Mostrando entradas con la etiqueta Inframundo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Inframundo. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de noviembre de 2024

Embrujo ofrendado


Este relato es la continuación de: Embrujo extraviado, lo incluyo por si no lo habéis leído y os apetece, siempre sin obligación, que esa palabra es fea, no, horrible, ;)

Mil gracias por vuestro tiempo.

Besos, y abrazos. 




<<Búscame>>

Me largué, hui, no me importó dejar atrás cualquier estabilidad, cobarde ni siquiera llamé al trabajo o cualquier amigo que pudiera preocuparse, simplemente desaparecí. En el fervor solo era consciente de que aquella hada demoniaca tenía todo el control sobre mis actos, el dominio al que me sometía era inhumano, aunque lo peor era no recordar nada de lo que sucedía. Eso me provocaba pavor, miedo al imaginar de lo que podía ser capaz en aquellos duermevelas. Pero las cosas no fueron como pensé, creí que al esfumarme e intentar empezar desde cero, en otro lugar, con otras gentes, la subyugación en la que estaba sometido desaparecía. No fue así.

<<Búscame>>

No dormía, no podía o ya no lo intentaba, sabía que si cerraba los ojos visualizaría esa sonrisa, esos ojos endemoniados me hipnotizarían y reclamarían, era débil, el deseo de volver a ella cada vez se hacía más fuerte. Cuando al final caía rendido, y el sueño gobernaba cada partícula de mi ser, ahí, ahí empezaba lo peor. Susurros como cantos de sirena, solo una palabra, pero con una fuerza intensa y corrompida. Me tenía a su merced. Y la odiaba.

Siempre había sido un tío que se cuidaba, las pocas veces que salía casi no bebía, pero con tal de mantearme despierto acabé convirtiéndome en un despojo, aquello que más aborrecía, alguien viciado. Las pastillas eran el alimento más preciado. Pero el cuerpo tiene un tope y éste se fracturaba, lo siguiente sería la muerte.

<<Búscame>>

Me pasaba el día en la biblioteca, en internet, cualquier información era valiosa, buscaba libros de rituales, brujería, magia; me importaba poco solo quería saber que es lo que estaba pasando, la razón por la que no podía pararlo. Ya no era deseo, era peor, hambre de postrarme a ese ser, de cederle cada partícula de mi alma. Pero no había nada, ninguna información solo más preguntas, dudas y miedo. Y eso me enfurecía, malograba la situación caótica en la que coexistía. Empecé a odiar, algo negro, infecciosos enardecía allí donde me postraba, mis ojos, ellos también empezaron a cambiar, estaba transmutando en un ser corrompido y deleznable. No me reconocía, y la parte humana que todavía conservaba cada vez se mostraba más fugaz.

Toqué hondo, el suicidio rondaba por mi mente, estaba totalmente descontrolado, desquiciado. Así que decidí volver a inicio, urgía encontrarla, que se lo quedara todo, poco quedaba, pero por lo menos me diera respuestas, me salvara, era suyo en cuerpo y alma. Lo mínimo que me debía era la verdad. Esta vez la localicé rápido, el lazo en el que estaba atado supuraba desprecio y anhelo, era fácil olerlo.

—Vaya, vaya. Qué tenemos aquí. Has vuelto.

No contesté, para qué, ambos sabíamos que lo haría. No se puede luchar contra lo inevitable.

—Sabes, cuando te vi en aquel antro, tan bien peinadito, modosito y desubicado pensé, libéralo. Esas cadenas lo oprimen, haz que vibre. Pero… —Calló.

—Pero, ¿qué?

—Oh, cariño. No estás en posición de exigir nada. Me gustaste, qué decir, ¿sabes quién soy? —Río con desprecio. —No, claro que no. Aunque si somos sinceros llevas buscándome toda la vida, el apetito, la necesidad de carne, es solo una pincelada, una pequeña muestra de lo que podría cederte, pero antes debes decidir. ¿Qué harás? Si lo revelo, serás mío; eternamente mío. Aunque ya lo eres, ¿verdad?

Me debatí, un último brillo, esperanza, creencia, qué sabía, pero intenté localizar el último resquicio de misericordia perdida, luché por negarme a ser ese pelele en el que terminaría convirtido. Pero miré atrás, a todos aquellos meses en los que poco a poco me había ido corroyendo, reconvertido en alguien desconocido y acepté. Me postré a sus pies, como un ser débil de rodillas supliqué.

—Bien querido, el juego empieza ahora. Soy Lilith, a partir de hoy, tú serás mi Adán. Pero no te equivoques mi amor, subsistirás hasta que yo lo decida.