viernes, 4 de diciembre de 2015

Banderillas

Hoy voy ha hablar de empachos, pero de esos que una vez los has tenido luego ya solo con sentir o oler el portador del mal te entra tal angustia que lo alejas. Porque el recuerdo es más inteligente que uno propio y aunque tu paladar ande un poco disperso te recuerda aquello que te hizo tanto mal.

Creo que tenía entre 7 y 8 años no puedo asegurarlo pero estaba enganchada a las banderillas, pero enganchada cosa mala os lo puedo asegurar, un alimento bastante fuerte para un estómago tan pequeño. Mi madre compraba la lata grande y no se daban cuenta de mis atracones, pero cada día me zampaba muchas de ellas. Mmm… y qué buenas estaban. Hasta que un día me pasé, pero pasarme que me puse malísima, malísima que ya no he vuelto a catarlas. 
 
Os diréis que rarita está esta hoy, pues sí un poco no voy a negar la obviedad. 
 
Pero es que a veces no hace falta comer mucho de algo para coger rechazo hacia una cosa que se puede transformar en sujeto o acción, y nuestra mente entra en el agente empacho de una manera abusiva.
 
¿Nunca os ha pasado que habéis intentado mil veces que algo funcione? 
 
Y no hay manera, sintiendo la soledad en el proceso y una vez repetida y repetida y repetida (modo carga) habéis tomado la decisión de alejaros y seguir. 
 
El hecho de empacharnos nos obliga en cierta manera a darnos valor, valor de sabernos importantes para no soportar ese dolor de estómago por el atracón ingerido, y con él la pesadumbre de sentirnos relegados.
 
Si el camino que seguimos no es correcto o apreciado, la verdad pasar no pasa nada es aprendizaje.
Pero no ingiramos de más, el dolor sea como sea es insano.
 
 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Esfera - Parte 2


 
Cliquea aquí para refrescar la historia, ;)
 



 
Al despertarse Mario sintió un dolor agudo en el pecho, el desazón propio de tener que escoger algo tan importante, no dejaba de ser un chico de quince años y no quería tener que elegir entre los dos mundos. Solo deseaba que todo siguiera igual. Pequeñas lágrimas regaron su cara, se abrazó sintiendo miedo al desenlace.
 
Pero era inteligente y no podía pasar el último día llorando arrinconado en su habitación, se despejó y ese día lo aprovecho como nunca lo había hecho. No se separó en ningún momento de sus padres, los abrazó, les dijo palabras cariñosas, jugó con su hermano pequeño, del que hasta la fecha se podría decir que había ignorado. Disfrutó de la cotidianidad en todas sus formas. Porque dentro de él ya sabía la decisión tomada, al fin y al cabo Ana estaba en el otro mundo y nunca podría abandonarla, era su chica. 
 
Pero cuando se acercaba la hora de irse a dormir, algo dentro en su interior se removió, vio como su madre besaba en la mejilla a su padre. Ese pequeño acto le hizo comprender que nunca más estaría con su familia, que no volvería a verlos desparecerían para siempre y el miedo lo golpeó.
 
Con la duda naciente y dos caminos a escoger, se fue a dormir.  

Volvió a aprovechar la noche como durante de día, jugó, rió, bailó, y se abrazó a sus amigos pero sobretodo a Ana. Cuando era el momento de despertar las voces le reclamaron la elección.
 
Pero antes de decidirse Mario les hizo una pregunta.  

-          ¿Qué será de mis padres?
-          Creerán que has muerto.
-          Entonces sufrirán por mi causa.
-          A veces los actos de unos hacen que otros padezcan.
-          Pero yo no quiero que ellos sufran por mí.
-          Debes escoger Mario, el tiempo se termina. 
 
Observó todo a su alrededor y con lágrimas en los ojos y un gesto que solo él y Ana conocían les dijo adiós, ella lo miró con expresión extraña sin comprender lo que estaba pasando.
 
¿Sería el fin?
 
Epílogo:
 
Doce años más tarde.
 
Mario solía ir a por comida preparada, vivía solo y a parte de que cocinar le daba pereza no era lo suyo. Llegó y había bastante gente esperando el turno, así que preguntó quien era el último. 
 
Escuchó como una dulce vocecita le decía que era ella, se giró para comprobar de quien se trataba. Quedó en shock sin oxígeno que poder respirar, regresando a él un mundo que por un tiempo creyó haber inventado, cuando al fin volvió en sí se abalanzó sobre ella y atropelladamente le dijo:
 
-          Eres.. ¿eres Ana?
-          Si, ¿nos conocemos? 
 
No hizo falta que le contestara ya que al volver a mirarlo lo reconoció y con una sonrisa de auténtica felicidad se lanzó a su cuello, fundiéndose en un abrazo con el que quedaron unidos para el resto de sus días. 
 
Porque los sueños solo finalizan si uno lo desea.

 Fin
 

viernes, 27 de noviembre de 2015

Esfera - Parte 1

Sumergido en las profundidades de su psique escuchaba voces que le sugerían que debía seguirlas, ¿qué le pasaba?
Desde que empezó a tener consciencia sus sueños eran diferentes a los de otros niños. Al principio creía que eran fantasías, después empezó a darse cuenta que eran sólidos, como si de una vida paralela a la suya propia se tratara, más tarde en su yo reflexivo se le reveló que dentro de él había un mundo donde la razón no tenía cabida.
 
Si se lo confesaba a alguien lo tomarían por un loco. Una vez lo intentó, se lo quiso explicar a su mejor amigo y la manera acusatoria en que lo miró confirmaron sus sospechas, mejor guardar el secreto.
Así que durante el día se comportaba como un chico de quince años cualquiera. Iba al instituto, actividades extraescolares, se relacionaba con gente de su edad, cara a la galería era uno más. No existían diferencias. 
 
Pero durante la noche, su mundo se agrandaba no había ley que le impidiera hacer cualquier cosa. Allí también había otros como él, se conocían desde que empezaron a tener compresión de los sueños y habían ido creciendo juntos, descubriendo aquel maravilloso mundo en el que podían ser solo ellos, sin miedos. Jugaban, bailaban, cantaban, reían, nadie nunca los reñía, era la fantasía de cualquier chiquillo. Pero desde este último año sin ninguna razón, habían ido despareciendo mucho de esos amigos, otros en cambio permanecían inertes en el tiempo. 
 
Para Mario en los últimos días las cosas le empezaron a cambiar, las vocecillas le solicitaban que debía escoger, y él no comprendía de que le hablaban. Pero la inquietud le rondaba. Cada noche antes de coger el primer sueño, tenía la misma pesadilla veía relojes que se paraban siempre a las 24h, y él quería darles cuerda pero le era imposible, se despertaba sofocado y angustiado, haciéndosele difícil coger el sueño y llegar al submundo, no podía entrar en él, ¿Por qué razón? 
 
A las vísperas de su aniversario las voces fueron claras, debía decidir entre los dos mundos. Si se quedaba en el mundo consciente crecería y viviría como un adulto sin derecho a volver a soñar.
Pero si los escogía a ellos, le prometieron que sería eternamente un chico de quince años donde los juegos nunca acabarían. Debía decidir, esa sería para bien o para mal su última noche. Pero debía cumplir una norma y es que no podía explicarles nada a los otros niños, ya que la elección era suya y de nadie más.
 
¿Cuál sería la decisión de Mario?
 
Continuará…
 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Abismo

Como una vieja mecedora que apacigua el alma.
Brisa cándida que reconforta de la misma manera que un antiguo abrazo.
Paso ligero, como el que mira atrás y sonríe por el recuerdo.
 
Silencios vividos sin palabras que esconder.
Desolados como un temor al no reencuentro.
Paso monótono, no existen respuestas para el mañana.
 
Correr como el que teme no volver a soñar.
Buscándolas a ellas a nuestras verdades.
Paso, pasos, siempre los mismos. 
 
Aquí, allí, ahora.
 
¿Qué será del mañana?
 
No hay espera, solo camino.
No hay camino, solo creencias.
No hay creencias, solo necesidades.
No hay necesidades, solo manos.