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jueves, 7 de enero de 2021

Tibieza

 



Brota el desapego, de aquel, aquél; silencio compactado en la mentira, del retorno que nunca debió descubrirse. Necesidad, la caricia de la palabra que traiciona la belleza, hormigueo incesante, miedo, ingratitud a la ingratitud y más mentiras, continuas, abrasadoras, temerosas que terminan por verse envueltas en la nostalgia del pasado, del fracaso sufragado por la culpa. Ahí, es ahí donde uno se encuentra. Viciada, rebajada y en la sombra.

 

¿Qué se añora? ¿Qué?

 

Burla por todas aquellas hojas que se aglomeraron ansiosas de ser, de tocarse entre las distintas emociones, puntos indefinidos que finalmente fueron convertidos en inexistencia, hipocresía. Y es que el amor a la escritura no debe ser mostrado de esta manera. Pecado sumado a otros desajustes y a la tara de la desidia. Promesas rotas, lazos quebrados que enardecen en cada mutismo. Y aun sabiendo que no se tiene derecho, regresa, esta vez más escondida que en su ayer, menos pulcra, honrosa y digna. Está aquí, sencillamente aquí.



viernes, 22 de septiembre de 2017

La indiferencia del amor




Hablan, pero no se comprenden. Miran, pero ya no se ven. El tacto ha quedado relegado, lejano en esta historia, donde el final aparece fronterizo. Y es que en este momento solo les queda la nada de un pasado que pudo haber sido, pero finalmente no lograron cimentar.

 ∞

El amor es difícil, Carmen lo sabía, no se mentía al respecto. Lo adivinaba como etapas donde la paciencia y el hábito van de la mano, pero todos aquellos peajes que se iban perdiendo hacían que el tiempo malgastara la razón. En ese momento se encontraban galopando entre perdones y promesas incumplidas, eso le provocaba resentimiento, más bien, aborrecía a la persona que dormía profundamente a su lado. Y no lograba comprender como todas las preocupaciones que tanto la perturbaban, él simplemente las dejaba pasar. Ahora, toda aquella simpleza que antes la había llenado o dado la tranquilidad que creía como correcta, se le tornaba carente, diluida, insostenible. No tuvieron hijos, fue una elección o quizás la naturaleza obró para ese fin y ellos tomaron su palabra como propia, exponiéndola a unos y a otros que así lo habían elegido. Lo que no esperaban es que aquello en vez de unirlos, terminaría por separarlos. ¿Cuánto tiempo se puede guardar una mentira? Días, meses, años, pero el silencio de la emoción no expresada siempre termina por germinar en desdicha. Y Carmen ya no podía guardar nada para ella, su mundo interior andaba enfadado, gritaba, exponía en un sin sentido la frustración. El maltrato verbal asomó con fuerza, la cruel indiferencia se mostró hiriente. Y los días precederos a esa tormenta interior se mostraron con una fría y simple nota.
 
<<Pablo, lo nuestro ha terminado. Adiós>>

∞

Nada más, solo seis palabras. Esa nota fue la responsable de desencadenar lo que hoy es ese hombre, antes imperturbable hoy vil.  Los días que siguieron fueron un despertar para Pablo, lo primero que pensó es que Carmen volvería, no tenía donde ir, no era una mujer dada a las relaciones, así que con pocos amigos podía contar. Eso le dejó muy tranquilo, con solo rozar ese pensamiento la perdonó y se prometió que cuando regresara nunca se lo echaría en cara. Pero las semanas se sucedieron impávidas, y noviembre llamó a su puerta, en ese momento el perdón ya no estaba tan cercano, todo lo contrario, empezó a engendrar un sentimiento desconocido, que arañaba la superficie pidiendo permiso para salir. Pero aun así, siguió sereno, comprensivo, callado. Hasta el día clave, el día que se conocieron, el veinte de noviembre. Se sacudió del molesto duermevela y lo que tanto había callado salió con desmesura, mudando en rencor. ¡Lo habían abandonado! A él, que le dio su vida, que le permitió manejarla a su antojo, él, que había renunciado a las elecciones, para cederle el único mando. Carmen era la culpable. Le había hecho perder todo lo que pudo ser y no fue. Y la buscó, fue entonces cuando la buscó, cogió el teléfono, marcó los números y para su desventura le respondió.  

—¿Carmen? ¿Carmen? ¿Estás ahí?

—Si, ¿qué quieres?

—No estás en casa, ¡no estás en casa!

—Pablo, hace dos meses que me fui. Por favor, no me digas que ahora te has dado cuenta.

—Tienes que volver.

—No.

—¿Cómo que no? Tienes que volver, todo esto no tiene sentido.

—Sé que para ti nada tiene sentido, pero no puedo volver. Es tarde para nosotros. Nunca fuimos felices.

—Pero yo te necesito, ¡y tú también! Llevamos quince años juntos, ¡joder! ¿Cómo cojones puedes decir que nunca fuimos felices?

—Porque es así, nos conformamos con compartir la vida pero olvidamos que también teníamos que respirar.

—Deja de decir tonterías y dime donde estás que voy a buscarte. ¡Dímelo!

—Sé feliz, Pablo. 

Y colgó. Por más que llamó y llamó, nunca más atendió a su llamada. Al tiempo, el número simplemente dejó de existir. Y del rencor pasó a un ferviente odio, culparla de su miseria era más fácil que afrontar la realidad de su vida. Ya no había lógica, no confiaba en los demás, nada se sostenía, todo se había vuelto extraño. La bebida fue la solución escogida, el camino fácil se dijo, la compañera que creyó que nunca le mentiría.

∞

Carmen muy al contrario empezó a buscar parte de la vida que había perdido, para reencontrarse con su pasado y averiguar quien era ella en este presente. No lo tuvo fácil, pero no se rindió. Sentía que todos aquellos baches le daban más fuerza, era todo un reto salir de la zona de confort y luchar por uno mismo. El tiempo fue el encargado de que ella acariciara aquello que llaman felicidad, sintiendo que ahora formaba parte de algo. Que su mundo antes silencioso se volvía sólido, tangible, real. 
 

∞
 


Los meses dejaron paso a los años, y aquel hombre que un día despertó sumergido en oscuridad, se encontró frente al espejo del baño observando su dejadez. Ya no había excusas, era él, su imagen y en lo que se había convertido. Y lloró, pero no se justificó por ello, ni tampoco buscó culpables, solo lloró. Sus mentiras quedaron relegadas y comprendió que la vida desde el principio era suya y no de otros. Apartó el caos a manotazos, lavándose la cara con furia, arañándose la piel, buscándose muy adentro y lo consiguió, se vio. La emoción le hizo despertar pero esta vez de verdad, el primer día de Pablo fue subir ese pequeño peldaño que lo alejaría de la desidia. Porque observándose encontró a su propia verdad, sin culpables, sin excusas, solo a él.


Relato presentado en el: , concurso literario mensual.
 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Un regreso con lectura



Hoy voy a ser crítica y no con el entorno, el pobrecillo no me ha hecho nada de nada, sino conmigo misma. Hay una cosa que no se me da nada bien, y es controlar el tiempo, siempre me quejo de lo mismo pero no hay manera de que se porte como es debido y me permita hacer todo aquello que quiero o necesito, así que finalmente parte del mes agosto me tomé un respiro, para mí. Desde el principio eso sí, le dejé un mensaje bien claro: Mira chico, estas semanas son mías así que lo mejor que puedes hacer es desaparecer y dejarme disfrutar un poco. 

Y me tomó en cuenta, vaya que lo hizo.  

Así que ahora me encuentro de vuelta, rutina, trabajo, estudio, la vida… 
Y la depresión postvacacional está haciendo de las suyas, porque la ubicación está perdida entre obligaciones y deseo. 

Pero siguiendo, ¿qué he hecho estas semanas? Sobre todo leer, (vale y vaguear, ¡mucho!) y como todavía me siento entumecida y creo que mi imaginación anda inexistente y sobrepasada entre silencios, haré un pequeño resumen de las lecturas y podréis comprobar que muchas de ellas son recomendaciones de compañeros.

Por orden de lectura:

Kant y el vestido rojo de Lamia Berrada-Berca


 
 
Es una recomendación de Ziortza Moya Milo, https://zmoyamilo.blogspot.com.es/2017/06/libro-kant-y-el-vestido-rojo.html casi, casi, lo deseché pero fui a la librería y apareció. Eso sin ninguna duda fue una llamada, porque lo sé, estaba allí esperándome. Suerte la mía que lo cogí. Es liberador.
 
 
Poesía entre Altibajos de Flora Rodríguez
 


Este libro es de nuestra querida amiga y compañera Flora Rodríguez, https://elmundoentrealtibajos.wordpress.com/libros/, las palabras se expanden con la emoción de verse cobijazas entre ellas. Flora sabe hacerlo, toca el alma entre versos. No digo más, bueno sí, ¿todavía no lo tienes?
 
 
Perdón de Ida Hegazi Høyer
 

Yo por desgracia no tengo la suerte de saber realizar reseñas dignas para ser leídas, ni apreciadas. Pero este libro dentro de su contexto y la dureza que contiene, deja un halo de comprensión. Muy recomendado, palabra.
 
Tarde, mal y nunca de Carlos Zanón
 

No suelo leer novela negra, sobre todo por la crudeza que destila y en mi perspectiva juiciosa ver ese lado virulento de la sociedad, hace que me contenga (y muchas veces aparte) porque no hay manera que logre comprender sus razones. Pero una vez lo cogí no lo solté.
Sobran las palabras.
 
Orgullo y prejuicio de Jane Austen
 
 
Necesitaba con urgencia una dosis de romanticismo eso sí del bueno, aunque ya lo había leído en otras ocasiones, no pude resistirme de nuevo y a parte tenía doble aliciente ya que compré el de la imagen (la tapa es preciosa), y bueno falta decir que Marigem Saldelapuro, nos induce a ello solo hay que leer su blog y lo descubriréis, ;)
 
¿Y ahora qué pasa, ya no lees?  
 
Pues sí, me encuentro inmersa en lectura de La vida invisible de Eurídice Guimäo de Martha Batalha, la responsable es Kirke Libris y su reseña http://buscapina7.blogspot.com.es/2017/06/la-vida-invisible-de-euridice-guimao.html.
 
 
 
A parte tengo otros adquiridos y regalados (¡Gracias!) que están pendientes. Como veréis intento alternar géneros, así siempre estoy abierta a más. Porque las palabras no limitan, expanden.  
 
¿Y vuestras vacaciones cómo han ido? 
 
Yo ahora me voy a pelear con las musas, ¡será posible!
Nunca, nunca, estamos contentos, ;)
 

miércoles, 28 de junio de 2017

Alma

“Ahora, con más años por detrás que por delante, los misterios se desvelaron”. O al menos eso le dijo el último cirujano que la operó. Ella quería ser linda como antaño, guardaba el recuerdo de un tiempo donde los hombres se peleaban por ganarse su afecto, ahora en cambio, su único hijo deseaba deshacerse de ella, dejarla abandonada en el retiro de cuatro paredes malolientes y que ni la memoria de su persona se conservara.

Su querida abuela, como la extrañaba, siempre le decía.

—Pequeña el tiempo no perdona y también pasará para ti, busca el que ame tu alma.

Pero con una belleza deslumbrante lo único que coleccionó fueron hombres poderosos. Que la proveyeron de joyas, ropajes, seguridad, recuerdos vacíos que ahora a golpe de bisturí intentaba rememorar.

Y se acordó de él, Pablo, su verdadero amor. No tenía dinero, ni posición, ni futuro, pero su cariño, sus besos, era lo único hermoso que conservaba y la hacía perdurar en ese sombrío lugar en el que se hospedaba. Hacía diez años que había fallecido, se lo comentó una conocida, como de pasada, y lloró desconsoladamente aquella pérdida. Ella que lo renegó, deseó con todas sus fuerzas que otro pasado aconteciera a esta penumbra que ahora la alcanzaba.

Observándose en el espejo, lo veía, claro que lo veía, su mirada en otra época vivaz, estaba cansada, el tiempo no remitía y se desvanecía.

Aquel doctor no estaba bien valorado, pero después de tantas intervenciones y a su edad, no le quedaban opciones. Los profesionales se negaban a asistirla, en cambio ese hombre en cuanto le enseñó la chequera, tardó poco en presupuestarle unas nuevas inyecciones. Todo tenía un precio.

Recostándose en aquella cochambrosa camilla, divagó y soñó con él, una mano que la sostenía y un quizás con nombre a eternidad se alzó en ese último suspiro.




Relato que presenté en la Comunidad Escribiendo que es gerundio <Todo comienza con una frase>.

martes, 23 de mayo de 2017

Escalerillas







Día 153, silencio, ¿será posible? 

Me preparo, ¡dispara chica! 

Lo noto sí, los músculos entumecidos, las rotaciones no andan como debería, ¿Qué me pasa? Me siento oxidada, perdida, a ver busca… un momento, ¡haz el favor de tropezar con un sinónimo contextuado! ¡Dios mío, no!!! He perdido palabras, tecleo, tecleo y nada. 

Va Irenita que no puede andar todo tan perdido, empieza de nuevo, ¿lo ves? Mucho mejor. Respiro profundamente, giro el cuello de un lado a otro, que no se diga que no he visto todas las de Rocky, ¡Ja! A mi lado Stallone, es sin duda una animalillo indefenso. 

Bien, ordenador, plantilla de Word no vas a terminar con mi capacidad creativa, esa blancura que ensalzas como una sonrisa macabra provista únicamente de desconcierto, no logrará menguar las ganas que tengo de plantarte cara. 

Un calambre, ¡maldita sea! ¿Se puede tener agujetas de darle tanto al retroceso en el teclado? Que no, que no te tengo miedo, estos pasitos que estamos dando se afianzan de una manera que nadie va a lograr desquitar. 

¿Quién ríe ahora musa-word?  

Este pulso como ya te lo dije, mío será.
¡Qué flato tengo, válgame señor! 

Entonces qué, ¿lo intentamos de nuevo?
 
 
 

lunes, 7 de noviembre de 2016

El bosque

Aquellas tierras aguardaban secretos, todos lo sabíamos. Generación tras generación se nos hacía participes de ellos y los conservábamos. Ante los ojos ajenos se conocían como cuentos populares, leyendas e historias inconexas de un tiempo antiguo e indeterminado donde el pasado era tan lejano como irreal.
Aún recuerdo como en el colegio se trataba de una lectura obligatoria, a los recién llegados no les hacia ninguna gracia que sus hijos tuvieran una asignatura de literatura donde el tema principal eran las brujas, escobas mágicas, gatos y hechizos, se quejaban de que la imaginación de estos se desbordaba. Que adquirirían un lenguaje y escritura curiosa y su comportamiento se volvía muy extraño, sobre todo la noche del 31 de octubre, ¡qué tontería!
Si bien lo intentaron en varias ocasiones no pudieron frenar las tradiciones, y esa fue la suerte de muchos chicos. Porque aunque seas conocedor de la historia sin el miedo de vivir en primera persona la verdad de esta, brota la desgracia cuando el temor no te hace partícipe.
Esta es la leyenda de Brian un chico delgaducho y poco dado a hacer amigos. Su madre lo reñía por esto último, así que para hacerla feliz pasaba largas horas en el riachuelo cercano al bosque. Cada día al salir del colegio y cargado con su cuaderno de pintura se situaba debajo del árbol más frondoso, y con la relajación que le proporcionaba el sonido del agua realizaba miles de dibujos. Hasta aquella tarde, escuchó un murmullo lejano como un cántico que lo atraía. La curiosidad le pudo y adentrándose con pequeños pasos se dirigió al bosque hasta toparse con un juglar, que se hizo llamar el Poeta.
-          ¡Chico! ¡Corre! ¡Vete! No deberías estar aquí.
 
-          ¿Tú también Poeta? Sólo son viejos cuentos, mentiras para aterrorizarnos a los más pequeños. En este pueblo nunca pasa nada.

-          Ay chico, puedo asegurarte que no son embustes, si esas viejas brujas te ven no podrás salir nunca más de este bosque, o quién sabe puede que te caiga un peor castigo al haber entrado en la que es su casa, y te conviertan en una seta o una calabaza.

-          No te creo, en el colegio se nos aseguró que solo cruzar el arroyo se nos caería un rayo y como ves estoy vivo, ¡no me ha pasado nada!

-          Mira, yo de ti saldría corriendo antes de que sea tarde, te aseguro que todo lo que se cuenta es verdad pero por alguna extraña razón a ti aún no te han detectado, es tu oportunidad de huir antes de que sea tarde. ¡Corre y vete! ¡Haz caso de este viejo!
Pero no le dio tiempo ni a contestar, tal cual se dijeron estas últimas palabras de la nada  apareció una dríade de pelo cobrizo y ojos gatunos que saboreándose se dirigió a Brian.
-          Pero que tenemos aquí. ¿No te han avisado que no puedes entrar en el bosque? ¿O es que eres demasiado tonto y valiente para no acatar las normas de tus mayores? Hoy te haré aprender la lección, sufrirás tu desdicha pequeño Brian un castigo digno para el que no escucha de advertencias.
 
-          Pero... ¿pero cómo sabes mi nombre? – Atinó a decir, aun sintiendo que sus piernas no le sostenían por el temblor de verse sentenciado.

-          Yo lo sé todo, y hoy serás mi ungüento para la eterna juventud. Despídete juglar y continúa cantando ya sabes el trato, sigue atrayendo a imprudentes y yo seguiré perdonado tu insignificante vida.

-          Si ama. Lo siento chico, intenté avisarte.
Como si de una exhalación se tratara Brian y la bruja, desaparecieron.




Cuento presentado en la Comunidad de Relatos Compulsivos, para el CERTAMEN ESPECIAL DE SAMAIN. Palabras obligatorias: lenguaje, poeta, escritura, literatura, lectura, dibujo.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Café, ÉL

Tiempo de empezar,
Tiempo de empobrecernos.
Tiempo de consecuencias.
 
Aquel café que tomamos entre penumbras, nos supo a agrio y destemplo.
Frialdad abrigada, guiones privados de argumento, excusas sobrantes.
Tres tiempos, algunos meses y muchos adioses.
 
Tiempo de volver.
Tiempo de resurgir.
Tiempo de perdones.
 
Miradas huidizas, bosquejos que hablaron más que la propia voz.
Reservas dañinas, refugios sin nombre, vuelta esperanzada.
Tres tiempos, algunos meses y muchos hasta pronto.
 
Tiempo de ahora.
Tiempo de promesas.
Tiempo de palabras.
 
No hay cura, sólo ese lapso.
Un hoy, quien sabe del mañana, ¿Quién?
Tres tiempos, algunos meses y un volvemos.