡No te esfuerzas nada! Y no me pongo a criticar a diestro y siniestro.

—¡Se acabó!

 

Entre lágrimas por fin comprendo mi cometido, soy un ángel vengador, uno que se rige en fortaleza, mis decisiones serán impuestas, todos me deberán obediencia.

 

Habitación de Tina

 

—¿Por qué lloras?

—Me ha dejado, ¿te lo puedes creer?

—¿Quién?

—Pues quién va a ser, el vecino.

—A ver… tranquilízate, llevas un tiempo que te comportas de una forma muy extraña. No puede dejarte alguien que no está contigo. Mira, voy a llamar al consultorio, con suerte te derivarán… —con un golpe seco Almudena cae al suelo.

—No, si ya me imaginaba que tanta sangre me estaba contagiando el alma. Y ahora qué hago.

 

Para que este plano físico no se me sea arrebatado, las voces de este ente que me ha bendecido me susurra que busque entre lo corrupto para restablecer lo perdido. 

 

Tercer piso

 

—Psss, psss, ¡Pablo! Tienes que ayudarme.

—¿Yo? Lo dudo. Adiós.

—¡Espera! Es Almu, ha sufrido un accidente.

—¿Qué dices? ¿Dónde está?

—Bueno, a veces pasan cosillas de esas que uno no controla. Tú eres abogado, ¿verdad? Como somos familia estás obligado a representarme. Utiliza algún tecnicismo para exculparme porque juraría que estoy hechizada, ¡Bah! Soluciónalo, pero te aviso que no pienso pagarte nada, que lo haga tu primo, todo es por su culpa.

—Joder, estás fatal. Voy a llamar a la policía, no te muevas y ni se te ocurra acercarte.

—¿Cómo te atreves? —un empujón y otro golpe seco. —No me lo puedo creer, pero si son como muñecos de plastilina, se desintegran con un soplido.

 

La gracia divina me ha abandonado, ha decidido que no debe protegerme, que he de luchar en solitario contra mis propias acciones, es una prueba, lo sé, yo que solo deseé, ahora por algunos errores me ha negado su mano guardiana. Ya no hay indulto, solo esta canción que me acompaña.  

 

Velatorio

 

—Tina, esto lo hemos provocado nosotros. —lloroso se agarra a la mano de la que vuelve a ser su novia.

—Qué dices cariño, qué tontería. Pablo se agobiaría, siempre decías que iba de flor en flor, Almudena era muy estricta y bueno, quién iba a imaginar que él se la cargaría, y luego los remordimientos lo empujarían a tirarse por las escaleras. Ambos han sido víctimas del desamor. <<Ufff… que agobio, ¿Cuándo terminará este teatro? Ese tío me mira mucho, ¿verá mi culpabilidad? No, Tina, cálmate, no puedes ir por ahí arrebatando vidas. ¡Claro! Qué ciega he estado, ahora lo entiendo: soy la guadaña>>

—Amor, ahora vengo, voy un momento al baño.

—Vale, pero ¿por qué llevas una botella?

—¿Qué? Ah, sí, es muy importante reciclar, hay que tener conciencia medioambiental. <<Casi me pilla. ¿Dónde se habrá metido ese sujeto? Haré todo lo necesario para cumplir mi propósito. Poco o nada me importa que el de arriba me haya abandonado, ahora sé cuál es mi función, una que es más férrea que cualquiera de sus superfluos arbitrajes>>

 




 

Hola, a todos.

Hoy os traigo un relato entre ventanales y exceso de delirio. Que esas divinas voces en las que algunos se amparan, nunca nos corrompan al resto, ;) ¡Huid!

Mil gracias por vuestro tiempo.

Besos, y abrazos.



viernes, 9 de mayo de 2025

El blog, ¿qué es para vosotros?

 


‘‘Estoy fuera con candiles, buscándome a mí misma.’’

Emily Dickinson

  

Mis letras a menudo son incoherentes, mezclo, desvarío y salto de un lado a otro con un descontrol que es difícil de comprender, es un conflicto arraigado, supongo que es porque en la vida real, en la de carne y hueso, aprendí muy pronto que debía asentarla desde el control. Una alarma que no se desconectaba podía desembocar en ruina. Interpreté que encapsularse en una coraza, era seguridad, una madriguera donde el dolor era impenetrable. Reitero y lo hago con firmeza, cuando hablo desde la aflicción no es por victimismo, solo vivencia. Nunca, pero nunca, iría por la vida con un sello en el que se me identificara como mártir, huiría si se me etiquetara de esa manera, porque serlo, lo somos todos. A parte, creo que cuanto más se muestra cada arista menos recursos tiene para doblegarnos.

Pero es cierto que, de un tiempo para aquí, esa coraza impenetrable, el mensaje que repito como si fuera una profeta de pacotilla de <<el poder de que te hagan daño lo cedes tú, y bla, bla, bla>>, está desquebrajándose, porque el blog es soltura, sí, dejar ir aquello que aprisiona, asfixia y retiene, pero también reserva un grado inmenso de vulnerabilidad.

Y es que a veces me siento justo así: frágil, pero no en el mal sentido, las palabras tienen la magia de entenderse en distintas direcciones, en esta muestra voluble de lo que expongo, hay verdad, la mía, y no temo que así sea, todo lo contrario; respiro, entre carraspeos, sí, pero lo hago.

Pero en este rescate y siendo plenamente consciente, que a veces rozo un contexto de incredulidad amorfo, porque poco o nada sabemos unos de los otros, ni trabajos, ni familia, solo minúsculos esbozos, ni lo cotidiano, como qué plato es nuestro preferido, o si detestamos como en mi caso los guisantes, (los odio, son el anticristo), detalles que proporcionan la falsa creencia de conocer a alguien, pero no es así, en la profundidad, si se quiere ver, uno debe ir más allá. La realidad es que somos más que una imagen, y aquí existe esa transparencia, una en la que exteriorizamos nuestros temores, sueños, angustia, felicidad; y, sobre todo: necesidad.

Siempre digo, y esto sí es invariable, que no me importa mostrar mis carencias, éstas tarde o temprano se revelan, así que no debería coaccionarnos, somos lo que somos, parte de ello se evidencia en este lugar de IP desconocida, donde dejamos una parte que está desmembrada desde las entrañas. Muy ególatra, sí.

Hay cierto poder en la desnudez, desconsuelo y libertad, pero no debo olvidar que mi desatino es personal. Solo pido franqueza, prometo corresponder, si fallo, aunque me avergüence, ruego que que se me indique, no me genera ningún conflicto, es más, lo agradezco. Tengo orgullo, pero no para asumir cada error, y si puedo aprender, mejor. Reconozco que puedo ser pesada e invasiva. Una listilla de manual.

La escritura me ha salvado muchas veces, gracias a ella he volcado cada espina que en algún momento me doblegó, creando un holograma en el que me protegía, en cambio aquí, el poder de hacer daño, insisto, sí se cede. A veces, en esa angustia, donde mis pensamientos navegan descontrolados, me digo: céntrate, solo escribe, pero la fisura se ha resquebrajado, dudo que pueda volver atrás. Pediría perdón por eso, pero en este caso mentiría, (algo feísimo).

Termino este monólogo o bombardeo confuso de información, intentado aclarar lo que el blog es para mí: una búsqueda por ser.  

Y, ¿para vosotros? Recordad, ansío conocimiento, ;)

 

Nota: La imagen es la primera cabecera que puse en el blog, es l’Estany de Banyoles, de una añeja escapada, siempre es bueno volver a raíz; en su momento me representó, con ese claroscuro, como un secreto que en su inmensidad sobrecoge alzándose en silencio.

 

Gracias por vuestra paciencia y el cariño que siempre me cedéis.

Muchos besos, y más abrazos.



martes, 6 de mayo de 2025

La quiebra supura

 

 

‘‘Y yo moriría mil veces por

poder recibir amor sin pedirlo,

sin haberme dado cuenta ser

llevada, de improviso, a un

sitio en que los ojos se miran

sin desprecio.’’

Alejandra Pizarnik

  

La mujer anhela aquello que nunca le será entregado. Durante años se posó en la contemplación de no merecerlo, de no ser suficiente, de tener que poner todo de sí, la otra mejilla, el otro dolor. De aguantar, soportar la desidia. Dar, dar, dar. ¿Cuándo regresaría? Locura, desesperación. El querer.

Impregnó a cuenta gotas, supurando, a veces renacía, se sentía que podían amarla, otras, más de las que recordaba se mudaba, escondiéndose en la incertidumbre del temor de reconocerse inferior.

El tiempo pasó, como borrones indefinidos perdidos en una añoranza que siempre la acompañaba, pero la fortaleza, la mentira construida en base a ésta, residía con la fuerza de una fábula alzada en el empeño de un apego que en otro tiempo albergó con esperanza.

Se visionó siendo hija, mujer, madre. Y floreció, pero no como esperaba, no como correspondía, ni creyó merecer. No solo se concibe desde la matriz. Etapas en las que pronunciaba <<no pasa nada>>, otras el llanto la corrompía desde dentro, nunca hacia fuera. Ojos tristes, sonrisa que no se alzaba en compañía. Cuidó, porque así la enseñaron, protegió, porque si no lo reparaba podía desgarrarse, y olvidó; olvidó que ella también necesitaba, aguardaba un abrazo protector, un afecto que no va en una sola dirección, que se desestabiliza en el egoísmo. En la incomprensión.

Perjuicio de ser, de dañar las enseñanzas, de que la indiferencia deje de perforar ese maltrecho espasmo. Cuando se es una herramienta hasta el más ciego la descubre, sabe; lo sabe, que no se es correspondido.

Los ruidos la martilleaban, la huida la perseguía entre las sombras del desencanto, una nueva oportunidad, otra, otra, qué más da que la aflicción la acompañe en este camino solitario, de angustia que reverencia y provee.

Porque el error no es que no se la quisiera, es que ella nunca se apreció como correspondía.

Con un grito certero, con otra imagen en la que valorarse, urgió ese adiós, ese alzamiento, un golpe al reconocimiento, a darse una oportunidad, esta vez; a sí misma.

  


Hola, a todos.

Hoy traigo un relato algo melancólico, espero, eso sí, que el poso de consuelo no lo haya ofuscado del todo, supongo que sigo un poco desencantada, permito tirones de pelo para que se me espabile, pero sin pasarse, ;)

Gracias por vuestro cariño.

Besos, y abrazos.

 


martes, 22 de abril de 2025

Luz al final del túnel. ¿La habéis visto?

 



—¿Cómo estás?

—¿La verdad?

—Sí.

—No sabría decir, espesa, encriptada, agotada. Rozando una exageración consumada por la desesperanza.

—A parte de quejarte, ¿tienes algo más qué decir?

—Mmmm…

—¿Y bien?

—La única neurona que me queda después de estos días anda rabiosa y alelada. Y con una mala leche…

—Quizás deberías estar otra quincena en el olimpo de los desertores, solo para regenerarte y redimirte.

—Paso, me siento muy niñata y las salidas de tono pueden ser mi todo.

—¿Entonces?

—Puede que regrese a aquel último personaje, no sé, me da que con lo enrarecida que me encuentro le daré alguna que otra escena.

—¿Serás valiente?

—Que poco se me conoce.

 

 

Ya estoy de vuelta, creo, no sé, terminé justo ayer de una jungla llamada horas extras de las horas extras, quien diga que el trabajo dignifica es que tiene la vida más que solucionada. Porque irse de casa cuando el sol sale tímido y volver cuando este renuncia a la existencia y en ese proceso no dispones ni del tiempo suficiente para comer en condiciones, sin ser un pavo que lo están rellenando, desconoce del todo su significado, y fíjate, que, llegado el punto, no estoy enfadada con este hecho en sí, solo conmigo por continuar en esta situación infructuosa e inestable. Hay cuatro meses negros en mi calendario, y cada uno de ellos desgasta y exprime, dejando a su paso, la nada.

Mañana, quizás, mañana; se me olvide, la rueda nunca cesa de girar, y yo como buena, qué digo; buenísima esclava, seguiré anclada justo aquí. Ahora se me ceden unas horitas a mi aire, para que se me olvide, pero no sé, veo cercano julio, maldito éste y todos los otros.

No debería colgar esta entrada, pero, y, ¿por qué no? Lo dicho, estoy muy repelente, ;)

En estos días os leo, no sé si todo lo que hayáis publicado, pero intentaré ponerme al día.

Besos, abrazos no, que repelo y estoy algo arisca.

 

 

Ah, este comunicado confuso termina con un pequeño fragmento de la historia, lo que digo, ando imprecisa. 

 

 

─¿Sabe cómo ha llegado aquí?

─¿Qué?

─Señora, le insisto, ¿sabe cómo ha llegado aquí?

 

¿Cómo pudiste hacernos esto? Desechar la belleza con la que residíamos, yo te cuidaba, adoraba cada parte, hasta las que estaban corroídas por la culpa. La vergüenza de demostrar al mundo, a ti mismo, que también me deseabas. Desdeñaste lo que con tanto mimo construí para ti. Y ahora, ahora me veo en esta celda de barrotes acolchados. En la indigencia de un amor perdido. Pero hay algo que desconoces, la fortaleza con la que resido será la que impida que este sea nuestro final.

 

 

¡Vete pesada! Me marcho, pero como buena gremlin a entorpecer otros lares, :)

 


sábado, 5 de abril de 2025

Abril. Tiempo de cese

 

Si vinculo una canción a la primavera me vendría la de los Delinqüentes: La primavera trompetera ya llegó, ya me despido del abrigo… Como sabéis soy de pueblo, y la fiesta mayor o la llevas en la sangre o eres un ser desnaturalizado. El mal en persona. Hasta el más díscolo cae ante la desolación social, :)

La cuestión es que en mi caso esto va de la mano a los plazos, ¡malditos! A trabajar como un ser encadenado y sin aspiraciones, un renegado de una sociedad apocalíptica y corrupta, cómo me gusta exagerar o quizás no tanto. Lo que sí es verdad es que no podré estar tan presente y depende como vaya, simplemente no estaré, esta última semana ha empezado la bajada asistencial, ;) Y no es que no quiera: es imposible.

He aprendido, tarde, la terquedad es una de mis faltas, que debo tolerar, aunque no apruebe, que las situaciones van como van.

Así que si durante ese trance, llamado: gran parte de abril, estoy incomunicada, desterrada de ésta y vuestras casas, pensad que no es por goce, es por miseria, y que cuando llegue a la madriguera oficial, si os sirve de consuelo seré la de la pintura de Ramón Casas, una joven, no tan joven, decadente.



Ay, solo de pensar lo que me espera, me dan ganas de entonar: Protégeme señor con tu espíritu. ¡Bah! Lo dejo, mi humor es malísimo.

Si necesitáis cualquier cosilla podéis enviarme un correo o señales de humo, prometo tener el radar de infrarrojos activado, :)

Los que leéis mi Gaveta, he dejado una última entrada. 

Hasta entonces cuidaros, os añoraré muchísimo. 

Abrazos, y un montón de besos.  


lunes, 24 de marzo de 2025

Delirio. Un amor viciado

 



‘‘¿cómo llamarte ahora, con qué nombre

—muerto de toda muerte,

sonrisa deserrada,

inviolado temblor que se desliza—,

si ya no queda nada más que arena?’’

Julia Prilutzky


 

Recuerdo la primera vez, está grabada en mi membrana como una escena a cámara lenta, mis vísceras nada más verte hicieron clic, por un instante pensé que estaba sufriendo un ataque de corazón, la angustia era tal, que tuve que sostenerme en aquel mugriento taburete.

Como un ser celestial que ha venido a este mundo a salvar al resto, entraste a ese bar, y yo fiel en creencia, ansié que escrutaras en mi dirección, porque sabía, lo supe, que en cuanto nuestros ojos se enlazaran, verías la conexión, que nos reconocerías como seres que han venido a este mundo a estar juntos. Pero no lo hiciste. Ayudaste a esa que te acompañaba a sacarse la chaqueta, lo que más me dolió, fue cuando le colocaste el pelo detrás de la oreja, ese acto íntimo desquebrajo otra pulsación que andaba enajenada.

Te observé tan fijamente que al final te diste por enterado, el bombeo era máximo, el resplandor bajo, nimio; apartaste la mirada y os marchasteis. ¿Qué viste? ¿Qué? La verdad, la convicción, el deseo que pulsaba entre dos cuerpos implorantes, almas viejas que en otra vida debieron ser profetizadas como únicas.

En esa ocasión, no me importó que renegaras, quizás me resquemó, pero adiviné que estaba a otro nivel, uno superior al tuyo, que debía de algún modo permitir que tomaras una pausa ante el desconcierto, para más tarde actuar acorde a los planes que estaban establecidos. No lo hiciste. Tampoco me preocupó, ahora que sabía quién eras, te seguía como un ser hambriento, conocía todo de ti, tus horarios, amigos, familia, y dónde vivías. Lo que sí me molestó es que continuaras con esa mujer. A cuentagotas ese lamento se iba multiplicando, las barreras que alzabas cada vez eran mayores, la distancia imperturbable; que me llegara una orden de alejamiento, fue lo que propició que rebosara un vaso repleto de condescendencia.

Ahora me perteneces, sigues sin entenderlo, veo en tus ojos angustia, recelo y desesperación, por la pérdida, por no descifrar cómo has llegado a éste, nuestro hogar, pero también sé que con el tiempo vislumbrarás que todo lo he hecho por amor. El nuestro. Llegará el momento, que el anhelo que siento se consumará, y entonces me mirarás con la misma necesidad que lo hago yo.

Hasta ese día, estaré custodiándote, compréndelo; este escenario es el único posible.

  

 

Hola, a todos.

Otro relato bastante truculento, continúo con la construcción de personajes criminales.

Cuidado, ;)

Mil gracias por vuestro cariño y apoyo.

Un montón de besos, y más abrazos. 


viernes, 21 de marzo de 2025

El fin de los días. El Mesías

 



‘‘El viejo mundo está muriendo y el nuevo aún lucha por nacer: ha llegado la hora de los monstruos.’’

Antonio Gramsci

 

Todo empezó con pequeños cortes de electricidad, duraban segundos a veces minutos, tintineaba y se desvanecía. Después nos adheríamos a la normalidad. No hicimos nada, los de arriba, los que gobiernan con promesas de un pueblo certero, insistían sin tregua que todo era normal, que no debíamos preocuparnos, así que la comodidad en la que residíamos nos anclaba a continuar bajo el manto de un silencio apaciguado.

Poco a poco iniciaron las mutaciones, pasamos de minutos a horas. Siempre me creí una persona desarraigada, desconectada más allá de cubrir las necesidades básicas, pero cuando las pierdes, cuando te las arrebatan, allí uno es consciente de que está acostumbrado a riquezas que no le da ningún valor, solo las extraña cuando desaparecen.

Aterrizó el día en el que nos negaron el agua corriente, la luz en ese momento la desconectaban sobre las 6 de la mañana y vacilabas al pensar si podrías usar de nuevo algún suministro. La comida empezó a ser un lujo no asequible a cualquier paladar, los saqueos, robos y angustia repoblaban aquella sociedad dormida. La brutalidad era la respuesta a ese silencio de inicio. Era un caos, habitábamos con dolor, temor de que te agredieran por una porción. Por simplezas que antes desechábamos como si no tuvieran valía, ahora en cambio, lo eran todo. Ya no servían las palabras, ni discursos de que todo iba bien, la comprensión se esfumó. La ira creció ante la inconsistencia de la indiferencia.

Para entonces seguía viviendo sola, pero el miedo es una llama que crece silenciosamente, posándose dentro como una enfermedad. Cerraba las puertas y ventanas con todo el mobiliario que todavía conservaba de los trueques que utilizaba para subsistir.

Entonces apareció, él, se hizo llamar el Mesías, y lo creímos, ante la desesperación uno quiere, se obliga a manifestar cualquier forma, verdades veladas, y ese hombre expresaba las palabras exactas. La radicalización fue inminente o te unías o eras el repudio, formando parte de ese estrado inalcanzable para la gente corriente. Y me soldé, no me quedaban fuerzas para batallar, tenía hambre, desesperación, vivía rodeada de una miseria que iba más allá de las carencias con las que me amparaba.

Lo seguimos como corderos, acabando en un paraje, despoblado y decrepito, hasta los animales habían renunciado a esta sociedad marchita. Éramos nómadas sin rumbo que se dejan llevar por el mensaje de prosperidad de un salvador. Creándose entre nosotros un lazo, uno que el tiempo fue cercando y haciendo imposible despedazar.

Han pasado muchos años o puede que no, el tiempo en este momento es relativo, en este hábitat salvaje los meses se contemplan como lustros, lo que sí sé es que me siento como una anciana, mi cuerpo, mi alma han envejecido en esta nada que nos envuelve y rebosa. El camino hasta llegar aquí fue arduo, muchas veces quise renunciar, volver a ese momento donde el horror y dolor atenazaban mi aliento, la incertidumbre a lo desconocido me hacía anhelar aquello que me era familiar, otras, como ahora, en estos pocos suspiros que me restan para decir adiós, doy las gracias.

Nunca dije nada, callé como una cobarde que nada tiene, pero si lo puede perder todo; siempre supe que no era un enviado, pero oré por y con él, le entregué todo lo que tenía por el bien común. Renuncié a cualquier objeto material e inmaterial, y lo agradezco, porque hoy, a las puertas de abandonar este escenario, mis ojos aun estando cansados, pueden vislumbrar un verdor que ciega y brama esperanza, y esta luz, ésta, nunca la podré olvidar.

 

 

Hola, a todos.

Conocéis al marciando: Miguel Pina, sí, verdad. Pues si entráis en su blog descubriréis una crítica esperanzadora, bonita de verdad, y es la incitadora para que escribiera estas cuatro letras.

Os dejo su crítica aquí: https://www.cineycriticasmarcianas.com/2025/03/wilding-el-regreso-de-la-naturaleza-del.html

Muchas gracias por vuestro tiempo.

Besos, y más abrazos.