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miércoles, 14 de mayo de 2025

Eco reverencial. Divinidad entre ventanales

 


Més que la meva sang

No, no, no tinguis por

Desitjar-me no és dolent

No cal que diguis res

Que el què vulguis ja ho faré, jo ho sé.

Canción de Lax'n'Busto

 

¡Oh! Lo confieso, sí, deseo en demasía, renazco diariamente sin dominio, por eso exijo un perdón para esta hija descarriada que ha tomado el camino fácil, directa al pecado, a penar por aquello que no le corresponde, a gozar entre pensamientos impuros invadidos por el descontrol, yo que siempre fui pródiga en virtud, yendo de la mano de lo correcto, ahora siento un comezón indigno e incontrolable. Ruego que se me dispense, que estas acciones que desafían en apego no sean las únicas que validen en desesperanza. 

 

Portal A

 

—Tina, por favor, deja de espiar al vecino.

—No puedo evitarlo, solo con verlo me dan unos calores que para qué. Es guapísimo.

—Bueno, es algo lúgubre, pero…

—¡Retíralo!

—Qué más da, tú pareces la vieja del visillo. Como te descubra y con la cara de mala leche que tiene, viene aquí y nos descuartiza.

—Qué exagerada. ¿No te parece adorable su ceño fruncido?

—Si tú lo dices.

—No seas condescendiente y deja de criticarme. No molesto a nadie, solo lo admiro.

—A mí me incomodas, pero eso parece que no te importe. Por lo menos podrías quitar esa canción.

—Es para invocarlo.

—¿Cómo dices?

—Estoy segura que si la canto muchas veces él percibirá mis feromonas y ¡zas!

—Ese tiene cara de depredador no de abeja polinizadora.

—No lo entiendes.

—A ver, explícamelo princesa del inframundo.

—Que las personas heridas son las que tienen el corazón más grande.

—Cada día eres más absurda.

 

Anclada en la incomprensión, en la necesidad de un lazo invisible que ruega que razone, me estremezco entre la simulación y lo efímero, a cualquier dios le reitero esta disculpa.

 

Portal B

 

—¿No te da mal rollo?

—Me enternece.

—¿En serio? Parece una psicópata planeando cómo aniquilarte.

—Te jode porque no se ha fijado en ti.

—No, lo que me da miedo es encontrármela un día sosteniendo un cuchillo jamonero.

—Lárgate, envidioso.

 

Las excusas en las que me cierno empiezan a desajustarse a un camino invariable y de no retorno, debo ser franca con aquellos que me rodean, pero me es imposible, porque una parte de mí, hasta ahora silenciada, sostiene que todo tiene un porqué.

 

Entresuelo

 

—Oye, ¿eres la que compañera de la neurótica?

—Y tú debes ser el que vive con el cara angustia. ¿Qué quieres?

—Podríamos prepararles una cita a ciegas, para terminar con este rollo perturbador que se traen entre manos.

—No es mala idea, ¿cómo te llamas?

—Pablo, preciosa, y, ¿tú?

—Almudena, y nada de apelativos cariñosos, no hay tanta confianza; si hago esto es porque me está volviendo loca con esa cancioncilla.

—¿Cuál?

—Una que pone en bucle, dice que es como un conjuro. Yo qué sé, estoy de los nervios.

—Ah, por eso las muecas. Menos mal, tampoco quiero tirarlo a los brazos de una demente.

—¡Oye! No te pases. Él tampoco parece que tenga el puzle muy coordinado.

—¡Olvídalo!

 

Los caminos son inescrutables, carecen de visionar aquello que se percibe, que delimita y concede en deseo. A partir de ahora seré la mano ejecutora, nada podrá impedirlo.

 

Ultramarinos del barrio

 

—Por fin se han visto, ¿te ha dicho algo tu primo?

—No, Tina, nada.

—Pues no sé qué más podemos hacer, a este paso se me va a ir la cabeza, últimamente solo sueño con sangre y vísceras, y me vienen pensamientos muy crípticos del bien y del mal. ¿Estaré poseída?

—Y mi ceño, ¿qué? Tanta presión me provoca migraña. Solo quiero ir por la calle agarrado de la mano de mi chica, pero no, tenías que meter en ecuación a esos dos, montarte la película de que harían buena pareja, un mundo de arcoíris. Joder, ya te dije que Pablo repele las relaciones, y tu amiga qué quieres que te diga, se la ve fría como un tempano.

—Cuidado con lo que dices, no me hagas elegir entre los dos.

—¿No lo dirás enserio?

—¡No te esfuerzas nada! Y no me pongo a criticar a diestro y siniestro.

—¡Se acabó!

 

Entre lágrimas por fin comprendo mi cometido, soy un ángel vengador, uno que se rige en fortaleza, mis decisiones serán impuestas, todos me deberán obediencia.

 

Habitación de Tina

 

—¿Por qué lloras?

—Me ha dejado, ¿te lo puedes creer?

—¿Quién?

—Pues quién va a ser, el vecino.

—A ver… tranquilízate, llevas un tiempo que te comportas de una forma muy extraña. No puede dejarte alguien que no está contigo. Mira, voy a llamar al consultorio, con suerte te derivarán… —con un golpe seco Almudena cae al suelo.

—No, si ya me imaginaba que tanta sangre me estaba contagiando el alma. Y ahora qué hago.

 

Para que este plano físico no se me sea arrebatado, las voces de este ente que me ha bendecido me susurra que busque entre lo corrupto para restablecer lo perdido. 

 

Tercer piso

 

—Psss, psss, ¡Pablo! Tienes que ayudarme.

—¿Yo? Lo dudo. Adiós.

—¡Espera! Es Almu, ha sufrido un accidente.

—¿Qué dices? ¿Dónde está?

—Bueno, a veces pasan cosillas de esas que uno no controla. Tú eres abogado, ¿verdad? Como somos familia estás obligado a representarme. Utiliza algún tecnicismo para exculparme porque juraría que estoy hechizada, ¡Bah! Soluciónalo, pero te aviso que no pienso pagarte nada, que lo haga tu primo, todo es por su culpa.

—Joder, estás fatal. Voy a llamar a la policía, no te muevas y ni se te ocurra acercarte.

—¿Cómo te atreves? —un empujón y otro golpe seco. —No me lo puedo creer, pero si son como muñecos de plastilina, se desintegran con un soplido.

 

La gracia divina me ha abandonado, ha decidido que no debe protegerme, que he de luchar en solitario contra mis propias acciones, es una prueba, lo sé, yo que solo deseé, ahora por algunos errores me ha negado su mano guardiana. Ya no hay indulto, solo esta canción que me acompaña.  

 

Velatorio

 

—Tina, esto lo hemos provocado nosotros. —lloroso se agarra a la mano de la que vuelve a ser su novia.

—Qué dices cariño, qué tontería. Pablo se agobiaría, siempre decías que iba de flor en flor, Almudena era muy estricta y bueno, quién iba a imaginar que él se la cargaría, y luego los remordimientos lo empujarían a tirarse por las escaleras. Ambos han sido víctimas del desamor. <<Ufff… que agobio, ¿Cuándo terminará este teatro? Ese tío me mira mucho, ¿verá mi culpabilidad? No, Tina, cálmate, no puedes ir por ahí arrebatando vidas. ¡Claro! Qué ciega he estado, ahora lo entiendo: soy la guadaña>>

—Amor, ahora vengo, voy un momento al baño.

—Vale, pero ¿por qué llevas una botella?

—¿Qué? Ah, sí, es muy importante reciclar, hay que tener conciencia medioambiental. <<Casi me pilla. ¿Dónde se habrá metido ese sujeto? Haré todo lo necesario para cumplir mi propósito. Poco o nada me importa que el de arriba me haya abandonado, ahora sé cuál es mi función, una que es más férrea que cualquiera de sus superfluos arbitrajes>>

 




 

Hola, a todos.

Hoy os traigo un relato entre ventanales y exceso de delirio. Que esas divinas voces en las que algunos se amparan, nunca nos corrompan al resto, ;) ¡Huid!

Mil gracias por vuestro tiempo.

Besos, y abrazos.