miércoles, 28 de noviembre de 2018

Reseña: El secreto de los cerezos – Gemma O. López




Antes de empezar con esta NO reseña y siendo esta la última vez que utilizaré esta introducción, porque a la tercera la historia es cansina y muy repetitiva, hasta yo me doy cuenta, pero… ahí va: les recuerdo que esto es algo que hago con mucho aprecio y cariño por lo que siento y me producen las lecturas que tocan mis manos y parte de mi corazón, y encima tengo la gran suerte de poder conocer en cierta manera a los autores, que todavía lo hace más bonito si es eso posible. Y no pretendo faltar en ningún momento el respeto, porque de éste tengo y mucho, pero la salvedad es la que es. ¿Lo veis? Si es que soy una pesada.
 
Ahora es cuando cojo una postura de madre enfadada y os riño, sí lo hago. A ver… cómo puede ser que OS publicitéis tan poco o mejor dicho, nada. Averiguar que tenéis un libro publicado es casi un reto, así que haced más entradas de ellas y luego: recordarlas de nuevo, miles de veces. Promocionaros, por favor. Que no os de vergüenza, reparo o nada que vaya de la mano de la limitación. Una de las razones por las que digo esto, es que si a uno lo siguen en el blog querrá decir que le gusta lo que allí se expone, así que está claro que si averigua que tenéis un libro publicado, seguro que lo adquirirá. Practicidad, señores; practicidad. 
 
Vale, ya me desquito de esta postura de malota, que no me pega nada. ¡Recórcholis! ¿Por qué no podré ser una tipa más dura? 
 
Y ahora es cuando empieza lo bueno:
 
El libro del que hoy vengo hablaros no es otro que el de nuestra querida compañera y amiga Marigem Saldelapuro y el lugar donde podemos encontrarla casi a diario es: https://saldelapuro.blogspot.com/ ¿Qué encontraremos? Pues es un blog muy variado que dispone de muchas secciones, un día te puede enseñar a preparar una tortilla vegana y al siguiente te inspira con una nostálgica y emotiva reflexión, que hace suspirar por la ternura que desprende, porque Gemma si algo tiene es una luz muy bonita. Pero también te habla de cine, literatura e incluye relatos… ¡Un momento! Antes de que se me olvide, aprovecho para hacer un llamamiento y es que debería ser nombrada regidora, fundadora o cualquier título honorífico de su comunidad, ¿la razón? Sencillo: os hará amar su tierra. Os aseguro que os entrarán unas ganas locas de coger las maletas e ir volando. ¿A dónde? Mmmm… para los poquitos que todavía no la conozcáis, dejaré esta puerta abierta para que lo descubráis.
 
Como anécdota os explicaré que cuando comencé a trabajar, en una de las cenas de empresa de Navidad una vez jugamos a un juego que tenía por intención crear vínculos positivos con los compañeros, en un papel teníamos que poner una palabra o frase que definiera a la otra persona, en este caso si tengo que definir a Gemma O. López en el mundo Blogger, sin ninguna duda la nombraría nuestra MacGyver, porque es capaz de todo y encima lo hace con una energía positiva que siempre, siempre, nos regala. No hay nada mejor que irse de un sitio sonriendo y ella es capaz de eso, y más. ¡Gracias!
 
¿Qué encontramos dentro del libro?
 
Nos transportamos a principios de los años 50, un período que aun que puede parecer lejano, sigue estando muy presente, en él podremos vislumbrar costumbres y revivir momentos pasados. Uno podría imaginarse a sus padres o abuelos siendo aquellos niños que les tocó ser adultos antes de tiempo. En los que la infancia se abandonaba casi como una obligación y no existía siquiera resignación, ni mal estar por ello. Simplemente era lo que tocaba. La fortaleza de esos actos, de ese valor, son los que hoy más admiración despiertan. Porque en la actualidad y mirando hacia atrás podemos ver y ser conscientes de que existía carencia y sacrificio. 
 
La historia trata de como a cuatro amigos les cambiará la vida una vez pasado el verano, el último, antes de atreverse a decir adiós a una frágil y efímera niñez, y como sin ser conscientes de ello, ni tampoco estar preparados, pero sobre todo a causa de la curiosidad de sus actos, estos chicos se tropezarán con un enigma del que sin poder controlarlo, ni alejarlo les hará adentrarse en un duermevela de miedos e incomprensiones para más tarde descubrir su respuesta. Es un libro muy humano y cercano, con esa caracterización inocente que hace que lo comprendamos, ya que hay experiencias en la vida que marcan de tal manera que acaban por formar parte de nuestra naturaleza y como un simple suceso puede transformarse en un gran cambio, que será el encargado de marcar un nuevo camino sin retorno.
 
Os dejo un párrafo:

<Después de tantos años me pregunto como es posible que recuerde aquellos días con tanta claridad, y aunque me sorprendo, la verdad es que no he olvidado ni un detalle, puedo revivir cada instante con total precisión, a veces me parece incluso puedo sentir el aroma a grasa y sal del puerto cuando íbamos a pescar o el del San Juanín mientras dormíamos, e incluso el olor indefinido del callejón, un lugar que en realidad olía a soledad>

Y es que es justo en ese callejón donde empieza y termina todo, familia, celos, costumbres, gentes de pueblo y sus comportamientos, a veces tan obtusos y faltos de libertad. Los personajes son claros y puede que a veces no comprendamos sus razones, pero es la interpretación de otra época, donde prevalece la ocultación de los sentimientos y acciones por el qué dirán. Si actúo de cierta manera, ¿qué le parecerá al vecino? ¿Qué pensarán de mí? O como un simple acto puede sentenciar con tanta facilidad un futuro o la negación de este. 
 
¿Dónde podéis encontrarlo?
 
Próximamente estará en Amazon, así que os recomiendo que lo añadáis a la lista de los deseos cumplidos y pronto, muy pronto espero que podáis disfrutarlo. Ya que es un libro que se lee muy rápido y Gemma logra que el suspense se mantenga hasta el final, en ningún momento se delata o intuye qué o quién es el responsable. En cuanto haya fecha asignada y para que estéis más informados, os lo pondré en los comentarios.

Leer es la magia del soñador, y yo en este momento me evado con: El secreto de los cerezos.


lunes, 5 de noviembre de 2018

La huella del mañana






Como un susurro me poso en tu espalda, ágil y efímera naturaleza que encarna el deseo que dispenso por un simple roce. Delicada sombra que se adentra en los tortuosos sueños donde retengo la esencia de la necesidad. Soplo justo en ese punto donde tiempo atrás hacías que me estremeciera. Y siento la pérdida. Pérdida de ver la poca atención que muestras a estos apegos que con tanta pasión profeso a tu persona. A veces me lo concedes y asientes, es en ese precario segundo cuando al fin creo que lo notas, cada silencio, cada puntada de la memoria de nuestros cuerpos, lo que una vez retuvimos. Me estremezco y venero con la sutileza de un pasado que aguarda a la espera de aquél instante, de un hoy que tan lejano nos dejó en sentimiento, para así lograr que por fin te convenzas de que sigo cercana, a la espera, porque nunca me alejé del todo. De alguna manera siempre estaré atada a ti. 
 
Adormecida en el llanto del desconsuelo formo parte de una inmensidad que se sostiene entre muros desaplomados. En la devastación de las emociones corrompidas por el dolor. Esas que tan bien procuraste para ambos. 
 
Así que no me culpes, no. Te lo pido, por favor. El odio que profeso hacia las demás mujeres, esas que se postran en tu cama, que en vano intentan complacerte; como respuesta te diría: ellas no saben quién eres. A penas logran ver a través de todas esas capas con las que también logras cubrirte. A mí nunca pudiste engañarme, esa fue una de las razones por la que tu saña a la larga se convirtió en mi perdición. Una sonrisa que si se admira cercana, provoca destemplanza. Una calidez aprisionada en la mentira. Capas y capas, en las que es difícil adentrarse y descubrir todo el odio que anida en tu alma. En su ceguera tampoco entrevén el futuro que las acompañará, la humillación con la que más tarde lograrás someterlas.
 
Yo las libro de todos tus pecados, les hago un favor, a ellas, a ti; a mí. Alejarlas es fácil. Todo el mundo teme aquello que no conoce, que no puede comprender como verdad. Se avergüenzan del desconocimiento. De las palabras que no contienen lógica. Una taza que cae, una fotografía que reluce en la insensatez de ver reflejada otra cara. Risas lejanas. Un grifo que se abre. Es fácil. El miedo, a veces, es la virtud del salvador. 
 
Ahora después de tantos meses, empiezo a verte molesto, sí. Y eso por extraño que parezca no apacigua mi aliento, todo lo contrario, me procura fuerza para seguir en este punto. Este lugar que tan lejano debió quedarme y del que nunca debí ansiar cobijo. Porque amor, yo, no te abandonaré. Nunca. 
 
Aunque esta vez me inquietaste. Llevabas meses intentándolo, acechar a una nueva presa para llevarla más tarde a tu colección, no puedo negar que después de tanto tiempo podría agradecer un poco de compañía y así dejar de sentir esta soledad, este vacío que custodia mis días. Pero no puedo permitirlo, no. Y temí que en tu afán de logro, serías descuidado, que cometerías cualquier falta y te descubrirían. Eso no podemos permitirlo. Tú presente, querido, ha de ser otro. 
 
Cuando la vi, a ella, a tu última conquista, no diré que no me molestara, que no sintiera celos o temor a un posible y dramático desenlace. No puedo permitir que mi corta existencia sea un simple número al azar, si en algún momento de esta desventura fui una elección, seré la última. Yo me entregué por completo a tus horrores, así que si está en mi mano, te haré pagar el mismo precio. 
 
No esperaba lo que sucedió, reconocimiento, ser vista después de tanto tiempo, fue extraño, incómodo. La desidia en este plano habita con la fuerza de mi arraigo. Nunca creí que la suerte apareciera de esta manera, por fin existía la posibilidad de ser recompensada y que se me devolviera un pago que nunca quise concederte. Ella me ve, tiene percepción del mundo invisible. Ya no estoy sola. Mientras le explico de lo que eres capaz, me escucha con un brillo extraño en los ojos. Y tú, pobre infeliz, poco sabes del complot que estamos erigiendo en tu causa, ella, querido, es más sádica de lo que puedas imaginar. Me ha explicado sus planes, lo que te hará, pero no me importa, yo solo quiero tu alma. Lo que haga con tu cuerpo, es cosa suya. Tiembla amor. Bebe, saborea este té especiado que con tanta paciencia y mimo te está preparando, porque pronto, muy pronto, volveremos a estar juntos. Esto solo acaba de empezar.
 
 
 

miércoles, 3 de octubre de 2018

El cobijo de la soledad




Vislumbro soledad, paso del tiempo, cuerpos extraños que transitaron cercanos, pero nunca se quedaron, no les pedí que lo hicieran, tampoco ansié ni comprendí de esa cercanía que da derecho a obtener más de lo acordado.
 
No he amado, no he querido hacerlo. Me obligué a creer que aquello era un error, una debilidad, querer a la larga simboliza sufrimiento, así que simplemente le negué ese poder, desechándolo, apartándolo, buscando otras castas alternativas que con tan poco futuro se amparaban. He preferido pues mercadear con la pasión, sin necesidad de sentirme abocada a un amanecer de gratitud y complacencia. Y no me importó el mañana, este lo veía lejano, insoluto, ahora en cambio se perfila perverso y poco amable. 
 
Ayer recibí una noticia. Punzante escenario que aboca a los cambios y allí en ese momento, por primera vez, concebí la necesidad de expresar y sentir la compañía de la mano amiga, de la candidez del que está a tu lado y te la sostiene mientras aunque con mentiras te susurra que todo irá bien. No existe ninguna, a las cercanías, a todas; a su tiempo las aparté. Las alejé con la mentira de una llamada que nunca se realizó. Con la incertidumbre de un mañana diferente, más amable. En mi condición les ofrecí ese algo que se desvela sin nombre, cifrado, pero esa era la única manera que tenía de dar parte de lo soy, un amor perfilado o quizás una sombra del poco aprecio que conservo de la persona que hasta hace unas horas era. Y la realidad, ahora, acecha cercana mostrándome que no otorgué nada, solo lo que creía que un día me haría despertar de este letargo en el que siempre he aguardado escondida, nunca encontraron más de lo que les mostré y una vez lo comprendieron, simplemente desaparecieron. Una buena excusa para alejarse y yo, por su puesto, no retenerlos.
 
La desesperación esta vez si hizo que despertara de la somnolencia en la que había estado estacionada, desfigurada cogí el teléfono y llamé a mi hermano. Me sorprendió, no; no lo hizo, no tenía mi número. Se quedó sin palabras, mudo ante la revelación de que quien le llamaba era su hermana, una hermana que no dudó en abandonar el hogar pronto, muy pronto y no mirar nunca hacia atrás. 
 
—¿Almudena? —silencio— ¿Qué quieres? —la tirantez se desplegó fría, culpable, irritada.
 
—Bueno… yo, yo solo quería saber si estabais todos bien. No debí llamar, no es un buen momento.
 
Colgué, poco tenía que decirle <Hermano, tengo malas noticias> Y por primera vez en años, lloré. No sentí rabia, tampoco miedo. Era desconsuelo, una pena que en su inmensidad me abrasaba y hacía que se despedazara toda la tibieza que habitaba en el alma. La mía. Me recompuse rápido, aprendí hacerlo. Nuestra infancia fue dudosa, enfermiza, intolerable en muchos aspectos. No conservo de ella grandes recuerdos, otros en cambio me han convertido en lo que soy, este ser que no crea lazos, que no siente empatía, que poco le ha importado el sufrimiento y la desventura de otros. Siempre necesité de poco, lo único que pedí a cambio es que no se me echara en falta. Y ahora, hoy, me doy cuenta de que lo he logrado, pero no siento orgullo por ello.
 
Qué cruel es el destino, se desmonta y perfila entre juegos de azar. ¿Qué le diría? ¿Qué? Ganaste, sí, lo hiciste. Ya me he dado cuenta de los errores cometidos. Pero de poco sirve ser consciente de ello, el tiempo ya se ha consumido y yo, estoy sola. Sola. Así quedará exhibido en estos pocos días que se resguardarán entre alientos de vida. Solo quisiera, solo; volver a empezar de nuevo. Y a esa mano, a esa.
 
—Shhh… hermana, tranquila. Estoy aquí contigo.