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lunes, 18 de noviembre de 2019

La escritura, vosotros y un: ¡GRACIAS!

 
 


Parece mentira, que yo, fielmente sierva del Grinch, me vea escribiendo una entrada de retroceso, en la que la cercanía de la Navidad nos acoge en sus garras y con ella no solo muestra los buenos propósitos, sino los errores cometidos.

De tanto en tanto me dejo acoger por el silencio, los que me leéis desde hace tiempo, bien que lo sabéis, me resguardo en un mundo interior del que la emoción se mantiene latente, pero privada. Vendría a ser algo así como la necesidad de un duelo, y no logro o alcanzo sobrevenirlo si no es en soledad.

Seguramente y lo entiendo, vaya si lo comprendo, estas pausas hayan causado molestia, enfado o incomprensión por eso os pido disculpas, la primera entrada después de tanta carencia, dije todo lo contrario, que no las pediría, pero erré, porque no se trataba de pedir disculpas a vosotros sino a mí misma. Como sabéis soy muy de flagelarme. Por eso, y también porque no me importa rectificar, darme cuenta cuando me equivoco, ni siquiera afrontar la realidad de una elección inexacta, pero ante todo hay una cosa que no podría soportar y es provocar dolor con algo tan bello como la palabra.

Y es que la escritura libera, pero a veces también muestra y eso que nos es enseña es corrosivo, doloroso. Aviva un tipo de sufrimiento que se resguarda en la emoción y bloquea el paso de tal manera que uno no alcanza caminar y seguir, haciendo que se pregunte, ¿seguir el qué?

Cuando abrí el blog, madre mía, parece que haya pasado una eternidad y no es así, fue en el año 2015, la intención del mismo, si esta existía, fue la de hacer pequeñas reflexiones, eso me llevó a conocer un mundo totalmente nuevo, amplio y si de algo estoy cien por cien segura maravilloso, he sido muy afortunada al toparme con todos vosotros los que estáis y los que por una razón u otra ya no están tan presentes. Para lo que no lo sepáis, me costó mucho tirarme a la piscina y abrir el blog, casi ni lo hago, si no llega a ser por mi gran amiga Maria creo que esto no llega a suceder, no puedo saber si me hubiera arrepentido porque lo que no se vive no puede echarse de menos, pero lo que sí sé, es que hubiera sido un gran error. Poco a poco fui introduciendo, cuentos, relatos, poesía y hasta fijaros que valiente puede ser una: alguna reseña de libros, eso hizo que las reflexiones fueran quedando apartadas, silenciadas, para la introspección privada, solitaria. Ya no se desmenuzaba el dolor, se quedaba allí, segregado, latente, en la oscuridad más amordazada.

Sé cuáles son mis faltas, también soy consciente de mi carácter, de mi forma de actuar, de los errores cometidos, de lo que puedo mejorar (y de lo que debo) uno de mis mayores problemas (vaya sí lo es) la timidez y el bloqueo que esto supone, si a eso le sumas la crítica y terquedad que habita en mí (como buena capricornio), lo hace, porque no decirlo, todo más complicado. También puedo decir que soy emocional, cínica, que me rio de mí misma e intento tirar balones fuera a todo lo que se aprecia insustancial, aunque a veces no lo logre. También sé que a mis 34 años me sigo emocionando como a una niña, a veces excesivamente infantil, otras muy soñadora en la que agradezco y aprecio el cariño, también conozco el miedo, aunque no deje que este se visualice, creo que si se reciben malas noticias, si no se habla constantemente de ellas, no se les da valor, importancia, nombre, éstas a larga fenecen.
 
Por eso hoy quiero hablaros del 2018, porque cuando algo ha transitado, asimilado, debemos liberarlo, hay etapas en la vida en la que las buenas intenciones, la visión positiva, el restar importancia, el seguir, forma una extraña y perturbadora bola que uno no puede digerir, no sabe lo que sucede, pero siente que algo no va bien, nota inestabilidad, falta de algo que no tiene nombre, a la vez que sobran muchas otras y es entonces cuando con todas estas emociones dispares, hay una crisis. Uno se sobrepasa. No sabe gestionar correctamente los tiempos, en eso como sabéis, soy una experta. Para mí ese año e inicio de este, fue eso, un exceso de un todo y un nada, de una etapa no cerrada. Y es que cuesta decir adiós a las personas que amamos, darse cuenta que ya no volverás a estar con ellas, que ese hecho te deja muy adentro una brecha que el tiempo disimula, pero no cura. Esa es la encargada de que tu carácter, tus faltas, se agraven o difuminen, se contemplen desde fuera y digan: estás herida. A partir de ahí sobre ti se ciernen miedos que desconocías, y constantemente te recuerdan que es difícil liberarse de ellos. Y es que ese dolor siempre ha estado allí, dormido, profundo y relegado; pero allí. Perdí a mi padre muy joven, demasiado, en un momento donde la adolescencia brota cruel, donde uno no es consciente de lo efímero del tiempo. Pero no quiero, ni la intención de esta entrada es que su recuerdo se empañe, no se lo merece, él no. Todo lo contrario, solo visualizarlo me arranca una sonrisa y hace que mi alma brille con  alegría. Así que os explicaré que a partir de ese momento, en mi familia llevamos un control un poquito más exhaustivo, de ahí mi fobia a los médicos, (siento si hay alguno por aquí, pero no puedo evitarlo) la cuestión es que hace unos cuatro años, el resultado de éstas fue negativo, y terminé con un pase exclusivo a salas de espera, pruebas, médicos y tiempo, acabó bien, muy bien, solo tengo que seguir con los controles anuales, como todo el mundo, así que todo está perfectamente. Pero los meses de incertidumbre, de comerse la cabeza, de pensar y visualizar el peor escenario. ¿Alguien sabe parar esos pensamientos negativos? Yo no.

Lo que sucede con las brechas no cerradas es que llega un día que de repente aun habiendo pasado mucho tiempo, se despiertan con un solo zas, que te dice: sigues herida. Pueda que suceda en un momento que sientas estrés en el trabajo, poca o nula gestión de tiempo, has recibido algún input negativo, o cualquier cosa, la más insignificante que puedas imaginar, pero eso hace que vuelvas a caer. Soy consciente de que esa etapa nunca podré cerrarla, no solo porque forma parte de mis vivencias, mi identidad, es más, porque nació del verdadero amor; lo más bello que tenemos. Pero sí puedo decir que se puede trabajar, aprender a gestionar esas caídas, conociendo, interpretando y admirándonos bien adentro, sin prejuicios, sin el recelo de ver más allá, no esperando lo correcto, porque nada lo es, ahí uno, en cierta manera puede anticiparse, liberarse, respirar.

Por eso siempre recomiendo la palabra. Escribir un diario, llevar una libreta encima en la que se puedan apuntar frases, ideas, tonterías; ayuda. Porque la palabra, es, eso: sanadora. No hay que temer lo que nos muestre, al final, lo único más aterrador que podremos visualizar será nuestro propio reflejo, y eso tampoco puede ser tan malo, ¿no? ;) Y sobre todo si uno necesita ayuda, porque no consigue gestionarlo, que la pida. Sin miedo, ni vergüenza.

Perdonad por la largura de esta divagación, termino, ya ¡palabra! Llega diciembre, familia, amigos, comida, regalos, más comida, amor, empacho... En mi caso puedo decir que se termina un año del que me siento bien, más completa, más certera. Más yo que nunca. Tanto yo, yo, yo (¡qué egocéntrica!) me delata, ¿no os parece? Creo que mis letras se están dibujando hacia una nueva etapa que cada vez veo más real, concibo un algo que no hoy, ni mañana, pero sí un quizás, una posibilidad que está latente. Gran parte de este más, es sin duda gracias a vosotros, vuestra comprensión, afecto. Y vuestras manos que acogen maravillosamente en este camino. Y no es por nada, pero a mí las manos, me encantan, :)

Os mando un gran abrazo cargado con todo mi cariño, y os agradezco que me permitáis autodescubrirme, aprender, mejorar y ser libre en este pequeño gran mundo en el que tantos transitamos.

Ahora es cuando lo estropeo, pero permitídmelo, no, mejor: ignoradme, no lo puedo evitar:

…puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán... la libertad…
<William Wallace>


miércoles, 3 de octubre de 2018

El cobijo de la soledad




Vislumbro soledad, paso del tiempo, cuerpos extraños que transitaron cercanos, pero nunca se quedaron, no les pedí que lo hicieran, tampoco ansié ni comprendí de esa cercanía que da derecho a obtener más de lo acordado.
 
No he amado, no he querido hacerlo. Me obligué a creer que aquello era un error, una debilidad, querer a la larga simboliza sufrimiento, así que simplemente le negué ese poder, desechándolo, apartándolo, buscando otras castas alternativas que con tan poco futuro se amparaban. He preferido pues mercadear con la pasión, sin necesidad de sentirme abocada a un amanecer de gratitud y complacencia. Y no me importó el mañana, este lo veía lejano, insoluto, ahora en cambio se perfila perverso y poco amable. 
 
Ayer recibí una noticia. Punzante escenario que aboca a los cambios y allí en ese momento, por primera vez, concebí la necesidad de expresar y sentir la compañía de la mano amiga, de la candidez del que está a tu lado y te la sostiene mientras aunque con mentiras te susurra que todo irá bien. No existe ninguna, a las cercanías, a todas; a su tiempo las aparté. Las alejé con la mentira de una llamada que nunca se realizó. Con la incertidumbre de un mañana diferente, más amable. En mi condición les ofrecí ese algo que se desvela sin nombre, cifrado, pero esa era la única manera que tenía de dar parte de lo soy, un amor perfilado o quizás una sombra del poco aprecio que conservo de la persona que hasta hace unas horas era. Y la realidad, ahora, acecha cercana mostrándome que no otorgué nada, solo lo que creía que un día me haría despertar de este letargo en el que siempre he aguardado escondida, nunca encontraron más de lo que les mostré y una vez lo comprendieron, simplemente desaparecieron. Una buena excusa para alejarse y yo, por su puesto, no retenerlos.
 
La desesperación esta vez si hizo que despertara de la somnolencia en la que había estado estacionada, desfigurada cogí el teléfono y llamé a mi hermano. Me sorprendió, no; no lo hizo, no tenía mi número. Se quedó sin palabras, mudo ante la revelación de que quien le llamaba era su hermana, una hermana que no dudó en abandonar el hogar pronto, muy pronto y no mirar nunca hacia atrás. 
 
—¿Almudena? —silencio— ¿Qué quieres? —la tirantez se desplegó fría, culpable, irritada.
 
—Bueno… yo, yo solo quería saber si estabais todos bien. No debí llamar, no es un buen momento.
 
Colgué, poco tenía que decirle <Hermano, tengo malas noticias> Y por primera vez en años, lloré. No sentí rabia, tampoco miedo. Era desconsuelo, una pena que en su inmensidad me abrasaba y hacía que se despedazara toda la tibieza que habitaba en el alma. La mía. Me recompuse rápido, aprendí hacerlo. Nuestra infancia fue dudosa, enfermiza, intolerable en muchos aspectos. No conservo de ella grandes recuerdos, otros en cambio me han convertido en lo que soy, este ser que no crea lazos, que no siente empatía, que poco le ha importado el sufrimiento y la desventura de otros. Siempre necesité de poco, lo único que pedí a cambio es que no se me echara en falta. Y ahora, hoy, me doy cuenta de que lo he logrado, pero no siento orgullo por ello.
 
Qué cruel es el destino, se desmonta y perfila entre juegos de azar. ¿Qué le diría? ¿Qué? Ganaste, sí, lo hiciste. Ya me he dado cuenta de los errores cometidos. Pero de poco sirve ser consciente de ello, el tiempo ya se ha consumido y yo, estoy sola. Sola. Así quedará exhibido en estos pocos días que se resguardarán entre alientos de vida. Solo quisiera, solo; volver a empezar de nuevo. Y a esa mano, a esa.
 
—Shhh… hermana, tranquila. Estoy aquí contigo.
 


lunes, 16 de julio de 2018

Una pequeña parada técnica, y vosotros ¡Gracias! ;)

Esto no es un cierre, no por favor, lo sé, sí, soy una dramática pero no me voy, que no, que no. ¡Palabra! ;) Pero como veréis ni siquiera he colgado nada en el blog durante unas semanas, os he estado leyendo (a los que nos os habéis marchado) pero se me ha complicado un poquito el trabajo (y lo que viene después de este) y no dispongo ni de mi rato de la comida para conectarme y leeros, así pues; vuelvo en un par de semanas que todo volverá a estar más tranquilo (mente ultra positiva) y así os podré disfrutar en condiciones. Agosto ven a mí, te necesito, :)

Besos y abrazos, vuelvo en nada; un pestañeo que ni se notará y os comento de nuevo.

Gracias por todo, nunca pensé que crear un blog fuera esto, siempre lo digo (soy así de pesada) pero es verdad. Sois hermandad, aprendizaje y manos. Muchas de estas.
 

lunes, 13 de noviembre de 2017

El último mensaje



Contemplo tus manos y me adentro entre sueños, es allí donde la necesidad grita. Suspiro, las miro, esas manos que tanto deseo, las imagino, etéreas, recorriéndome, impregnándose de la superficie; de mi piel. Retengo ese pensamiento y ésta se eriza en respuesta, no importa donde me encuentre acabo ruborizada. Es entonces cuando reviso el entorno, no quiero, no puedo delatarme. Desde tu regreso mis nervios están crispados, alterados, emocionados. El deseo es tan fuerte que a penas logro controlarlo. ¿Cómo hacer? ¿Cómo comportarme? No puedo, y sé, lo sé, estás con ella, la escogiste antes que a mí. Yo que te entregué el alma, pero no fue suficiente acabé relegada. Y no te culpo por ello, no, pero me lo prometiste no regresarías, nunca más volvería a verte y ahora de nuevo estás aquí. Y tus manos. Las evoco, a ellas, sí. Agarradas con fuerza y necesidad, viajando por el cuerpo que tanto deseabas, con qué rapidez la pasión se tornaba necesidad, aire, como ilusa de mí dejaba que hicieran todo lo que les placía. Yo era el tributo con el que te alimentabas. Pero era solo eso. Nada más. Más tarde llegó ella y todo cambió, las llamadas se convirtieron en breves mensajes y al tiempo el silencio era nuestra única seña. Te busqué; desesperada, me ofrecí; rebajándome, pero lo dejaste claro no era ella. Eso sí, y te lo agradecí entre lágrimas e impotencia, te compadeciste prometiéndome lejanía. Ahora has roto esa promesa, y yo, te admiro desde la distancia, aprisiono el recuerdo, entre los muslos; y suspiro. Cadencia, hambre, nostalgia de un pasado caótico.

El primer día de tu regreso ya me llegaron las noticias, volaron, vi maldad entre los murmullos, sonrisas complacientes, crueldad vestida de compañía. Intenté que no se notara, pero solo tu nombre ya es capaz de arrancarme el aliento y con él la vida. Lo supieron, y yo, no pude o no quise hacer nada para que no se me notara la inquietud. Eso todavía te pertenece, mi dolor, recuérdalo, será tuyo para siempre. No quise buscarte, ni siquiera intenté moverme por los mismos círculos de antes; los nuestros. Por temor a encontrarte, a verte, sabía que delataría a esos gritos que nunca fueron acallados. Porque nadie ha conseguido arrancar de mí las mismas suplicas. Y lo intenté, juró que lo intenté. Pero acabé conformándome con copias baratas, hasta yo me transformé en una de ellas. Imité sonrisas, conversaciones, gestos, pero toda aquella farsa no era suficiente. Y fue entonces cuando toqué hondo, no quieras saber de lo que fui capaz para olvidarte, no me hagas volver hacia atrás para admirar en lo que me convertí. Esa no era yo. Fútil copia capaz de cualquier cosa para extirparte de la piel. Ahora has logrado lo que no conseguiste la primera vez, que la odie. Esa inocencia que transmite, esa calma que respira. ¿Por qué a ella se la has entregado? ¿Por qué a mí solo supiste darme sufrimiento? Celos, ahogo, soledad. Nunca estaba completa. Ni siquiera cuando compartíamos sala. Necesidad y más necesidad, y tu voz reclamando, exigiendo todo de mí; todo. Disfrutabas de la ansiedad, te relamías y glorificabas, los dos lo sabíamos, nunca habría nadie más, solo tú. No nos mentíamos. Por eso ahora la detesto a ella y no a ti. Deberías ser tú el portador de todo el resentimiento, pero no puedo, por más que lo intento la lógica solo responde a que se ha quedado con la parte buena, mientras que yo solo conozco la escabrosa, la insana y el recuerdo de esas malditas manos que hoy todavía siguen aprisionándome el corazón.

Hubiera vivido con el silencio de ese odio lo prometo, pero lo estropeaste, no debiste enviarme ese mensaje fue demasiado para mi frágil aliento, no lo esperaba, ¿qué querías? No tenía nada que dar, todo te fue entregado. Golpeaste demasiado adentro, tenía que terminarlo, con eso, con nosotros, tenía que hacerlo; discúlpame. Sé que ella lo entenderá, sé que a la larga cuando no estés a su lado comprenderá por todo lo que yo tuve que vivir. Como a cada segundo que no disponga de tu presencia el aire dejará de entrar en sus pulmones. Y me perdonará por los dos, por ti.

Esta noche cuando nos encontremos seremos el pago, una sola moneda que entregaremos al barquero para que este nos conduzca al inframundo que tanto nos merecemos. Lejos muy lejos, con un último beso todo terminará. Entonces sé que por fin me alcanzará la paz. Y tú mi querido amor, poseerás lo que siempre mereciste. A mí.

Relato presentado en el: , concurso literario mensual.

jueves, 22 de junio de 2017

Puerto claridad


 
Aquella sala olía a moho. Habitación oscura, incomunicada, sucia y vacía en alma. No era la sala, no, era ella. Restó diez años a su tiempo y vio lo que en verdad había ganado, nada. Sumó sus pérdidas y fueron aquellos malditos diez años. Pertenencias cero, un coche que bien podría llevar ya al desguace, quizás en chatarra sacara beneficio, y una planta.  

La condenada planta, un regalo de su última pareja. Iba acompañada por un dardo envenenado. <<Natalia, no puedes tener nada a tu cargo, no sé como sobrevives a ti misma.>> Lo que él no sabía, ni nunca averiguaría es que la rabia que sintió hacía sus palabras obraron a favor de aquella maceta con hojas.  

No le dijo ninguna mentira, del último puesto de trabajo la echaron por faltar varios días, sin excusas, pero, ¿qué sabían ellos? Siempre tuvo problemas de sueño, no descansaba bien por las noches. Su familia, bueno, eso sí era un tema aparte, sus padres se avergonzaban de ella, cabe decir que era lo opuesto a su hermana, pero prefería ser una indigente que conformarse a casarse con un hombre como su cuñado.  

¿Y ahora qué? En su lista de contactos no tenía a nadie al que no hubiera pedido algún favor en el pasado. Sola. Esa palabra retumbó en su cabeza y le hizo ser consciente del caos que la alcanzaba. Pero, ¿y si? Podría intentar que su hermana, no, lo desechó al momento, la miraría por encima del hombro como si fuera una apestada, se olió, sí, una buena ducha le sentaría muy bien. Ideas, ideas. Siempre había sido una abnegada para las soluciones, en el colegio la escogían la última en todas las actividades, eso la marcó y borró de su mente el esfuerzo que representaba.  

Buscó en el bolso algunas monedas, un café, con una buena taza seguro que vería más luz en este parco camino. Pero la suerte hacia tiempo que la había abandonado. Mientras cavilaba qué hacer, se le cruzó un vecino, holandés o eso le dijo, la miraba con lascivia, una imagen cruzó por su cabeza, solo esperaba que la necesidad no la llevara a tan baja escala.  

—Me ha dicho un pajarito que Marcos, se ha marchado para no volver.
—Siempre tan gracioso François, solo a ti se te podría ocurrir ser desagradable con una cancioncita. ¿Quieres algo?
—Venga mon amour, no seas fierecilla, ese hombre era poco para ti, yo podría cuidarte mejor, eh Belle, ¿oui?
—No te lo tomes a mal pero antes me quito de en medio, así que desaparece de mi vista, ¡lárgate!
—Me gustan enfadadas —pasándose la lengua sobre los dientes, continuó— ya volverás y te domaré, sabes que tengo razón lionne.
—Sueña con ello, cucaracha.
—Venga, venga, petite, no te sulfures. —poniéndole varios billetes en el bolsillo de la tejana, le dijo— Un pequeño adelanto de lo que devendrá, no me gustan tan flaca.

Lo miró a él, luego al bolsillo, y volvió a mirarlo. Dudó, pero no tenía nada a lo acogerse, y por fin una idea surcó en su mente, no iba a venderse tan fácilmente.

—¿Ves aquella chatarra de allí? Es tuya por el dinero, no esperes más de mí.

El regusto vomitivo de aquella conversación le dio el estímulo necesario. Siempre le pasaba lo mismo, se mantenía dormida durante largos periodos de tiempo y una vez que la amenaza o limitación de otros sobrevolaba sobre ella, actuaba. <<Desastre, desastre>> Pensó para sus adentros. Un buen desayuno, eso terminaría por enseñarle el camino.

Al entrar en la cafetería, vio un cartel en el se precisaba personal.

—Hola, buenos días. ¿Todavía buscan a alguien?

La señora entrada en años y carnes, la observó, una mirada evaluativa, sintió la hondura especulativa y no dudó en que pudiera descubrir sus más oscuros secretos.

—Eso depende, ¿tienes experiencia?
—Bueno… la verdad, es que no mucha, pero me esforzaré sin con ello gano el puesto.
—Mira guapa, no te engañaré, no creo que des el perfil, siéntate, desayuna que buena falta te hace, y luego ya hablaremos.
 
Al terminar, se levantó y pagó la cuenta, dejando una generosa propina. Fue a despedirse.

—¿Ya te vas? ¿No habíamos quedado en charlar?— Eso descolocó a Natalia, pero volvió a su mesa.
—No te he visto nunca por aquí y eso es muy extraño, soy mayor pero nunca olvido una cara. Por cierto mi nombre es Candela.
—Yo soy Natalia.
—Encantada, mira niña este trabajo no creo que sea adecuado para ti, pero he visto que llevas una planta, muy bien cuidada, por cierto.
—Ah, bueno, sí, no se preocupe.— Haciendo el intento de levantarse.
—No he terminado. Mi hijo tiene un vivero, no muy lejos de aquí. Lo negará pero sé que necesita personal, y su carácter es…— quedó callada— bueno, podría decirse que no es agradable en trato, eso hace que el personal no dure mucho, exige que sus plantas sean tratadas con delicadeza. Por lo que puedo ver, tú tienes buena mano, te aferras a ella como si nada te quedara— poco sabía cuantas verdades había en aquella frase— Así que, si te interesa, el puesto es tuyo, ahora mismo lo llamo para avisarlo.
—¿Por qué cree que yo tengo posibilidades para conservar ese trabajo?
—Sé reconocer la necesidad de amor, y tú Natalia, tienes mucho que dar. No hay más que ver como brillan esas hojas. Y bueno, siendo egoísta mi hijo sé que también posee esa misma balanza, así que el tiempo ya os dirá.

 


¿Quién sabe? Pero si se quedaba con esta última sensación, podía creer que en su cuento, el puerto al fin clareaba.

 

martes, 30 de mayo de 2017

Resuello


Día 1
Aborrezco que otros tengan más razón que yo, siempre me viene a la cabeza una madre demasiado autoritaria, que nunca mostró afecto y comprensión. Me retuerzo en la incoherencia por saber que esta vez las palabras de Gabriel estaban por encima de las mías, y lo sé, no debí embarcarme en este propósito, pero necesitaba demostrarles que podía hacerlo y si era una locura, con más fuerza sería capaz de sacarla adelante, encontraría el punto de cordura en todo este proceso.
Ilusa y creída, una perfecta estúpida, yo una todopoderosa que no he necesitado nunca de nadie para ganarme un nombre y ahora veo como este baile está por concluir.
¡Qué dolor! Mis costillas, me oprimen, al oxígeno le cuesta entrar, en un esfuerzo severo estallo en carcajadas como si así lograra esclarecer un futuro tan negro como este lugar, sobrepasada por el agudo e insoportable sufrimiento, mi estabilidad mental se desequilibra. Un regusto a sangre pasea a sus anchas por el paladar, siempre he detestado ese sabor, como a hierro oxidado.
El tiempo pasa y sólo me hago una pregunta, ¿Cuánto aguantará mi cuerpo? ¿Y mi hora? Necesito saber cuando será, ni siquiera en el peor momento de mi triste existencia logro ser paciente ¡Ya! Que sea ya, por clemencia.
Maldito ego desconsiderado, quedará sobre la eternidad, cuando al fin encuentren mis huesos. El recuerdo de mi persona será, aquí yace Emma la necia. 

Día 3
Hoy lloro y lloro, lo hago en silencio sepulcral, un mutismo que pasea a sus anchas por la placida estancia de esta tumba autoimpuesta. Silencio, tanto silencio, que tiemblo incontrolablemente. Líquidos que ya no aguardan en mi cuerpo caen sobre las mejillas magulladas, viendo pasar el tiempo que no aflorará y vuelvo a compadecerme. Alma ennegrecida, logré mis metas acarreando faltas hacia otros, nadie más que estas lágrimas que derramo serán las que pesen sobre mi muerte.
De ayer no recuerdo nada, dormité gran parte del día, pero hoy por más que lo intento no consigo que eso suceda. Y lo deseo con todas mis fuerzas, una muerte dulce, sin dolor, sin agonía, pero es como si el karma me sonriera desde la distancia, anunciándome de que eso no iba a suceder.
Y hay algo que echo más en falta que nada y es la luz, sensación de candor, de abrazo, de vida. El tiempo termina, sólo pido la oportunidad de redimir, de volver a empezar, esta vez sé que lo haría bien, pero es tarde, ya no quedan opciones.

Día 4
Habito en un duermevela perenne, no logro reconocer cuando estoy consciente o es un sueño, el dolor de las costillas es apenas un cosquilleo y todo se desvanece como en un trance vacío de emociones, nada, quietud, eternidad sombría que acecha, reclamando lo que le pertenece y entonces lo veo, ¡Oh el final! Unas luces acuden en mi busca, es la hora, dejaré este mundo con tantos puntos suspensivos que compadezco la existencia ya vivida.
— ¡La he localizado! ¡Está aquí! ¡Aquí! Te tengo.


Día 2

En un tiempo pasado.
—       Sigue sin haber noticias de Emma, es como si se la hubiera tragado la tierra.
—       ¡Joder! No puede ser, tenemos que encontrarla, haced lo que sea necesario. Maldita mujer del demonio, terca e inconsciente.
—       Mis chicos ya lo hacen Gabriel, sólo podemos esperar.
Una hora más tarde.
—       Señor, han localizado la señal GPS del móvil.
—    ¿Dónde la sitúa?
—    En el Gran Pozo MTDE.
—       Llevadme hasta ella.
 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Abismo

Como una vieja mecedora que apacigua el alma.
Brisa cándida que reconforta de la misma manera que un antiguo abrazo.
Paso ligero, como el que mira atrás y sonríe por el recuerdo.
 
Silencios vividos sin palabras que esconder.
Desolados como un temor al no reencuentro.
Paso monótono, no existen respuestas para el mañana.
 
Correr como el que teme no volver a soñar.
Buscándolas a ellas a nuestras verdades.
Paso, pasos, siempre los mismos. 
 
Aquí, allí, ahora.
 
¿Qué será del mañana?
 
No hay espera, solo camino.
No hay camino, solo creencias.
No hay creencias, solo necesidades.
No hay necesidades, solo manos.