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jueves, 21 de agosto de 2025

Los incomprendidos. Soñadora irreverente




Llevo dos días que me despierto de golpe, agitada, con una sensación de pérdida foránea, ¿será un aviso? 

Como buena pesada debo decir que esto ya lo he explicado, pero como todo guarda encriptación o mi incoherencia así lo dicta, vuelvo a la carga, hasta casi rozar la treintena era una marmota, es uno de los motes que me pusieron mis amigas. Que se tiene que dormir de pie: se hace. Que la postura puede provocarte una contractura irreversible: qué más da. Que el gato de tu amiga decide dormir 12 horas encima de tu cabeza: adelante. ¡Oye! Te puede asfixiar: exagerados. Uy, mira, una mesa: ¡qué madera más blandita!

La cuestión es que, la fortuna se acotó y ahora el insomnio es mi mejor amigo, y con él, de alguna manera simbólica tuve que decirle adiós a otros.

 

La repetición.

 

Cuando era pequeña soñaba continuamente que volaba, al despertarme seguía sintiendo la misma ingravidez y más de una vez pensé: es real. Por suerte, el ser humano es un animal que se aferra a la vida como una garrapata, y no me impulsó al salto final.

A lo largo de la vida he repetido sueños, porque soy terca hasta cuando descanso las temibles 4 horas, me gusta recrearme, hay goce en la reproducción, sabes hacia dónde vas y cómo termina la historia. De un modo perverso uno se valida en ese agónico conocimiento. 

En este último periodo he soñado con serpientes, de todo tipo y forma. Las primeras les tenía rechazo, un poquito de repulsión, y hasta las mordidas me escocían. La última vez una anaconda extra esponjosa me rodeaba el cuello, no pesaba nada, y la lucía como un accesorio. No he vuelto a soñar con seres viscosos. Supongo que nos despedimos como corresponde, dentro de la cordialidad que proporciona la aceptación.

La realidad es que siempre he estado medio adormecida, me he construido a mí misma como una experta que se amolda a la circunstancia, cediendo sus posibilidades frente a otros. En nombre del apego, de la obligación, del qué o quién. Y en esta última etapa (una que inició sobre el 2022 y espero que termine antes del 2045), comprendo que debí (y excluyo el quizás que estaba incorporado), considerarme. Lo mejor de reconocerse es que se dan pasos, minúsculos y paralizantes, pero se dan.

Como digo la repetición es la seña, y emplearlo no es ningún sacrificio, así que seguiré con el mismo patrón establecido. Hay sucesos que no se pueden quebrantar, harán que las creencias de inicio se ramifiquen en direcciones opuestas, en mi caso, existe algo punzante que sigue presente, sin opción a replica, la oportunidad de crear un vínculo pleno o distinto con mi padre. No hablo desde la pena, aborrezco ese tipo de intimidación, pero es una certeza y opino que si se muestra acota poder, murió cuando yo era joven, él lo era; así que cuando miro atrás sigo haciéndolo con ojos de niña. Por eso sujeto inflexible a la palabra, al diálogo dentro del respeto, tolerar que quizás lo que se exponga no se regirá en base a nuestro propio criterio.

Os aseguro que la madriguera, mi origen, es donde más a salvo y amada me he sentido, la economía como la mayoría de las de la época de los 80 era lo que era, pero el valor que no es otro que el amor, estaba intacto, y eso provoca que sea más consciente de que las relaciones, como nosotros: evolucionamos. Con este presente me saldría una frase de esas que chirrían, pero bueno; perdonadme: no nos demos por vencidos. Qué ironía, que lo diga esta fustigadora que tantas veces se siente una mediocre.    

Y, sí, es una de las razones por las que siempre vuelvo atrás, una y otra vez.

 

Los sueños

 

Nunca impondré mis pensamientos, sobrevivimos con exceso de coacción, pero sí explicaría una historia; una de renuncia. Si las evidencias no hubiesen abandonado este escenario y en una de esas se cubrieran de perseverancia, señalaría a más de uno que pulula en este mundo lleno de aire, y les suplicaría que expusieran su verdad, para que el resto aprendiéramos de ella. La historia sea cual sea, es una vuelta de tuerca, es memoria, valor para no regresar allí. Por una vez estaría bien que los sueños no supuraran nostalgia.

Así que empezaré dando voz a mi padre, lo haré como cuando quiero mostrar la magnitud, desde fuera, como una espectadora, porque esta puede exponer lo bonito, pero también lo trágico; es la única manera que sé que es certero, cuando se aceptan todas las aristas.

Hablo poco de él, sigo siendo esa niña que se malogró a sí misma. Pues bien, Manuel o Manolo, como lo llamaba todo el mundo, tenía un fuerte carácter, una mala leche increíble y un sentido del humor retorcido. Su risa era fuerte, como la de un animal salvaje, era cariñoso y familiar. No se avergonzaba de quién era y menos de mostrarlo al mundo. Todo lo contrario, era su baluarte. Siempre quería que fuéramos los cuatro de aquí para allá, como si supiera que el tiempo es efímero y debe aprovecharse. Pero también tenía un lado emocional que abanicaba con una delicadeza hermosa, y lo revelaba con su poesía, sobre todo a mi madre. Fue un soñador, uno de esos donde los cimientos son muy frágiles y los techos altos, pero era invencible. Vaya sí lo era, nunca se rindió y ese mensaje es uno de los legados que nos dejó a mi hermana y a mí: valentía. Arriesgar cuando lo que te rodea es caos y pérdida. Escasez. Levantarse continuamente, aunque la esperanza se desvanezca ante tus ojos.

Durante décadas lo ignoré, es más, lo acordoné en el desarraigo. El miedo, las carencias, el control, el no poder permitirse caer; se condensa y precisa de otros actos para acallarlos.

De nuevo casi lo olvido, casi.




lunes, 18 de noviembre de 2019

La escritura, vosotros y un: ¡GRACIAS!

 
 


Parece mentira, que yo, fielmente sierva del Grinch, me vea escribiendo una entrada de retroceso, en la que la cercanía de la Navidad nos acoge en sus garras y con ella no solo muestra los buenos propósitos, sino los errores cometidos.

De tanto en tanto me dejo acoger por el silencio, los que me leéis desde hace tiempo, bien que lo sabéis, me resguardo en un mundo interior del que la emoción se mantiene latente, pero privada. Vendría a ser algo así como la necesidad de un duelo, y no logro o alcanzo sobrevenirlo si no es en soledad.

Seguramente y lo entiendo, vaya si lo comprendo, estas pausas hayan causado molestia, enfado o incomprensión por eso os pido disculpas, la primera entrada después de tanta carencia, dije todo lo contrario, que no las pediría, pero erré, porque no se trataba de pedir disculpas a vosotros sino a mí misma. Como sabéis soy muy de flagelarme. Por eso, y también porque no me importa rectificar, darme cuenta cuando me equivoco, ni siquiera afrontar la realidad de una elección inexacta, pero ante todo hay una cosa que no podría soportar y es provocar dolor con algo tan bello como la palabra.

Y es que la escritura libera, pero a veces también muestra y eso que nos es enseña es corrosivo, doloroso. Aviva un tipo de sufrimiento que se resguarda en la emoción y bloquea el paso de tal manera que uno no alcanza caminar y seguir, haciendo que se pregunte, ¿seguir el qué?

Cuando abrí el blog, madre mía, parece que haya pasado una eternidad y no es así, fue en el año 2015, la intención del mismo, si esta existía, fue la de hacer pequeñas reflexiones, eso me llevó a conocer un mundo totalmente nuevo, amplio y si de algo estoy cien por cien segura maravilloso, he sido muy afortunada al toparme con todos vosotros los que estáis y los que por una razón u otra ya no están tan presentes. Para lo que no lo sepáis, me costó mucho tirarme a la piscina y abrir el blog, casi ni lo hago, si no llega a ser por mi gran amiga Maria creo que esto no llega a suceder, no puedo saber si me hubiera arrepentido porque lo que no se vive no puede echarse de menos, pero lo que sí sé, es que hubiera sido un gran error. Poco a poco fui introduciendo, cuentos, relatos, poesía y hasta fijaros que valiente puede ser una: alguna reseña de libros, eso hizo que las reflexiones fueran quedando apartadas, silenciadas, para la introspección privada, solitaria. Ya no se desmenuzaba el dolor, se quedaba allí, segregado, latente, en la oscuridad más amordazada.

Sé cuáles son mis faltas, también soy consciente de mi carácter, de mi forma de actuar, de los errores cometidos, de lo que puedo mejorar (y de lo que debo) uno de mis mayores problemas (vaya sí lo es) la timidez y el bloqueo que esto supone, si a eso le sumas la crítica y terquedad que habita en mí (como buena capricornio), lo hace, porque no decirlo, todo más complicado. También puedo decir que soy emocional, cínica, que me rio de mí misma e intento tirar balones fuera a todo lo que se aprecia insustancial, aunque a veces no lo logre. También sé que a mis 34 años me sigo emocionando como a una niña, a veces excesivamente infantil, otras muy soñadora en la que agradezco y aprecio el cariño, también conozco el miedo, aunque no deje que este se visualice, creo que si se reciben malas noticias, si no se habla constantemente de ellas, no se les da valor, importancia, nombre, éstas a larga fenecen.
 
Por eso hoy quiero hablaros del 2018, porque cuando algo ha transitado, asimilado, debemos liberarlo, hay etapas en la vida en la que las buenas intenciones, la visión positiva, el restar importancia, el seguir, forma una extraña y perturbadora bola que uno no puede digerir, no sabe lo que sucede, pero siente que algo no va bien, nota inestabilidad, falta de algo que no tiene nombre, a la vez que sobran muchas otras y es entonces cuando con todas estas emociones dispares, hay una crisis. Uno se sobrepasa. No sabe gestionar correctamente los tiempos, en eso como sabéis, soy una experta. Para mí ese año e inicio de este, fue eso, un exceso de un todo y un nada, de una etapa no cerrada. Y es que cuesta decir adiós a las personas que amamos, darse cuenta que ya no volverás a estar con ellas, que ese hecho te deja muy adentro una brecha que el tiempo disimula, pero no cura. Esa es la encargada de que tu carácter, tus faltas, se agraven o difuminen, se contemplen desde fuera y digan: estás herida. A partir de ahí sobre ti se ciernen miedos que desconocías, y constantemente te recuerdan que es difícil liberarse de ellos. Y es que ese dolor siempre ha estado allí, dormido, profundo y relegado; pero allí. Perdí a mi padre muy joven, demasiado, en un momento donde la adolescencia brota cruel, donde uno no es consciente de lo efímero del tiempo. Pero no quiero, ni la intención de esta entrada es que su recuerdo se empañe, no se lo merece, él no. Todo lo contrario, solo visualizarlo me arranca una sonrisa y hace que mi alma brille con  alegría. Así que os explicaré que a partir de ese momento, en mi familia llevamos un control un poquito más exhaustivo, de ahí mi fobia a los médicos, (siento si hay alguno por aquí, pero no puedo evitarlo) la cuestión es que hace unos cuatro años, el resultado de éstas fue negativo, y terminé con un pase exclusivo a salas de espera, pruebas, médicos y tiempo, acabó bien, muy bien, solo tengo que seguir con los controles anuales, como todo el mundo, así que todo está perfectamente. Pero los meses de incertidumbre, de comerse la cabeza, de pensar y visualizar el peor escenario. ¿Alguien sabe parar esos pensamientos negativos? Yo no.

Lo que sucede con las brechas no cerradas es que llega un día que de repente aun habiendo pasado mucho tiempo, se despiertan con un solo zas, que te dice: sigues herida. Pueda que suceda en un momento que sientas estrés en el trabajo, poca o nula gestión de tiempo, has recibido algún input negativo, o cualquier cosa, la más insignificante que puedas imaginar, pero eso hace que vuelvas a caer. Soy consciente de que esa etapa nunca podré cerrarla, no solo porque forma parte de mis vivencias, mi identidad, es más, porque nació del verdadero amor; lo más bello que tenemos. Pero sí puedo decir que se puede trabajar, aprender a gestionar esas caídas, conociendo, interpretando y admirándonos bien adentro, sin prejuicios, sin el recelo de ver más allá, no esperando lo correcto, porque nada lo es, ahí uno, en cierta manera puede anticiparse, liberarse, respirar.

Por eso siempre recomiendo la palabra. Escribir un diario, llevar una libreta encima en la que se puedan apuntar frases, ideas, tonterías; ayuda. Porque la palabra, es, eso: sanadora. No hay que temer lo que nos muestre, al final, lo único más aterrador que podremos visualizar será nuestro propio reflejo, y eso tampoco puede ser tan malo, ¿no? ;) Y sobre todo si uno necesita ayuda, porque no consigue gestionarlo, que la pida. Sin miedo, ni vergüenza.

Perdonad por la largura de esta divagación, termino, ya ¡palabra! Llega diciembre, familia, amigos, comida, regalos, más comida, amor, empacho... En mi caso puedo decir que se termina un año del que me siento bien, más completa, más certera. Más yo que nunca. Tanto yo, yo, yo (¡qué egocéntrica!) me delata, ¿no os parece? Creo que mis letras se están dibujando hacia una nueva etapa que cada vez veo más real, concibo un algo que no hoy, ni mañana, pero sí un quizás, una posibilidad que está latente. Gran parte de este más, es sin duda gracias a vosotros, vuestra comprensión, afecto. Y vuestras manos que acogen maravillosamente en este camino. Y no es por nada, pero a mí las manos, me encantan, :)

Os mando un gran abrazo cargado con todo mi cariño, y os agradezco que me permitáis autodescubrirme, aprender, mejorar y ser libre en este pequeño gran mundo en el que tantos transitamos.

Ahora es cuando lo estropeo, pero permitídmelo, no, mejor: ignoradme, no lo puedo evitar:

…puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán... la libertad
<William Wallace>


jueves, 5 de septiembre de 2019

Tiempo de silencio


 
 
No pediré disculpas, no. La razón sería por todo este tiempo en que lo único que ha habitado en el blog ha sido silencio, pero eso sería injusto, contradictorio y en gran parte rozaría la grosería que se encuentra en este ‘regreso’. Y sí, lo pongo entre comillas porque en mis palabras siempre anida un impetuoso mutismo, que me obliga alejarme, a guardar en un segundo plano todo aquello que me deslumbra y no me permite continuar. 

Escribir tiene muchas vertientes, en mi caso la primera es la exorcización de uno mismo. Y en esa catarsis existencial que muchas veces va de la mano de la escritura, preciso de un duelo, de un tiempo; donde la contradicción y el egoísmo asolan en un solo punto: el silencio. 

Por eso esta vez no cometeré el error de decir que he vuelto, solo que aspiro hacerlo mejor. A tomármelo con más calma e intentar buscar y encontrar un equilibrio, esforzándome más para que la vida personal, profesional y ellas (vosotros) se puedan unir sin que de nuevo acabe tropezándome y retirándome en grandes pausas que solo consiguen asolar el camino.

Gracias, por estar aquí.


Besos y abrazos.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Una Grinch, y un grandioso GRACIAS.

Llevo unos días que no escribo nada de nada, pero no lo dudéis, he estado ocupada, a parte de trabajar unas horitas de más, he modificado el blog y aunque es muy poco lo que he hecho sí puedo decir que me ha costado lo mío. Entré en un submundo denominado la odisea de los fondos e imágenes, y como no lo tenía nada claro lo cambié mil veces. Si en estas semanas habéis entrando por vuestra casa; ésta. Daréis fe de ello. Y es que no sabía por donde cogerlo y nunca terminaba de gustarme. ¿A quién se le ocurre darme ideas para que cambie la imagen del blog? Pues en este caso tiene nombre y apellidos, nuestro querido compañero Ramón Márquez Ruiz, me ayudó y proporcionó unas estupendas sugerencias, está claro que eran y serán mejor de lo que yo he hecho, pero por favor, ¡engañadme! Decid que os gusta, (modo exageración: on) podríais hundirme en la miseria.

¿Cómo lo hacéis? Incorporar una simple ventana o un dichoso margen, se ha convertido en un maquiavélico reto. Lo sé, el vaso estaba vacío y aun así me he ahogado, :) 
 
Los que me conocéis un poquito y compartís este valioso camino de letras y sobre todo de compañerismo, sabréis que no soy muy navideña, bajo el prisma en el que uno se vuelve terco, lo concibo como una condición que deberíamos tomar o <fijaros> si me pongo fuerte en este aspecto; una obligación (fea palabra) para todo el año. Estar presente para la familia, amigos, apreciar y valorar o simplemente dar la mano en conjunto, es una actitud, no una fecha. Para añadirle más dramatismo al asunto, soy cero consumista, si vierais mi móvil con sus largos años de vida y roído por uno de mis perros, os daríais cuenta hasta qué punto estoy en contra del gasto por el gasto. Y luego está el recuerdo de los que no están, hace que estas fechas se aplaquen entre sombras.
 
Pero el mes de diciembre y enero son meses que dispongo de pocas horas, porque otra vez me quejo, el trabajo me reclama, (¡seré lastimera!), así que la razón de esta entrada es básicamente que voy a estar ausente un tiempo y no puedo pasar sin decíroslo, nunca se sabe lo que nos acontecerá el mañana, por eso estoy aquí, para agradeceros todo el cariño que siempre me brindáis. ¡Gracias! Nunca imaginé que crear un blog fuera esto, algo tangible y grandioso; mis brazos no logran abarcar esta enorme emoción en un simple abrazo. Es precioso de verdad y me llena de energía, pero de la buena, buena. 
 
Desde que colgué la primera entrada a parte de lo que siempre repito, soy muy pesada, lo sé. Venga permitidme el gusto, la próxima vez quizás (no prometo nada) me lo guarde, no sabía nada de este mundo, con lo que me iba a encontrar o mejor; a quién, porque si tengo algo claro es que si vosotros no estuvieras presentes, esto, hoy, no sería igual. Soy bastante tímida y eso me ha jugado malas pasadas, como cederme más miedos de los necesarios o diremos bloqueos, pero si saltas el obstáculo, más tarde le sonríes y dices. ¿Qué tontería, verdad? Ahora lo sé, porque con vuestro aprecio una se siente como en casa, segura y feliz. 
 
Pero no diré mentiras, (las odio) he tenido varios parones, porque también soy bastante mía, individualista, de alimento interior y a veces necesito del silencio para encontrarme. Buscar un patrón a seguir, porque de tanto en tanto siento que me pierdo, divago demasiado, qué se le va hacer. Y la parte racional que habita muy adentro necesita solidez. Vamos, que soy complicada. ¿Cómo me aguantáis? ;) 
 
Y llegó el momento confidencia, disculpad esta entrada sin sentido… pero es que a menudo no se trata de uno sino de quienes le rodean. Personalmente no me considero una romántica, pero si creo en el amor, en el eterno amor, y éste es amplio, no está señalado en una única dirección, no, está en todo lo que somos, hacemos, tocamos y respiramos. Nos envuelve, se palpa en el presente, en el esbozo que llamamos camino y andamos con él, muchas veces nos enfadamos porque las verdades cambian, las personas también lo hacen y estas nuevas situaciones se deben volver a amoldar, a complementar con aquel pasado que tan rápido le da por esfumarse, pero en este mal aprendizaje, (porque muchas veces, ya le vale) valoramos más todo lo que tenemos. Y yo, soy muy afortunada.

Va siendo hora de dar por finalizada esta extraña e insostenible enajenación con un GRACIAS, muchísimas gracias. Por hacer que mis pasos sean tan especiales, por los consejos que regaláis a mis letras, por el cariño de cada comentario, por estar aquí presentes, dando manos, cobijo, siempre me regaláis una sonrisa y esa amigos es toda vuestra. Espero de corazón que yo también os haya dado un poco de todo lo que vosotros me consentís a mí. 

Sed felices y disfrutad de las fiestas, ah… y también sed un poquito malotes, el pobre Grinch está infravalorado, ;)
 
 
 
La imagen es lo que es, espero no haberme dejado a nadie, sé que no es muy bonita, pero una hace lo que puede, ¡palabra! Os intentaré leer, espero que pronto o entre tiempos.
 
Muchos besos y abrazos.
 

lunes, 20 de noviembre de 2017

Reseñando, ¿me habré vuelto Absurda? - Pedro Fabelo

Antes de empezar tengo que hacer un inciso o mejor todavía, un gran, grandioso recordatorio; a mí reseñar no se me da nada bien, pero nada de nada. Puedo decir que leo, que me ha parecido esa lectura, hasta podría atreverme a recomendarla a otros, pero no mucho más, por suerte tenemos a otros grandes blogueros que sí lo hacen; extraen, recomiendan y yo puedo garantizar que mis lecturas en la última época (la gran mayoría) venga va… sinceridad, casi todas; todas, han sido gracias a ellos.

Pero mira por donde nuestro querido Pedro Fabelo, me pidió que una vez leyera sus letras le escribiera unas líneas. ¿Cómo se le pudo ocurrir semejante despropósito? No tengo ni idea. Lo que si sé es que no pude negarme, ¿cómo hacerlo? A ver quién se atreve a decirle que no a este gran escritor. ¿Lo veis? Lo que yo decía.

Y es que todo empezó con un agradecimiento y un avance de sus letras, un plan estratégico infalible muy al estilo Dr. Maligno, ya que a raíz de allí y yo como fiel seguidora de su blog https://pedrofabelo.blogspot.com.es/, y sus textos, (no olviden pasar por allí), acabé realizando la compra y no de uno, no, no, sino de dos de sus libros publicados hasta la fecha:

―Absurdamente. Antología del absurdo Vol. I

―Absurdamente. Antología del absurdo Vol. II

¿Qué encontraremos en ellos? Pues como ya explica el propio autor será la recopilación de diferentes piezas de humor absurdo, ironía, sarcasmo y citándole; en el segundo volumen se añadieron varias piezas totalmente inéditas.

Y ahora la parte en la que explico que me pasó a mí al leer sus libros: empezaré diciéndoos que en un fin de semana quedaron totalmente fulminados y que quedé con ganas de más, eso como ya sabréis es muy buena señal, ¿verdad? Un síntoma seguro de que la lectura es buena. Pero no solo encontraremos humor entre sus letras, hay mucho más, crítica social y económica de la inteligente que se viste de sonrisa y encima te la regala. Emoción de la bonita, y no quiero destripar el libro que es el miedo que tengo al escribir esta humilde opinión, pero hay un relato sobre Robin Williams que los que apreciamos y recordamos con cariño a este gran actor, enternece. Hallaremos relatos y microrrelatos sobre tolerancia, tópicos, diversidad, comprensión y cuentos con finales diferentes a lo esperado, estos últimos mejorados. Muy mejorados. Y hasta hay incursiones de filósofos, ¡qué suerte tiene Pedro! Ya querría yo comentar más de una cita con alguno de ellos.


En el segundo volumen, eso sí, se percibe más a la persona que se esconde detrás de las palabras, así que para finalizar y espero no haberte defraudado, le tengo que dar las gracias a esa Olympia años 70, a ella y su procedencia le debemos agradecer hoy tus historias.


Por lo tanto si os encontráis en uno de esos días grises, que a uno aunque se niegue a reconocerlo le acompañan algunas veces como a una mala sombra, que mejor que reír y para ello Pedro Fabelo nos facilita la tarea, sí, sí, no lo duden. Alegría garantizada totalmente concebida por el autor.


 
 Y pronto, muy pronto... haré otra (NO) reseña de otros grandes amigos blogueros.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Un regreso con lectura



Hoy voy a ser crítica y no con el entorno, el pobrecillo no me ha hecho nada de nada, sino conmigo misma. Hay una cosa que no se me da nada bien, y es controlar el tiempo, siempre me quejo de lo mismo pero no hay manera de que se porte como es debido y me permita hacer todo aquello que quiero o necesito, así que finalmente parte del mes agosto me tomé un respiro, para mí. Desde el principio eso sí, le dejé un mensaje bien claro: Mira chico, estas semanas son mías así que lo mejor que puedes hacer es desaparecer y dejarme disfrutar un poco. 

Y me tomó en cuenta, vaya que lo hizo.  

Así que ahora me encuentro de vuelta, rutina, trabajo, estudio, la vida… 
Y la depresión postvacacional está haciendo de las suyas, porque la ubicación está perdida entre obligaciones y deseo. 

Pero siguiendo, ¿qué he hecho estas semanas? Sobre todo leer, (vale y vaguear, ¡mucho!) y como todavía me siento entumecida y creo que mi imaginación anda inexistente y sobrepasada entre silencios, haré un pequeño resumen de las lecturas y podréis comprobar que muchas de ellas son recomendaciones de compañeros.

Por orden de lectura:

Kant y el vestido rojo de Lamia Berrada-Berca


 
 
Es una recomendación de Ziortza Moya Milo, https://zmoyamilo.blogspot.com.es/2017/06/libro-kant-y-el-vestido-rojo.html casi, casi, lo deseché pero fui a la librería y apareció. Eso sin ninguna duda fue una llamada, porque lo sé, estaba allí esperándome. Suerte la mía que lo cogí. Es liberador.
 
 
Poesía entre Altibajos de Flora Rodríguez
 


Este libro es de nuestra querida amiga y compañera Flora Rodríguez, https://elmundoentrealtibajos.wordpress.com/libros/, las palabras se expanden con la emoción de verse cobijazas entre ellas. Flora sabe hacerlo, toca el alma entre versos. No digo más, bueno sí, ¿todavía no lo tienes?
 
 
Perdón de Ida Hegazi Høyer
 

Yo por desgracia no tengo la suerte de saber realizar reseñas dignas para ser leídas, ni apreciadas. Pero este libro dentro de su contexto y la dureza que contiene, deja un halo de comprensión. Muy recomendado, palabra.
 
Tarde, mal y nunca de Carlos Zanón
 

No suelo leer novela negra, sobre todo por la crudeza que destila y en mi perspectiva juiciosa ver ese lado virulento de la sociedad, hace que me contenga (y muchas veces aparte) porque no hay manera que logre comprender sus razones. Pero una vez lo cogí no lo solté.
Sobran las palabras.
 
Orgullo y prejuicio de Jane Austen
 
 
Necesitaba con urgencia una dosis de romanticismo eso sí del bueno, aunque ya lo había leído en otras ocasiones, no pude resistirme de nuevo y a parte tenía doble aliciente ya que compré el de la imagen (la tapa es preciosa), y bueno falta decir que Marigem Saldelapuro, nos induce a ello solo hay que leer su blog y lo descubriréis, ;)
 
¿Y ahora qué pasa, ya no lees?  
 
Pues sí, me encuentro inmersa en lectura de La vida invisible de Eurídice Guimäo de Martha Batalha, la responsable es Kirke Libris y su reseña http://buscapina7.blogspot.com.es/2017/06/la-vida-invisible-de-euridice-guimao.html.
 
 
 
A parte tengo otros adquiridos y regalados (¡Gracias!) que están pendientes. Como veréis intento alternar géneros, así siempre estoy abierta a más. Porque las palabras no limitan, expanden.  
 
¿Y vuestras vacaciones cómo han ido? 
 
Yo ahora me voy a pelear con las musas, ¡será posible!
Nunca, nunca, estamos contentos, ;)
 

martes, 23 de mayo de 2017

Escalerillas







Día 153, silencio, ¿será posible? 

Me preparo, ¡dispara chica! 

Lo noto sí, los músculos entumecidos, las rotaciones no andan como debería, ¿Qué me pasa? Me siento oxidada, perdida, a ver busca… un momento, ¡haz el favor de tropezar con un sinónimo contextuado! ¡Dios mío, no!!! He perdido palabras, tecleo, tecleo y nada. 

Va Irenita que no puede andar todo tan perdido, empieza de nuevo, ¿lo ves? Mucho mejor. Respiro profundamente, giro el cuello de un lado a otro, que no se diga que no he visto todas las de Rocky, ¡Ja! A mi lado Stallone, es sin duda una animalillo indefenso. 

Bien, ordenador, plantilla de Word no vas a terminar con mi capacidad creativa, esa blancura que ensalzas como una sonrisa macabra provista únicamente de desconcierto, no logrará menguar las ganas que tengo de plantarte cara. 

Un calambre, ¡maldita sea! ¿Se puede tener agujetas de darle tanto al retroceso en el teclado? Que no, que no te tengo miedo, estos pasitos que estamos dando se afianzan de una manera que nadie va a lograr desquitar. 

¿Quién ríe ahora musa-word?  

Este pulso como ya te lo dije, mío será.
¡Qué flato tengo, válgame señor! 

Entonces qué, ¿lo intentamos de nuevo?