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jueves, 23 de noviembre de 2017

La sentencia


―¡Ahora! ¡Hazlo! ―Gritó Garrod.

Jimmy a duras penas podía sostener la pistola, cuánta más presión sentía más de cerca lo achacaban los temblores. Maldita enfermedad. Su presencia cada vez era más fuerte. Por eso tenía que hacerlo, debía terminar con ese cabrón antes de que su último aliento lo alcanzara. Pero incluso sabiéndolo seguía conservando un resquicio de humanidad que le impedía apretar el gatillo.

―No puedo, ¡joder! ―Gruñó.

―Dame el arma y lárgate. ¡Rápido! Las patrullas están cerca y recuerda; intentó escapar.

Mientras Jimmy se alejaba escuchó a su compañero decir; este es tu final.



Relato presentado en la Comunidad: Escribiendo que es gerundio <Con cien palabras o menos>

viernes, 22 de septiembre de 2017

La indiferencia del amor




Hablan, pero no se comprenden. Miran, pero ya no se ven. El tacto ha quedado relegado, lejano en esta historia, donde el final aparece fronterizo. Y es que en este momento solo les queda la nada de un pasado que pudo haber sido, pero finalmente no lograron cimentar.

 ∞

El amor es difícil, Carmen lo sabía, no se mentía al respecto. Lo adivinaba como etapas donde la paciencia y el hábito van de la mano, pero todos aquellos peajes que se iban perdiendo hacían que el tiempo malgastara la razón. En ese momento se encontraban galopando entre perdones y promesas incumplidas, eso le provocaba resentimiento, más bien, aborrecía a la persona que dormía profundamente a su lado. Y no lograba comprender como todas las preocupaciones que tanto la perturbaban, él simplemente las dejaba pasar. Ahora, toda aquella simpleza que antes la había llenado o dado la tranquilidad que creía como correcta, se le tornaba carente, diluida, insostenible. No tuvieron hijos, fue una elección o quizás la naturaleza obró para ese fin y ellos tomaron su palabra como propia, exponiéndola a unos y a otros que así lo habían elegido. Lo que no esperaban es que aquello en vez de unirlos, terminaría por separarlos. ¿Cuánto tiempo se puede guardar una mentira? Días, meses, años, pero el silencio de la emoción no expresada siempre termina por germinar en desdicha. Y Carmen ya no podía guardar nada para ella, su mundo interior andaba enfadado, gritaba, exponía en un sin sentido la frustración. El maltrato verbal asomó con fuerza, la cruel indiferencia se mostró hiriente. Y los días precederos a esa tormenta interior se mostraron con una fría y simple nota.
 
<<Pablo, lo nuestro ha terminado. Adiós>>

∞

Nada más, solo seis palabras. Esa nota fue la responsable de desencadenar lo que hoy es ese hombre, antes imperturbable hoy vil.  Los días que siguieron fueron un despertar para Pablo, lo primero que pensó es que Carmen volvería, no tenía donde ir, no era una mujer dada a las relaciones, así que con pocos amigos podía contar. Eso le dejó muy tranquilo, con solo rozar ese pensamiento la perdonó y se prometió que cuando regresara nunca se lo echaría en cara. Pero las semanas se sucedieron impávidas, y noviembre llamó a su puerta, en ese momento el perdón ya no estaba tan cercano, todo lo contrario, empezó a engendrar un sentimiento desconocido, que arañaba la superficie pidiendo permiso para salir. Pero aun así, siguió sereno, comprensivo, callado. Hasta el día clave, el día que se conocieron, el veinte de noviembre. Se sacudió del molesto duermevela y lo que tanto había callado salió con desmesura, mudando en rencor. ¡Lo habían abandonado! A él, que le dio su vida, que le permitió manejarla a su antojo, él, que había renunciado a las elecciones, para cederle el único mando. Carmen era la culpable. Le había hecho perder todo lo que pudo ser y no fue. Y la buscó, fue entonces cuando la buscó, cogió el teléfono, marcó los números y para su desventura le respondió.  

—¿Carmen? ¿Carmen? ¿Estás ahí?

—Si, ¿qué quieres?

—No estás en casa, ¡no estás en casa!

—Pablo, hace dos meses que me fui. Por favor, no me digas que ahora te has dado cuenta.

—Tienes que volver.

—No.

—¿Cómo que no? Tienes que volver, todo esto no tiene sentido.

—Sé que para ti nada tiene sentido, pero no puedo volver. Es tarde para nosotros. Nunca fuimos felices.

—Pero yo te necesito, ¡y tú también! Llevamos quince años juntos, ¡joder! ¿Cómo cojones puedes decir que nunca fuimos felices?

—Porque es así, nos conformamos con compartir la vida pero olvidamos que también teníamos que respirar.

—Deja de decir tonterías y dime donde estás que voy a buscarte. ¡Dímelo!

—Sé feliz, Pablo. 

Y colgó. Por más que llamó y llamó, nunca más atendió a su llamada. Al tiempo, el número simplemente dejó de existir. Y del rencor pasó a un ferviente odio, culparla de su miseria era más fácil que afrontar la realidad de su vida. Ya no había lógica, no confiaba en los demás, nada se sostenía, todo se había vuelto extraño. La bebida fue la solución escogida, el camino fácil se dijo, la compañera que creyó que nunca le mentiría.

∞

Carmen muy al contrario empezó a buscar parte de la vida que había perdido, para reencontrarse con su pasado y averiguar quien era ella en este presente. No lo tuvo fácil, pero no se rindió. Sentía que todos aquellos baches le daban más fuerza, era todo un reto salir de la zona de confort y luchar por uno mismo. El tiempo fue el encargado de que ella acariciara aquello que llaman felicidad, sintiendo que ahora formaba parte de algo. Que su mundo antes silencioso se volvía sólido, tangible, real. 
 

∞
 


Los meses dejaron paso a los años, y aquel hombre que un día despertó sumergido en oscuridad, se encontró frente al espejo del baño observando su dejadez. Ya no había excusas, era él, su imagen y en lo que se había convertido. Y lloró, pero no se justificó por ello, ni tampoco buscó culpables, solo lloró. Sus mentiras quedaron relegadas y comprendió que la vida desde el principio era suya y no de otros. Apartó el caos a manotazos, lavándose la cara con furia, arañándose la piel, buscándose muy adentro y lo consiguió, se vio. La emoción le hizo despertar pero esta vez de verdad, el primer día de Pablo fue subir ese pequeño peldaño que lo alejaría de la desidia. Porque observándose encontró a su propia verdad, sin culpables, sin excusas, solo a él.


Relato presentado en el: , concurso literario mensual.
 

lunes, 8 de febrero de 2016

Acto I

Desencadenas en mí el odio que niego sentir.
Burbuja chispeante cual hedor rechazo
Recelo al verme envuelta en tu eternidad. 

¿Qué será de mí si solo estás tú?
Habitas cual gobernante con un manto de incertidumbre.
Robando el poco tiempo que se guarda como vida. 

Si tú, el que cree que maneja los hilos.
El que arrebata a su paso, tú y solo tú.
¡Maldito destino! 

Tejedor de almas sin escrúpulos.
Sentencio tu rumbo, finalizando en este acto.
Hoy saciaré mi sed. 

Porque sí, ella también habita en mí.
Arrebatos de furia que desgarran las entrañas.
Transformando su ansia en lágrimas proveedoras de vida. 

Entre murmullos revelo su presencia.
Advierto su calidez y la reconozco.
Solo a ella, a la libertad.
 


jueves, 24 de septiembre de 2015

Arcanos

Secretos que purgan las culpas de otros.
Miran con rencor al portador de su desdicha.
Simplicidad promovieron por su causa.
Nadie los quiso escuchar.
Indiferencia, almas privadas de aprecio. 

Corroídos por la rabia de verse expuestos, frágiles, sin puertas ni ventanas.
Huyeron despavoridos al menor resquicio de fulgor, vislumbrado por sus pequeñas cuencas.
Llenos de odio juraron un pacto de venganza.
Por un pasado lleno de nombres malditos, de sucesos desamparados. 
 
De un solitario confinamiento.
Nadie tornará a enredar en sus insignificantes juegos.