martes, 18 de septiembre de 2018

El top cinco de los paradigmas




Hay tantos tipos de persona como de clientes, así que he decidido que hoy voy a hablaros de estos últimos. Siempre desde el cariño, pero en clave de humor y con la exageración por delante, bueno, a veces la vida en sí es tan dramática que no es necesario ponerle mucho aliciente. Pero recordad que esta entrada está hecha con mucho afecto y para reírnos que en la época que vivimos buena falta nos hace. Y sobre todo es para aquellos que trabajan cara al público, todo mi apoyo; es para vosotros:


El ansiosito

Este suele ser un perfil muy peculiar así que lo mejor será representarlo: 

<Suena el teléfono> son las 8:59h 

—Buenos días, ¿dígame qué necesita?
—Soy___, necesito que___ me llame. Es muy urgente, tengo que obtener repuesta hoy mismo.
—Muy bien, no se preocupe en cuanto le pase nota a___, le llamará. 

Te dispones a colgar el teléfono mientras vas apuntando los datos de la llamada, cuando… 

<Vuelve a sonar el teléfono> 30 segundos más tarde. 

—Buenos días, ¿dígame qué necesita?
—Soy___, tengo que hablar con___.
—Disculpe, ¿usted no acaba de llamar hace un minuto? —La cortesía aunque a veces es complicado retenerla nunca debe perderse.
—Sí, y todavía no me ha llamado.
—Bueno, si, lo sé; no se preocupe tengo que pasarle la nota. Hoy sin falta se le proporcionará la información. 

No te da tiempo si quiera a mirar a la compañera para decirle, qué le pasa; que vuelve a sonar el teléfono, como ya te hueles que será la misma persona antes de cogerlo miras la centralita. Bingo, es ese número. Así que ya con un tono un poquito más agrio porque no puedes pasarte todo el día jugando a ese juego te diriges directamente a él. 

—Disculpe Sr.___, tiene que dejar un margen de tiempo para que avisemos a___, sino es imposible que se le pueda comunicar su reclamo. Estése tranquilo, hoy mismo le llamará.
—Pero es que es muy urgente, tengo que hablar con___.
—Lo sé, y lo hará; será precisamente___ quien le devuelva la llamada, no se preocupe. 
 

El don't worry be happy

Este suele ser un perfil que pasa bastante de todo, la vida hoy por hoy o por lo menos lo que viene a ser en el sector donde trabajo funciona a plazos, es decir hay días del mes que existen obligaciones que si no se cumplen pueden generar problemas, feos; horribles. Pues bien, este tipo de cliente está por encima del bien y del mal, no suele gustarle mucho que lo aprietes o le requieras documentación y si lo haces siempre te engaña con el —mañana mismo te lo envío— que es sinónimo a —espera un par de semanas, pero recuerda: tienes que ir detrás de mí e ir requiriéndomelo, necesito de esa atención— Una vez por fin te lo trae, a último momento; porque no podía ser de otra manera su comportamiento inicial varia. Desconozco las razones posteriores que lo impulsan a comportarse de ese modo, pero se transforma del doctor Jekyll al señor Hyde, al cabo de un par de horas te está pidiendo el resultado. Más bien lo exige. Allí es donde no sabes si reír o llorar, lo que si atesoras es la ansiedad del primer perfil.
 

El de la duda irrisoria

Este tiene un poco de los dos anteriores por una parte durante toda la semana ha pasado de ti, pero un viernes antes de que te marches para casa y puedas disfrutar del ansiado fin de semana, se le enciende la lucecita y te envía una consulta. Por tu parte, sabes que no deberías abrir el correo 2 minutos antes de irte, pero tienes que hacerlo, sino no te irás con la tranquilidad del trabajo de la semana finalizado. ¿Y qué te encuentras? Pues con nada más y nada menos que un correo de carácter urgente y una nimia pregunta, sin importancia vamos, cómo podría ser un problema matemático todavía no resuelto y claro, necesitas revisarlo con un argumento sólido, entendible y correcto. Es decir, que te acabas marchando mucho más tarde.


 

El ególatra

Todos precisamos de atención, todos. Es algo que en mayor o menor escala el ser humano necesita. Luego está este otro tipo de perfil y es el que lo necesita más que respirar. Suele oler cuando te encuentras en una situación complicada, como puede ser que estés en ese momento sola con varios frentes abiertos; porque la compañera está realizando gestiones, o quizás estés confeccionando un envío importante y cruzas los dedos para que la página no caduque o se bloquee. Entonces cual urraca acechadora, ¡zas! Aparece. Y da igual las veces que le digas, <disculpe> <un momento por favor> <ahora mismo lo atiendo> eso no lo limitará o sentirá lástima de ti, no, todo lo contrario le proporciona alimento y más ganas de seguir en su hazaña. En ese momento simplemente eres comidita para su estómago, quiero decir; ego.
 

Y el VIP

Este es el mejor de todos, le tengo una estima casi reverencial. Es un tipo de cliente que lo lleva todo al día, a tiempo; correctamente. Siempre atiende a tus reclamos que al final son los de él, sin ningún problema. La verdad es que son de un motivador que gratifica y que regala suspiros de agradecimiento. Como en la vida misma cuando alguien te saluda, te da las gracias o pide por favor. De esos.
 
Aunque para ser sincera se les quiere mucho a todos, porque como en las familias, siempre tiene que haber de todo un poco, eso marca la pauta y la diferencia. Bueno a los ansiositos, no tanto, la verdad.

Y vosotros, ¿os habéis cruzado con alguno de ellos? ¡Oh, no! Por favor, no me lo digáis, ¿sois uno de ellos? ;)
 
 

jueves, 13 de septiembre de 2018

Reseña: Irreal, como la vida misma

A ver, cómo empiezo con esta entrada… bien, recuerden chic@s que reseñar no es lo mío, para esto y no hay más prueba de ello y es que las lecturas que he tenido en estos últimos dos años podría decirse que son recomendaciones de otros blogs, buenísimos por cierto ¿cuáles son? Pues fácil, los encontraréis a la derecha; allí, sí, sí; no hay pérdida, si los seguís seguro que no falláis en elección. Pero de ahora en adelante voy a permitirme el descaro de reseñar algunos libros de amigos y compañeros, ya lo hice una vez y tan mal no salió. Engañadme si es necesario, ;)

El autor de este libro no es otro que nuestro querido compañero JOSEP Mª Panadés, ¿dónde lo encontramos habitualmente? En su blog: http://jmretalesdeunavida.blogspot.com/, allí podréis disfrutar de relatos cortos y largos, aunque no se limita solo a eso, no, no, eso sería demasiado práctico y sencillo; también da otras opciones de lectura en su otro blog: http://jmcuadernodebitacora.blogspot.com/, donde encontramos reflexiones y vivencias personales.

Y ahora sin más dilación y con el libro entre mis manos os comento lo que sentí al leer su obra. Si hay algo que me gusta de un libro es sentir que los personajes son mundanos, que la historia que se está fraguando entre líneas tiene una parte de posibilidad. La sensación de que se abre un mundo de acontecimientos y que ese personaje y su comportamiento son sinceros, que se puede vivir a través de él y dentro de la ficción del relato (esperemos  que muchos de estos argumentos no sucedan) se perciba que el escenario tiene un porcentaje de casualidad, de vida. Supongo que es una manía personal, pero los matices y el fondo de las personas es algo que me apasiona. Y eso es justo lo que sucede en estos 55 relatos, uno puede ver y vivir por y para los personajes. Concebirlos cercanos, probables. Pero como no quiero desmenuzar las historias y soy muy capaz de ello, me limitaré a poner un fragmento; ya que últimamente ando aprisionada en el afán introspectivo lo he releído en varias ocasiones, si os parece en cuanto lo localicéis decid el título.

<<Se siente extraño, muy extraño, como si sufriera un desdoblamiento, no sabría cómo explicarlo. Es como si lo estuviera viendo todo desde fuera, de una forma extracorpórea, como si su cuerpo y su alma se hubieran separado por un momento y fuera ésta la que estuviera visionando, desde otro plano, la película de su vida>>

¿Lo veis? Como para no continuar leyendo.

Ya para terminar comentaré que lo mejor de leer relatos, es que cada historia es diferente a la anterior, por lo que es idóneo para hallar el final en cada capítulo; sobre todo si uno es un poco ansioso y cuando le gusta mucho un libro no puede parar hasta saber qué sucede. Esto nos permite más horas de sueño, todos en algún momento hemos perdido muchas de éstas. ¡Por un dormir, digno!

Así que lo recomiendo fervientemente. Cada relato contiene el sello indiscutible de Josep Maria, en ellos encontramos: drama, terror, suspense, romanticismo… Un gran abanico de géneros y sorprendentes giros que no esperamos. El del párrafo nombrado así lo demuestra... ya tenéis ganas de saber la razón, ¿verdad?




Por cierto, ¿a qué huele? Mmmm… ¡vaya! Ya me habéis pillado con el mazapán en la boca. Las navidades están a la vuelta de la esquina, ¿qué mejor regalo que un libro? Nada, de nada.


martes, 4 de septiembre de 2018

La hora del dolor

 


Fragilidad que se ampara en el desconsuelo. Aguarda salvaje, solitaria en el destierro de los sentimientos convulsos, ocasionados por la sutileza de la dejadez. Incomodidad que alumbra como una muestra contaminada del pasado. Sonrisas que se desnudan a destiempo, nostalgia de abrazos que difieren cautivos, perdidos. De aquél, aquél.
 
Aviva la mentira, subsiste entre calcomanías, en la hipocresía de los gestos que se alimentan del miedo. Ése que un día apareció y por alguna extraña razón ni quiso ni dejó que se marchara. No reniega de él, a veces le agradece las respiraciones que le concede; pesa, pero forma parte de este ahora indescifrable donde la culpa y el remordimiento le muestran lo que es. Una emoción perpetuadle, inanimada. Un triste holograma. Ser, sentir, perder; no, esta opción ya no existe. La comodidad quedó relegada e instituida como un mal hábito. Se estableció en un bando donde la ofensa quedó dilapidada.

Agudeza del destierro, pávida sombra. Un susurro, un canto a la niñez que recuerda la viveza y se adentra en un punto de no retorno. A aquél, aquél. Sueños lucidos, pesares sosegados en el silencio de la vergüenza. Hoy vuelve a mirar donde la oscuridad ansía con demora y lo que encuentra es el mismo eco desconsolado que nunca tendrá mañana. Que se abriga en la penumbra del llanto y vierte sin ternura su inquietud. Resguardada por la candidez de las consecuencias sigue siendo ese aquél inacabado.