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jueves, 21 de agosto de 2025

Los incomprendidos. Soñadora irreverente




Llevo dos días que me despierto de golpe, agitada, con una sensación de pérdida foránea, ¿será un aviso? 

Como buena pesada debo decir que esto ya lo he explicado, pero como todo guarda encriptación o mi incoherencia así lo dicta, vuelvo a la carga, hasta casi rozar la treintena era una marmota, es uno de los motes que me pusieron mis amigas. Que se tiene que dormir de pie: se hace. Que la postura puede provocarte una contractura irreversible: qué más da. Que el gato de tu amiga decide dormir 12 horas encima de tu cabeza: adelante. ¡Oye! Te puede asfixiar: exagerados. Uy, mira, una mesa: ¡qué madera más blandita!

La cuestión es que, la fortuna se acotó y ahora el insomnio es mi mejor amigo, y con él, de alguna manera simbólica tuve que decirle adiós a otros.

 

La repetición.

 

Cuando era pequeña soñaba continuamente que volaba, al despertarme seguía sintiendo la misma ingravidez y más de una vez pensé: es real. Por suerte, el ser humano es un animal que se aferra a la vida como una garrapata, y no me impulsó al salto final.

A lo largo de la vida he repetido sueños, porque soy terca hasta cuando descanso las temibles 4 horas, me gusta recrearme, hay goce en la reproducción, sabes hacia dónde vas y cómo termina la historia. De un modo perverso uno se valida en ese agónico conocimiento. 

En este último periodo he soñado con serpientes, de todo tipo y forma. Las primeras les tenía rechazo, un poquito de repulsión, y hasta las mordidas me escocían. La última vez una anaconda extra esponjosa me rodeaba el cuello, no pesaba nada, y la lucía como un accesorio. No he vuelto a soñar con seres viscosos. Supongo que nos despedimos como corresponde, dentro de la cordialidad que proporciona la aceptación.

La realidad es que siempre he estado medio adormecida, me he construido a mí misma como una experta que se amolda a la circunstancia, cediendo sus posibilidades frente a otros. En nombre del apego, de la obligación, del qué o quién. Y en esta última etapa (una que inició sobre el 2022 y espero que termine antes del 2045), comprendo que debí (y excluyo el quizás que estaba incorporado), considerarme. Lo mejor de reconocerse es que se dan pasos, minúsculos y paralizantes, pero se dan.

Como digo la repetición es la seña, y emplearlo no es ningún sacrificio, así que seguiré con el mismo patrón establecido. Hay sucesos que no se pueden quebrantar, harán que las creencias de inicio se ramifiquen en direcciones opuestas, en mi caso, existe algo punzante que sigue presente, sin opción a replica, la oportunidad de crear un vínculo pleno o distinto con mi padre. No hablo desde la pena, aborrezco ese tipo de intimidación, pero es una certeza y opino que si se muestra acota poder, murió cuando yo era joven, él lo era; así que cuando miro atrás sigo haciéndolo con ojos de niña. Por eso sujeto inflexible a la palabra, al diálogo dentro del respeto, tolerar que quizás lo que se exponga no se regirá en base a nuestro propio criterio.

Os aseguro que la madriguera, mi origen, es donde más a salvo y amada me he sentido, la economía como la mayoría de las de la época de los 80 era lo que era, pero el valor que no es otro que el amor, estaba intacto, y eso provoca que sea más consciente de que las relaciones, como nosotros: evolucionamos. Con este presente me saldría una frase de esas que chirrían, pero bueno; perdonadme: no nos demos por vencidos. Qué ironía, que lo diga esta fustigadora que tantas veces se siente una mediocre.    

Y, sí, es una de las razones por las que siempre vuelvo atrás, una y otra vez.

 

Los sueños

 

Nunca impondré mis pensamientos, sobrevivimos con exceso de coacción, pero sí explicaría una historia; una de renuncia. Si las evidencias no hubiesen abandonado este escenario y en una de esas se cubrieran de perseverancia, señalaría a más de uno que pulula en este mundo lleno de aire, y les suplicaría que expusieran su verdad, para que el resto aprendiéramos de ella. La historia sea cual sea, es una vuelta de tuerca, es memoria, valor para no regresar allí. Por una vez estaría bien que los sueños no supuraran nostalgia.

Así que empezaré dando voz a mi padre, lo haré como cuando quiero mostrar la magnitud, desde fuera, como una espectadora, porque esta puede exponer lo bonito, pero también lo trágico; es la única manera que sé que es certero, cuando se aceptan todas las aristas.

Hablo poco de él, sigo siendo esa niña que se malogró a sí misma. Pues bien, Manuel o Manolo, como lo llamaba todo el mundo, tenía un fuerte carácter, una mala leche increíble y un sentido del humor retorcido. Su risa era fuerte, como la de un animal salvaje, era cariñoso y familiar. No se avergonzaba de quién era y menos de mostrarlo al mundo. Todo lo contrario, era su baluarte. Siempre quería que fuéramos los cuatro de aquí para allá, como si supiera que el tiempo es efímero y debe aprovecharse. Pero también tenía un lado emocional que abanicaba con una delicadeza hermosa, y lo revelaba con su poesía, sobre todo a mi madre. Fue un soñador, uno de esos donde los cimientos son muy frágiles y los techos altos, pero era invencible. Vaya sí lo era, nunca se rindió y ese mensaje es uno de los legados que nos dejó a mi hermana y a mí: valentía. Arriesgar cuando lo que te rodea es caos y pérdida. Escasez. Levantarse continuamente, aunque la esperanza se desvanezca ante tus ojos.

Durante décadas lo ignoré, es más, lo acordoné en el desarraigo. El miedo, las carencias, el control, el no poder permitirse caer; se condensa y precisa de otros actos para acallarlos.

De nuevo casi lo olvido, casi.




lunes, 30 de junio de 2025

Rarezas, permitiendo que el intruso se explaye

 


Pensamientos intrusivos, ¡malditos! Mi mente es un avispero en el que entra y sale exceso de información, ésta, directamente se complementa con el descontrol. ¿En qué influye? Básicamente, y para acortar en 2 cosas, la primera limitación, que la vincula a tener un control obstinado de aquello que desempeño, o se me obliga, sí, sí, volvemos al trabajo, será pesada la tía. Al segundo, que cuando me permito evadirme o digo: hasta aquí. Regreso a la pieza clave que es la escritura, mis ideas brotan y se extinguen de un lado a otro. Igual estoy pensando en una canción, como recuerdo lo que sucedió en el 95. Rarezas. Todo dominado, ¡ja! 

La última entrada es de mayo, desde entonces no he vuelto a escribir, bueno, miento, si lo he hecho, pero para mis amigas, negar la realidad empieza a ser absurdo, soy una romántica enclaustrada, así que dentro del desacierto este mes me he sumergido un poquito en la nostalgia. Pero de la bonita.

Desde hace meses me siento envalentonada. Aceptada. Eso provoca que no reniegue del ayer. Por eso, mira tú por donde, he vuelto a poner la primera cabecera del blog. El segundo paso, inaudito, la persona que hay detrás de estos despropósitos, y como me sentía muy rebelde hasta un intento de colgar un extracto de voz, pero como se me da fatal, no he logrado saber cómo hacerlo. ¿Cómo se inserta un audio? Bienvenidos a la dimensión desconocida, donde todo parece fácil, pero no lo es, ;) 

Este dice lo siguiente: Hace mil años jugué a un juego, en él tenías que decir una palabra sobre la persona que el azar te señalaba, no creo que nadie pueda identificarse simplemente con una réplica, somos capas que revelan otras y otras, pero, fíjate, aquí estoy, haciendo justo eso.

Lo que quiero decir es que, no voy a coartarlas, van a ser muchas más…

Esta entrada es para todos vosotros, por todo el cariño que siempre me dais, uno que hace muchos años se coló en cada fisura y ahora, hoy, es imposible quebrantarlo, pero no puedo negar que, si me he puesto a escribir esta convulsa entrada es gracias a dos maravillosas personas. Mi preciosa Idalia, sí, nuestra compañera y amiga, es de esas personas que siempre cede la mano, pero implándote valor, y te dice: sigue adelante, no temas, el camino lo merece. Y para nuestro querido, Julio David, no puedo más que agradecer su obstinación por todas las veces que ha venido a esta casa, que espero sienta un poquito suya y me recordara que este lugar, sigue y seguirá siendo puerto seguro.

No sé si esta entrada romperá la brecha del silencio y desencadenará en algún relato, en estos momentos una mosca aportaría muchísimo más. Y llega julio, el tercer mes negro del año. Pero como empieza este desvarío, los pensamientos carcomen y se alzan en venganza. Y la culpabilidad de no poder estar como me gustaría, ay, será traidora.

Bueno, no puedo decir que todo haya sido en matiz sepia, ni ser un enano de Blanca Nieves, al canto de: ¡Ay, ho, ay, ho al monte a trabajar! No, no, también me he escapado con mi madre y hermana cuatro días, destino: Madrid. Donde supe, sí, lo supe, lo que podía ser el infierno y que poco importa que a uno lo remojen con aspersores como si fuera una maceta, la carne se deshace igual. Así que mi recomendación es que seáis buenos. Ah, y no pasa nada por comer callos a todas horas, están riquísimos. Os aseguro que mientras moríamos deshidratas y ante una posible insolación, solo con ponernos delante una tapa de este manjar, no se escuchaba ni una queja, :)

 


Siento la incoherencia, o no, no lo siento. Gracias por seguir aquí, en este caos. En otro tiempo anhelé lo que significaba la palabra lógica, simplemente escribir y dejar un poquito de lado ser, pero por más que lo he intentado comprendo que es imposible. Nada, que me rindo.


Por cierto, el primer extracto me representa. 

Y, sí, por fin finalizo con el comunicado, ;)


Mil gracias de corazón.

Besos, y más abrazos.  


viernes, 9 de mayo de 2025

El blog, ¿qué es para vosotros?

 


‘‘Estoy fuera con candiles, buscándome a mí misma.’’

Emily Dickinson

  

Mis letras a menudo son incoherentes, mezclo, desvarío y salto de un lado a otro con un descontrol que es difícil de comprender, es un conflicto arraigado, supongo que es porque en la vida real, en la de carne y hueso, aprendí muy pronto que debía asentarla desde el control. Una alarma que no se desconectaba podía desembocar en ruina. Interpreté que encapsularse en una coraza, era seguridad, una madriguera donde el dolor era impenetrable. Reitero y lo hago con firmeza, cuando hablo desde la aflicción no es por victimismo, solo vivencia. Nunca, pero nunca, iría por la vida con un sello en el que se me identificara como mártir, huiría si se me etiquetara de esa manera, porque serlo, lo somos todos. A parte, creo que cuanto más se muestra cada arista menos recursos tiene para doblegarnos.

Pero es cierto que, de un tiempo para aquí, esa coraza impenetrable, el mensaje que repito como si fuera una profeta de pacotilla de <<el poder de que te hagan daño lo cedes tú, y bla, bla, bla>>, está desquebrajándose, porque el blog es soltura, sí, dejar ir aquello que aprisiona, asfixia y retiene, pero también reserva un grado inmenso de vulnerabilidad.

Y es que a veces me siento justo así: frágil, pero no en el mal sentido, las palabras tienen la magia de entenderse en distintas direcciones, en esta muestra voluble de lo que expongo, hay verdad, la mía, y no temo que así sea, todo lo contrario; respiro, entre carraspeos, sí, pero lo hago.

Pero en este rescate y siendo plenamente consciente, que a veces rozo un contexto de incredulidad amorfo, porque poco o nada sabemos unos de los otros, ni trabajos, ni familia, solo minúsculos esbozos, ni lo cotidiano, como qué plato es nuestro preferido, o si detestamos como en mi caso los guisantes, (los odio, son el anticristo), detalles que proporcionan la falsa creencia de conocer a alguien, pero no es así, en la profundidad, si se quiere ver, uno debe ir más allá. La realidad es que somos más que una imagen, y aquí existe esa transparencia, una en la que exteriorizamos nuestros temores, sueños, angustia, felicidad; y, sobre todo: necesidad.

Siempre digo, y esto sí es invariable, que no me importa mostrar mis carencias, éstas tarde o temprano se revelan, así que no debería coaccionarnos, somos lo que somos, parte de ello se evidencia en este lugar de IP desconocida, donde dejamos una parte que está desmembrada desde las entrañas. Muy ególatra, sí.

Hay cierto poder en la desnudez, desconsuelo y libertad, pero no debo olvidar que mi desatino es personal. Solo pido franqueza, prometo corresponder, si fallo, aunque me avergüence, ruego que que se me indique, no me genera ningún conflicto, es más, lo agradezco. Tengo orgullo, pero no para asumir cada error, y si puedo aprender, mejor. Reconozco que puedo ser pesada e invasiva. Una listilla de manual.

La escritura me ha salvado muchas veces, gracias a ella he volcado cada espina que en algún momento me doblegó, creando un holograma en el que me protegía, en cambio aquí, el poder de hacer daño, insisto, sí se cede. A veces, en esa angustia, donde mis pensamientos navegan descontrolados, me digo: céntrate, solo escribe, pero la fisura se ha resquebrajado, dudo que pueda volver atrás. Pediría perdón por eso, pero en este caso mentiría, (algo feísimo).

Termino este monólogo o bombardeo confuso de información, intentado aclarar lo que el blog es para mí: una búsqueda por ser.  

Y, ¿para vosotros? Recordad, ansío conocimiento, ;)

 

Nota: La imagen es la primera cabecera que puse en el blog, es l’Estany de Banyoles, de una añeja escapada, siempre es bueno volver a raíz; en su momento me representó, con ese claroscuro, como un secreto que en su inmensidad sobrecoge alzándose en silencio.

 

Gracias por vuestra paciencia y el cariño que siempre me cedéis.

Muchos besos, y más abrazos.



jueves, 6 de febrero de 2025

Acto condenatorio

 


Poco deberíamos decirnos, las despedidas son agrias, incómodas, repletas de pretextos inundados en la pérdida. Desgastamos los cartuchos, creando hasta desfallecer miles de puntos suspensivos que se han desfigurado entre suspiros, melancolía de un sueño incompleto.

Volvemos una y otra vez a inicio, casilla impenetrable, una que no nos corresponde, pero allí nos agarramos. ¿Por qué? Es entonces cuando aborda la perversidad, absoluta malicia, de erigir tormento a aquel que se supone que respetas, pero la realidad es que condenas. Vencidos y corroídos por una mentira, impregnados en lo nefasto.

El día que me preguntaste, ¿qué nos unió? Allí tuvimos que despedirnos, intentar ser aliados, no disipar el aprecio que aún conservábamos, pero yo contesté <<Lealtad>>. Y perduramos, como condenados a muerte, viviendo entre rescoldos de un afecto que hoy no lo encuentro certero. Nunca fuimos valientes. Ninguno de los dos. Es cómodo el hábitat forjado, la incertidumbre y la falta de apego establecen un ecosistema despótico en el que resguardarse, asentados en la renuncia de la subsistencia.

Nos exigimos más horas, infinidad de ellas, iniciamos a oscuras y regresamos de la misma manera, los festivos se difuminan, dejan de existir, el goce se marchita. Se pierden fechas en el calendario, el contacto humano se esparce pidiendo entre pretextos compresión, bondad, pero los rescoldos son quejas, y más quejas, <<Lo necesito>>, <<¡Ya!>>,  <<Es urgente>>, <<Plazos, plazos, plazos>>. Es lo único que cuchichean, hasta eso se nos arrebata, la cordialidad.

A cambio se nos cede insomnio, una toma de café desproporcionada, migrañas, comer a deshoras, y meses en el calendario extraviados. Pero no temas, seguiré a tu lado, con todo el odio y amor que te corresponde, mi más venerado gobernante, aquí estaré, como perro fiel seré tu más perpetua y sirvienta amada.


 


Hola, a todos.

Necesitaba gimotear, así que aquí está este minúsculo desahogo en forma de sátira negruzca, ;) No me lo tengáis en cuenta o sí, quejaos, quejaos. Iba a escribir una lista de lamentos, pero leí a Kirke y su fantástico cuento, Un techo bajo el que cobijarse, y no he podido más que inspirarme.

Muchas gracias por vuestro tiempo.

Besos, y abrazos.



jueves, 12 de diciembre de 2024

Tarjetas musicales, y sí: Feliz Navidad

 


Hace años que no hago ninguna entrada de Navidad, diremos que he tenido varios parones técnicos en el blog, o buscaré otras tantas excusas que serían hasta válidas, pero la principal es que no soy especialmente festiva, si en algún momento habéis leído alguna de esas entradas sabréis que el Grinch me cae estupendamente, eso de la felicidad estática, el comer como una ceporra o ya puestos el consumismo extremo, no es lo mío. Hace demasiados años que faltan patas que quedaron huérfanas y nunca más se repusieron. Pero como creo que esta será la última entrada del año, os debo algo muy importante y es daros las gracias, (sí, lo sé, me repito, compulsiva presente) y de verdad, no podéis imaginaros lo que habéis cedido en estos meses, porque el respaldo, el sentirse acogida, comprendida, es algo que mi parte retraída codicia con una intensidad que sobrecoge.

 

Y de algún modo estoy volviendo a ser aquella niña, la que montaba el belén (el mío era súper chulo) de pin y pon, y otras figuritas más acordes a las fechas, un revoltijo que daba placer contemplarlo o el árbol, aunque un poco pelado y sintético, tenía una gracia inaudita, y lo que más recuerdo son las tarjetas navideñas, las guardábamos y acumulábamos para los años siguientes, así que esta es para vosotros:

 

Aquella mano rozaba con delicadeza cada pieza rota de un corazón descompuesto, profesando una ternura que erradicaba las sombras de otros tiempos, como errantes andábamos escudriñando, compartiendo, aprendiendo con ansia y anhelo de que aquel mañana no se sellara, que germinara en el todo. Vivíamos esperando el desenlace, intuíamos su revelación, el ser humano no puede ser eternamente feliz, sobrevive de pequeños instantes, segundos que claudican en la añoranza, en su perpetuo llanto, y el miedo a la pérdida. Y aún así, todavía así, nos lanzamos sin remordimiento. Recogiendo lo que era permitido, desvalijando a contrarreloj, escuchando la réplica del tic, tac, tic, tac; encarándolo, agudizando cada terror, culpa, remordimiento y propagando en cada quejido: este año vencimos, no pudiste arrebatárnoslo.

 

Y me he preguntado, qué puedo ofrecer, porqué en algo deberé corresponder. En casa de mis padres se le daba un valor extremo a la comida, era casi venerada, eso se debe a muchos factores, pero os pondré un ejemplo que en muchas otras casas habrá sucedido y sucede: Si un día había lentejas, y te ponías tiquismiquis, tranquilo, merienda, cena o desayuno, en algún momento claudicabas, la hambruna está sobrevalorada.

Por eso siempre que pienso en un regalo me viene a la cabeza: comida, no en plan Homer, eh, :) Pero como la tortilla virtual de la última vez quedó algo insípida, he pensado, que es lo que siempre me acompaña: la música, y como me gustan todos los géneros, menos los que son estilo morsa, esos no, por favor; voy a dedicaros una canción, de las que forman parte de mi lista inherente, eso sí, si fallo no seáis muy duros o renegad que también es válido.


Kiffi y su blog: Desaparecer!


Kirke y su blog: Leer, el remedio del alma


Toro y su blog: TORO SALVAJE


Alfred y su blog: Unas palabrejas más


Idalia y su blog: Acércate, comparte y fluye


Ethan y su blog: El blog de Ethan


Miguel y su blog: Cine y críticas marcianas (siempre me recuerda a mis padres, y con tu última entrada, no podía faltar) :)


María y su blog: EL SACO DE MIS PENSAMIENTOS



Julio David y su blog: Literatura Bonsái


Rosa y su blog: Cuéntame una historia


Cabrónidas y su blog: La Madre Que Parió Al Pato Negro


Mila y su blog: Encuentros


David y su blog: BALAS Y ESTRELLAS | Blog de novela negra y criminal


Josep Maria y su blog: Retales de una vida...


José A. y su blog: Proyecto Azúcar


Al final he seguido el patrón egoísta en el que ando sometida en los últimos tiempos y parece que me he hecho un auto regalo. Sobre el orden, solo diré que he tirado de papelitos y como soy blancuzca pues he aprovechado mi mano como un ente externo, (chiste malo) perdón, perdón, ;) Gracias de nuevo por estos meses. Pasad estos días lo mejor posible, y sed felices dentro del súmmum convulso en el que cohabitamos.

Ah, sigo teniendo presente a muchos compañeros que ya no están en los blogs, justo hoy he comentado una entrada de Cabrónidas y le he expresado que no soy rencorosa, pero lo recuerdo TODO, quizás sí que lo sea un poco, :) Bueno, lo dejo, que al final en vez de alegría voy a provocar agobio.

Esperad, una última anotación, no os recomiendo que copies enlaces, he aprendido una grandiosa lección de esas que deben ser compartidas. 


Abrazos, y miles de besos.



jueves, 14 de noviembre de 2024

Juguemos a verdad o atrevimiento

 

Últimamente estoy leyendo algunas entradas de esas que se te meten en las entrañas, y ahí se quedan las jodías, que no las sueltas. La última de nuestro compañero Cabrónidas, aquí la dejo: https://lamadredelpatonegro.blogspot.com/2024/11/393-anonimo-navegante.html.

Y sé, lo sé, tiene poco o nada con lo que voy a exponer, pero cuando afirmo que soy compulsiva, es cierto, y eso me provoca un cortocircuito de ideas convulsas que no se callan.



¿Qué es la verdad? Siempre que me pongo a pensar en ello, me viene a la cabeza: será la mía, la del vecino o la del que está en otro continente. Qué hay de certeza en esa palabra. Lo que yo visiono como un hecho fidedigno, bajo el influjo de mis percepciones, y estando en un estado totalmente lúcido, estoy segura que hasta perdería la mano al afirmar, que mis experiencias y creencias no serán las mismas que las vuestras. ¿Entonces falseo? No creo. Como tampoco que lo hagan otros. Y soy terca, y eso hace que muchas veces mi palabra sea ley, pero aún así, dentro de la aceptación se contemplen diferentes variantes. Y se aprende, vaya si se aprende.

Como un experimento científico, voy analizarme cual ratón y como necesito otro sujeto para las variables, introduciré al ratón Míriam, es decir, mi hermana, perdóname.

Solemos hacer terapia destructiva incorporando la risa, ¿cómo es? Volver al pasado y carcajearnos de todas las penurias, funciona, de verdad, y es gratis, el truco es hacerlo hasta que te duele el estómago, cuando te has revolcado un buen rato, terminas el día como dios. La cuestión, es que el sujeto M e I, empiezan a relatar un recuerdo compartido, mismo lugar, gente, circunstancias, pero…, porque lo hay, cada una lo percibe de un modo y ese mismo hecho crea dos alternativas, con núcleo común, pero no forma. ¿Quién miente? Ninguna o quizás las dos. Podríamos valorar época, edades, carácter, sensibilidad, memoria, cien factores distintos o simplemente dar por válido que la verdad no es universal, y flaquea.

En cambio, en el segundo experimento se les dice a M e I, reciten algo invariable como el abecedario, o una receta sencilla, o canten una canción que comportan y ahí, no habrá fallo.

Las vivencias con el tiempo se difuminan o colorean para que no duelan tanto, es una de las razones por las que el pasado siempre es más bonito, actuamos con él como si nada malo nos hubiera hecho, cuando es la razón fundamental de porque hoy somos así. Y sin rencor, eh, ¡ja!

Pero ahora vendría el punto, el real de esta entrada. Así que dejo a M e I con un par de bolitas de queso para que se entretengan, (vale, lo dejo, hago chistes malísimos, lo sé) La cuestión es, ¿podemos fiarnos del resto del mundo? y, ¿sus verdades a medio cocer? ¿Nos mienten? En mi caso, los primeros, los clientes; siempre me dicen que mañana sin falta me envían la documentación pendiente y debemos vivir en espacios alternativos dispares porque ese mañana nunca llega, es un bucle sin fin.

Es cierto que no podemos saber a ciencia cierta cómo somos o cómo son el resto, ni nosotros terminamos de conocernos por mucho que digamos que sí, es imposible, uno se reconoce en el caos y esa sorpresa no es siempre gratificante, a parte, está el hecho de que no somos los mismos que ayer, ni los que seremos mañana, solo la esencia perdura, y esa, ¡ay! Bendita sea, es la que nos dice: quédate es un buen sitio. Lo importante debería ser el valor que se le dé a esa mentira u ofensa. El poder de que nos hagan daño siempre será nuestro. Que nos moleste descubrir otras versiones, claro, y más que eso, decepción, frustración, no hay ni que valorarlo, pero esto no debería crear un conflicto enquistado, porque entonces ya han ganado. Y ese desgaste, no merece para nada la pena. Lo que digo, estoy de un maravilloso egoísmo insoportable. 

No, de verdad, querámonos para bien, gratifiquémonos y desechemos aquello que nos quita aliento. Bajo mi prisma de Yoda, la cuestión real sería saber si se es sincero con uno mismo, y esa debería ser la única verdad válida, lo demás es circunstancial nos puede moldear, pero no definir.

 

Siento este momento de elucubraciones, pero me he dicho, y por qué no, ;)

Mil gracias por vuestro tiempo.

Besos, y abrazos. 


domingo, 29 de septiembre de 2024

Una sabidilla muy AGRADECIDA

 


Necesitaba hacer esta entrada, no os sucede que de vez en cuando tenéis una vocecita interna que no hay manera de acallarla, allí sigue la tía, dando la murga, y si a eso le sumamos algún comentario, otras lecturas y ya para rematarlo leer a Toro, la historia se transforma en orden, el hazlo: es prioritario. Una cosa esta clara, y es que cada uno visiona lo que visiona en cada palabra, pero ya veréis mis razones:

 

DOCTOR SALVAJE 6

En caso

de estornudos

muy repetitivos

resulta apropiado

tapar la boca

del paciente insoportable

con varias vueltas

de cinta americana reforzada

ya que eso eliminará

la molestísima

catarata de estornudos

y a la vez

despejará totalmente los oídos.

TORO SALVAJE 

 

Como os voy a utilizar de confesionario, debo exteriorizar que tengo algo de fobia a la hora de leer mis escritos, una vez desairados, ahí subsisten, pero estos días me he pegado un paseíto por el blog, imperando en el yoísmo extremo o culparemos al insomnio. Años atrás dormía hasta de pie, cerraba los ojos y clic, no sé si a vosotros en algún momento os pusieron un mote vuestros amigos, pero el de mi niñez era marmotilla, qué añoranza, en fin, la vida. Así que he vagabundeando por mis letras, las de este blog, el otro sigo en la madriguera (supurando) para ver en lo que se han convertido en este ahora. Como sabéis resido bastante en el pasado, creo fielmente que es la clave de la toma de decisiones que empleamos y cómo éstas van variando, encauzándose y transformándonos. E intento (con múltiples recaídas) no repetir patrones, coexisto en la incoherencia. La cuestión es que me he dado cuenta de una cosa y es que rozo el ser una listilla de poca monta.

O, mejor dicho, una sabidilla: Que presume de entendida y docto sin serlo o venir a cuento. Y no lo digo yo, no, lo dice el diccionario. Foto no hay, por alguna formalidad que me niego a aceptar.

Me fascina la crítica humana, emocional, debatir y aprender, ver en otros ojos realidades que quizás mi terquedad no admite o no quiere distinguir y no temo para nada la autocrítica. Si me excedo, que es una posibilidad gigantesca, agradezco el alto, porque la verdad no es universal y la mía menos. Y lo que más, reírme de mi misma, hasta de lo que no se debe.  

Si a eso le sumas que en el caminito te encuentres a personas afines, que te comprenden, no juzgan y ceden una mano, ay, esa mano. Es oxígeno. En este punto, somos lo que somos y poder hablar desde lo más hondo libremente, aunque no se comparta visión, pero si acompañamiento, es sin duda de lo más grandioso que existe.

Y eso hace que me urja una intensidad todavía mayor, igualarlo; mil veces, hasta que más o menos me quede tranquila. La realidad es que aún vistiéndome con cinismo soy una romántica enclaustrada, mis primeras cartas de amor fueron en la niñez a mis amigas, y como soy pesada aparte de sabelotodo, ahí va, porque ser, soy timidísima, pero no por la vergüenza de mostrar los fallos, todo lo contrario. Y aunque parezca que siempre rozo la antipatía, me siento feliz, liberada y mucha de esta presión a la que se somete una capricornio de pura cepa os lo debo a vosotros por eso mi eterna gratitud, por regalarme tantísimo. Por hacer que esta vuelta la sienta como aprendida. Sin obligaciones, sin nada más que letras y su valor, su estima.

Me encantaría, y nunca se sabe; la vida rueda y el mundo no es tan grande, pero tengo la ilusión secreta de en algún momento conoceros en persona, hasta entonces espero con ansia cada viaje que me cedéis al poder entrar en vuestras casas.

Finalizaría diciendo que estáis a mi derecha, pero no sé la razón por la que no me permite actualizar el listado de blogs, no me dejó mucho antes de la antepenúltima desaparición y las posteriores veces que lo he intentado tampoco, ¿algún entendido? Pago con tortilla de patatas (y sí, con cebolla).

Pero como no puedo hacerlo de esta manera, espero y deseo que sepáis quienes tenéis un cacho inmenso de mi corazón. 

Miles de GRACIAS.

Besos, y abrazos.


lunes, 28 de noviembre de 2022

2023. Cucaracha en proceso de reestructuración

 


Se puede desear que un año termine. Sí. Si pudiera le pondría purpurina a este bosquejo de irrealidades paralelas, sentimientos encontrados, y palabras sin sentido. No hablaré de todo lo malo acontecido, eso sería lanzar más combustible a un árbol que en muchos momentos se sintió abatido. Que perdió luz entre los caminos que le siguieron. E ilusión. ¿Se puede perder la ilusión? Sí. Más purpurina. Como también se puede sentir un vacío interior que hace que no sientas nada. NADA. Como si de repente te hubieses quedado seca. No hay dolor, pero tampoco alegría, es algo extraño, difuso y carente de emociones, de estas que nos envuelven diariamente. Que son tan necesarias. Transformándote en un autómata que cumple con sus obligaciones, porque no le queda otra.

Cada persona tiene una manera a la hora gestionar los reveses. La mía. Huir. Esconderme en una madriguera que mantiene el mundo interior aislado, bloqueando todos los factores externos. ¿Egoísta? Sí. Purpurina a mansalva. Y en ese proceso de silencio autoimpuesto, sucede algo, comprendo, me veo, dándome cuenta que la escritura es sin duda una necesidad que he negado, ¿me castigo? Incomprensible. Así que vuelvo a ella para que ampare a esta pobre alma de su incoherencia.

No es una vuelta al blog. No me reconozco, así que las palabras: intentaré, regreso y escritura, no tienen validez en esta mujer carente de palabra. Habrá algunas entradas que no tendrán opción de comentar, porque solo es una manera de escupir, y visualizar esa parte que de vez en cuando acecha de una manera virulenta y cruel. Y si lo veo, siento que de alguna manera podré palparlo. Por lo que no podría permitir crear en otros el sentimiento de cobijo. Es más, estoy valorando crear un blog alternativo, porque en este momento de incomprensión nefasta, advierto que quizás ha llegado el momento de dejar paso a un nuevo pasaje, a otra opción, una realidad más adyacente. No por negar todo lo bueno, porque es mucho y ese pasado es realmente bonito, sino por encontrar un nexo en la escritura que me está acompañando desde que empecé a sentir de nuevo la necesidad de expresión, el rescate del cual la palabra se transmuta.

Como también diré que estoy bien. O en fase de reconstrucción, que tampoco es malo. No es un grito de auxilio. ¡Solo faltaría! El blog siempre ha redimido y soltado algo que se sentía incompleto. No hay temor, solo autoconocimiento de que soy un ser vivo emocionalmente lisiado. Que olvida, y cae ante esa pérdida. Pero no por ello me siento débil, solo humana. Una que como el resto se siente así en algún momento. Lo que digo, especial poco, lo que sí, cada vez más cínica, y eso me da un miedo atroz.

Esto es lo que dije cuando cree, La Quimera:

Creo que las palabras como que el amor sanan los fragmentos de un ser roto por la circunstancia.

Y que la introspección es tan necesaria como vivir como se sueña, LIBRE.

Este blog es mi terapia. Aspiro a la comprensión del mismo, pero sobre todo a ser totalmente agradecida.

Sin duda, esto es algo que no ha variado.

Y por eso, por este baturrillo de sensaciones estoy en un punto de inflexión, cambios y decisiones que no tardaré en tomar.

Puede que después de todo este sea el año que me ponga en primera posición. Eso sí sería para poner pilas de purpurina.

No sé quién leerá esta entrada. Mucho os pido, pero si por un casual seguís por aquí; solo puedo desearos que seáis muy felices, y no por lo implica la palabra en sí, ya que el concepto es caprichoso, sino por la comodidad de sentirse completos, cómodos ante la ingrávida de las adversidades diarias. Y libres, sobre todo libres.

No hay nada más valiente que la aceptación de uno mismo.



P.D. Insisto, sin obligación a la hora de comentar, como si después de tanto tiempo existiera esa posibilidad, (la purpurina del inicio se me habrá metido dentro de la cabeza) ;) Solo con un saludo ya os consideraría presentes. No quiero que recaiga ante nadie la obligación de amparo. Mi hermana, siempre me dice que soy blanco o negro, de alguna manera los matices quedaron exiliados en otra vida, pero si hay algo de lo que estoy orgullosa, es que somos lo que somos, y no hay más. Como tampoco hay culpa o perdón por ello. 

Besos y abrazos.


Ilustraciones de Luis Scafati


lunes, 21 de marzo de 2022

Querido diario. Y a ti, ¿qué te hace feliz?



 

1.- Dormir.

2.- Achuchar a mis perros.

3.- Comer un trozo de tortilla de patatas, (pero que esté crudita)

4.- El silencio.

5.- Creer que siempre puedo empezar de cero.

6.- Reír con mi madre y hermana. Ellas, siempre.

7.- Un sábado de lluvia en el sofá, (con manta incorporada)

8.- El pasado.

9.- Que él, me llame inene.

10.- Los huevos fritos con pan del bueno.

11.- La soledad.

12.- No mirar el teléfono en todo el fin de semana.

13.- Las amigas de toda la vida.

14.- Los amigos que han aparecido después.

15.- Aguantar un libro durante horas sin dislocarme cuello, brazo y hombro.

16.- Las rosquillas.

17.- No sentir vergüenza por mis actos.

18.- No tener que planchar.

19.- La música, (cualquiera, pero a todas horas)

20.- El olor a monte, a naturaleza.

21.- El perdón.

22.- El zumo de naranja.

23.- No sentir miedo.

24.- Conocer ciudades, pueblos, hasta una acera nueva.

25.- Conducir.

26.- El respeto.

27.- La comida en general, (así termino antes)

28.- No sentirme perdida.

29.- Descubrir personas afines.

30.- La crítica constructiva.

31.- Los clips.

32.- Bailar con mis perros.

33.- Una buena copa de vino blanco.

34.- Los pijamas feos, (en verdad, son los más bonitos)

35.- La sonrisa que nace de los ojos.

36.- El número 9.

37.- El mes de mayo.

38.- La libertad en la palabra.

39.- El cine.

40.- Encontrar sentido a lo que me rodea.

41.- Encontrármelo a mí.

42.- Las frases célebres.

43.- Los fotos de mis padres cuando eran jóvenes.

44.- El olor a café a primera hora de la mañana.

45.- El cariño sincero.

46.- Sentir que todavía no es demasiado tarde, que no está todo perdido.

47.- Las libretas nuevas.

48.- Los abrazos.

49.- Las películas de los 80 y 90.

50.- El amor sea cual sea su variante.

51.- La esperanza de una nueva oportunidad.

 


jueves, 25 de febrero de 2021

Reflexión: Ceñudo deterioro

 




He dudado muchísimo, no os lo podéis imaginar, de si debía colgar o no esta entrada, demasiado tiempo sin que estas letras se evadan en abstracciones, y la realidad es que si no llega a ser por el empuje de estas dos maravillosas mujeres no me hubiera atrevido, así que no me queda otra que nombrar a las involucradas. La primera, mi hermana diciéndome: hazlo (tipo orden) es que a veces me cuesta arrancar, y luego nuestra gran amiga I.Harolina Payano T. que con un comentario en su blog animó y quedo a la espera de que compartiera estos delirios; así que me he dicho, y por qué no, quizás si me desahogo, si expreso esta mezcla de ofuscas emociones, me libere un poco de esta coraza que anda oprimiéndome. Ante todo, espero y deseo que mis abstracciones no molesten u ofendan a nadie, me sentiría realmente mal saber que he podido provocar tales sentimientos.

No voy a hablar de 2020 porque sería ahondar más en la miseria de un año terrible, solo diré que ese año a parte del desconcierto, de la incomprensión, supuso en mí, desasosiego. Miedo atroz por lo que parecía el fin del mundo, ansiedad por mi madre que es mayor y parecía que solo por eso todo iba a terminar. La familia y toda la soledad que nos acompañaba. Y caos, mucho caos, en el trabajo, en la normativa que continuamente se modificaba y al día siguiente debía tener la lección aprendida y el trabajo, pasé de una jornada más o menos normal, a una que iniciaba desde que me despertaba hasta que me acostaba, (hice de la ropa cómoda un auténtico lema), pero como digo, no voy a insistir mucho en ello, porque lo que yo viví, lo hizo todo el mundo por igual.

Lo que si voy a exponer es lo que nos ha dejado. Creo sinceramente que la vida a veces tiene una forma temible de enseñarte las cosas, a base de porrazos, de esos que una incauta puede no saber cómo reaccionar, de la que te deja totalmente desubicada y coartada en movimiento. El mayor fracaso de mi vida es la gestión, de tiempo, de emociones y de la concepción de estos, así que termino estancada. Y no es por decir, qué va, es una auténtica realidad. Necesito de un proceso largo que se proyecta en silencios que se rompen cuando al fin son comprendidos. Eso, y lo sé, me vuelve egoísta. Excesivamente egoísta. No hay perdón para ello, tampoco lo buscaría. Hay actos que han de ser sinceros para que no vuelvan a surgir en el futuro, y como nadie es conocedor del mañana, entonces no es ni merecido, ni tampoco reclamado.

Pero, y aquí viene mi duda, convertida en dedo que señala de forma indiscriminada, ¡vaya! pero si estoy auto-señalándome. Qué nos ha hecho o nos está haciendo toda esta nocividad dentro de nosotros. Trabajo cara el público, muchos ya lo sabéis, y la atención si antes te encontrabas a un 10% de individuos negativos, maleducados e irritables, ahora en este momento puedo asegurar que las cifras se han invertido y solo te encuentras ese pequeño porcentaje en el que el ser humano, sigue siéndolo. Ciegamente comprendo que las situaciones extremas nos llevan a comportarnos de la misma manera, sé y soy consciente de que este momento es durísimo, y no solo porque lo vea, es que lo vivo de igual forma, pero eso no excusa, y quitando todos los problemas en los que convivimos, tiene que seguir habitando en nosotros la parte humana. Y desde luego, si de algo estoy totalmente segura, y lo digo con una certeza que me doblega es que en el 2020, empezó a perderse.

Hace unas semanas sin ir más lejos, y siendo de esos en los que sientes que ya no puedes más, porque todo lo que recibes son inputs negativos, le dije a mi hermana que notaba que estaba contaminada, (en una de esas charlas resignadas que a uno le sirven para continuar) que empezaba a perder algo de mí, y eso me avergüenza como no os podéis imaginar. No es que sea la alegría personificada, tampoco un alma ingenua, ando más llena de faltas que de virtudes, pero ver que me despierto continuamente con migraña, estrés, tensión, desazón, y que en mí está enraizando el mal humor, me hace sentir impotencia. Vencida. Y mira tú, pero me niego. Me alzo en contra. 

Así que hago un llamamiento, un grito global de comunión, de manos que acogen a otras, de que una palabra amable hace que nazca otra. Ya no se trata de educación, es cordialidad y empatía. No permitamos que nos gane, no dejemos que se nos despoje también de esto. ¿No se ha perdido ya bastante? 

Y ahora voy a ver si rompo alguna pared a patadas, ;) No es broma. (Esa que habla es el humor rarito e insolente que gasto) Pero de verdad, suplico que seamos más compasivos, más humildes y piadosos. Todos sufrimos. En estos momentos hay tan poca diferencia entre unos y otros que eso debería hacer que nos diéramos cuenta de que en este preciso momento, es cuando más nos necesitamos.

No caigamos en la ingratitud y la hostilidad. Eso es demasiado sencillo, y el ser humano otra cosa no, pero complicado lo es bastante.

Vuelvo a reiterarme, si he causado ofensa, perdonad. 

La verdad es que me encantaría saber vuestras opiniones, si os sentís identificados o por el contrario peco de exceso. La palabra es enorme y válida en todos sus términos y comprensiones.  


Besos, y abrazos.

 


lunes, 18 de noviembre de 2019

La escritura, vosotros y un: ¡GRACIAS!

 
 


Parece mentira, que yo, fielmente sierva del Grinch, me vea escribiendo una entrada de retroceso, en la que la cercanía de la Navidad nos acoge en sus garras y con ella no solo muestra los buenos propósitos, sino los errores cometidos.

De tanto en tanto me dejo acoger por el silencio, los que me leéis desde hace tiempo, bien que lo sabéis, me resguardo en un mundo interior del que la emoción se mantiene latente, pero privada. Vendría a ser algo así como la necesidad de un duelo, y no logro o alcanzo sobrevenirlo si no es en soledad.

Seguramente y lo entiendo, vaya si lo comprendo, estas pausas hayan causado molestia, enfado o incomprensión por eso os pido disculpas, la primera entrada después de tanta carencia, dije todo lo contrario, que no las pediría, pero erré, porque no se trataba de pedir disculpas a vosotros sino a mí misma. Como sabéis soy muy de flagelarme. Por eso, y también porque no me importa rectificar, darme cuenta cuando me equivoco, ni siquiera afrontar la realidad de una elección inexacta, pero ante todo hay una cosa que no podría soportar y es provocar dolor con algo tan bello como la palabra.

Y es que la escritura libera, pero a veces también muestra y eso que nos es enseña es corrosivo, doloroso. Aviva un tipo de sufrimiento que se resguarda en la emoción y bloquea el paso de tal manera que uno no alcanza caminar y seguir, haciendo que se pregunte, ¿seguir el qué?

Cuando abrí el blog, madre mía, parece que haya pasado una eternidad y no es así, fue en el año 2015, la intención del mismo, si esta existía, fue la de hacer pequeñas reflexiones, eso me llevó a conocer un mundo totalmente nuevo, amplio y si de algo estoy cien por cien segura maravilloso, he sido muy afortunada al toparme con todos vosotros los que estáis y los que por una razón u otra ya no están tan presentes. Para lo que no lo sepáis, me costó mucho tirarme a la piscina y abrir el blog, casi ni lo hago, si no llega a ser por mi gran amiga Maria creo que esto no llega a suceder, no puedo saber si me hubiera arrepentido porque lo que no se vive no puede echarse de menos, pero lo que sí sé, es que hubiera sido un gran error. Poco a poco fui introduciendo, cuentos, relatos, poesía y hasta fijaros que valiente puede ser una: alguna reseña de libros, eso hizo que las reflexiones fueran quedando apartadas, silenciadas, para la introspección privada, solitaria. Ya no se desmenuzaba el dolor, se quedaba allí, segregado, latente, en la oscuridad más amordazada.

Sé cuáles son mis faltas, también soy consciente de mi carácter, de mi forma de actuar, de los errores cometidos, de lo que puedo mejorar (y de lo que debo) uno de mis mayores problemas (vaya sí lo es) la timidez y el bloqueo que esto supone, si a eso le sumas la crítica y terquedad que habita en mí (como buena capricornio), lo hace, porque no decirlo, todo más complicado. También puedo decir que soy emocional, cínica, que me rio de mí misma e intento tirar balones fuera a todo lo que se aprecia insustancial, aunque a veces no lo logre. También sé que a mis 34 años me sigo emocionando como a una niña, a veces excesivamente infantil, otras muy soñadora en la que agradezco y aprecio el cariño, también conozco el miedo, aunque no deje que este se visualice, creo que si se reciben malas noticias, si no se habla constantemente de ellas, no se les da valor, importancia, nombre, éstas a larga fenecen.
 
Por eso hoy quiero hablaros del 2018, porque cuando algo ha transitado, asimilado, debemos liberarlo, hay etapas en la vida en la que las buenas intenciones, la visión positiva, el restar importancia, el seguir, forma una extraña y perturbadora bola que uno no puede digerir, no sabe lo que sucede, pero siente que algo no va bien, nota inestabilidad, falta de algo que no tiene nombre, a la vez que sobran muchas otras y es entonces cuando con todas estas emociones dispares, hay una crisis. Uno se sobrepasa. No sabe gestionar correctamente los tiempos, en eso como sabéis, soy una experta. Para mí ese año e inicio de este, fue eso, un exceso de un todo y un nada, de una etapa no cerrada. Y es que cuesta decir adiós a las personas que amamos, darse cuenta que ya no volverás a estar con ellas, que ese hecho te deja muy adentro una brecha que el tiempo disimula, pero no cura. Esa es la encargada de que tu carácter, tus faltas, se agraven o difuminen, se contemplen desde fuera y digan: estás herida. A partir de ahí sobre ti se ciernen miedos que desconocías, y constantemente te recuerdan que es difícil liberarse de ellos. Y es que ese dolor siempre ha estado allí, dormido, profundo y relegado; pero allí. Perdí a mi padre muy joven, demasiado, en un momento donde la adolescencia brota cruel, donde uno no es consciente de lo efímero del tiempo. Pero no quiero, ni la intención de esta entrada es que su recuerdo se empañe, no se lo merece, él no. Todo lo contrario, solo visualizarlo me arranca una sonrisa y hace que mi alma brille con  alegría. Así que os explicaré que a partir de ese momento, en mi familia llevamos un control un poquito más exhaustivo, de ahí mi fobia a los médicos, (siento si hay alguno por aquí, pero no puedo evitarlo) la cuestión es que hace unos cuatro años, el resultado de éstas fue negativo, y terminé con un pase exclusivo a salas de espera, pruebas, médicos y tiempo, acabó bien, muy bien, solo tengo que seguir con los controles anuales, como todo el mundo, así que todo está perfectamente. Pero los meses de incertidumbre, de comerse la cabeza, de pensar y visualizar el peor escenario. ¿Alguien sabe parar esos pensamientos negativos? Yo no.

Lo que sucede con las brechas no cerradas es que llega un día que de repente aun habiendo pasado mucho tiempo, se despiertan con un solo zas, que te dice: sigues herida. Pueda que suceda en un momento que sientas estrés en el trabajo, poca o nula gestión de tiempo, has recibido algún input negativo, o cualquier cosa, la más insignificante que puedas imaginar, pero eso hace que vuelvas a caer. Soy consciente de que esa etapa nunca podré cerrarla, no solo porque forma parte de mis vivencias, mi identidad, es más, porque nació del verdadero amor; lo más bello que tenemos. Pero sí puedo decir que se puede trabajar, aprender a gestionar esas caídas, conociendo, interpretando y admirándonos bien adentro, sin prejuicios, sin el recelo de ver más allá, no esperando lo correcto, porque nada lo es, ahí uno, en cierta manera puede anticiparse, liberarse, respirar.

Por eso siempre recomiendo la palabra. Escribir un diario, llevar una libreta encima en la que se puedan apuntar frases, ideas, tonterías; ayuda. Porque la palabra, es, eso: sanadora. No hay que temer lo que nos muestre, al final, lo único más aterrador que podremos visualizar será nuestro propio reflejo, y eso tampoco puede ser tan malo, ¿no? ;) Y sobre todo si uno necesita ayuda, porque no consigue gestionarlo, que la pida. Sin miedo, ni vergüenza.

Perdonad por la largura de esta divagación, termino, ya ¡palabra! Llega diciembre, familia, amigos, comida, regalos, más comida, amor, empacho... En mi caso puedo decir que se termina un año del que me siento bien, más completa, más certera. Más yo que nunca. Tanto yo, yo, yo (¡qué egocéntrica!) me delata, ¿no os parece? Creo que mis letras se están dibujando hacia una nueva etapa que cada vez veo más real, concibo un algo que no hoy, ni mañana, pero sí un quizás, una posibilidad que está latente. Gran parte de este más, es sin duda gracias a vosotros, vuestra comprensión, afecto. Y vuestras manos que acogen maravillosamente en este camino. Y no es por nada, pero a mí las manos, me encantan, :)

Os mando un gran abrazo cargado con todo mi cariño, y os agradezco que me permitáis autodescubrirme, aprender, mejorar y ser libre en este pequeño gran mundo en el que tantos transitamos.

Ahora es cuando lo estropeo, pero permitídmelo, no, mejor: ignoradme, no lo puedo evitar:

…puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán... la libertad
<William Wallace>