Un extraño mutismo se manifiesta en
la vivienda de los Flores, un hogar cruel, desquiciado y sucio, pero para no convocar
a los demonios se mantiene inerte, apático, callado…
∞
―José, un
momento, a ver, espera, que me estoy crispando. De verdad te crees que esa mísera
ambientación va a llamar la atención de nadie. Dios mío, es que ya ni te
esfuerzas. Solo has vendido un borrador en tu vida y desde entonces, ¿qué
ofreces? ¿Qué? ¿Un hogar desestructurado? ¡Basura! Basura repetitiva que seguro
que ni llantera produce.
―Pero
mujer, déjame continuar. Dame una oportunidad, esta vez vale la pena. Joder, es que nunca me apoyas.
―¿Qué no te
apoyo? Chaval, llevo cuatro años manteniéndote a ti y a tus supuestos delirios de
escritor, no vendes historias, no ofreces nada más que humo y hojas en blanco,
y de estas gastamos muchas. Miles de ellas, pero sin firma. Así que no me
vengas con tonterías, porque mira que te echo y ni pestañeo.
―Ey,
nenita, vamos, vamos, no te pongas así, es que estoy muy emocionado, por favor,
tú solo escucha.
―Vuelve a
llamarme nenita y no tienes piernas para correr. Adelante, sigue, sorpréndeme. Espero
que sea tan bueno como dices.
∞
Silencio que se rompe con una
pregunta.
∞
―¿Una
pregunta? Que mierda es eso. Preguntas
las que te voy a empezar a hacer yo, qué digo hacer, exigir. No puedo con esto,
no puedo, me frustras, me has estropeado, me has convertido en una amargada, en
tu benefactora. La que te llena ese buche seboso en el que te has postrado.
¿Por qué a mí? ¿Por qué? Acaso no soy buena persona, no me preocupo de ceder el
asiento en el autobús. Coño, si hasta
les doy la moneda que me sobra del carrito de la compra al indigente del
supermercado. Y qué he conseguido con eso, a ti, a tener un caradura que me
está chupando hasta las entrañas.
―Pero,
pero… caramelito, no te pongas así,
somos uno, ¿recuerdas?
―¿Caramelito?
¿Caramelito? Me llamo Natalia, vuelve a ponerme un mote y no respondo, te
prometo que hoy salimos en las noticias y no porque te hayas hecho famoso, no,
porque te mato. Y dice que somos uno, ¡ja! Uno, sí, será esa la razón de que te
zampes todo lo que hay en la nevera, sin pensar en que yo también debo subsistir
y no morirme de inanición. Que te crees, ¿qué me alimenta tu supuesto amor? ¡Parásito!
Eso es lo que eres, un parásito intestinal que va a terminar conmigo. Me mato a
trabajar, lo hago todo y qué espero al llegar a casa, pues simple, que te hayas
largado, sí, justo eso, ¡que te largues de una vez!
―Vamos,
vamos, cálmate nen…, quiero decir Natalia, estamos nerviosos, son momentos muy
duros, pero si prestas atención terminarás sintiéndote muy orgullosa de mí. Es
un gran proyecto el que tengo entre manos, por una vez seré la mente pensante. El
que traiga el dinero a casa, podrás comprarte lo que quieras, no sé, ¿unos
zapatos?
―Zapatazo
el que te vas a llevar, me rindo, ya no puedo más, sigue de una vez. ¡Venga!
∞
La mujer pregunta por los perros, no
los encuentra, hace horas que ni siquiera los escucha.
∞
―Eso digo
yo, ¿dónde carajos están nuestros
perros? ¡Kiwi!, ¡Perlita!
―Es que no
te callas mujer, no dejas que la historia se explique sola, no permites que las
ideas se alienen y salgan en plenitud, esa ofuscación, esa negatividad con la
que te alimentas es la culpable de que no pueda escribir, es tu oscuridad la
que me impide ser un espléndido escritor. Yo, un grande, viviendo en la desgracia,
compartiendo mis cabales ideas con una necia que no quiere ver lo que tiene
delante.
―¿Perdona?
¿Mi oscuridad? Y tienes el valor de llamarme necia. Vago que eres un vago
zampabollos, maldito desagradecido, y ahora dime donde están los perros, ¿qué
has hecho con ellos? ¿Te los has comido? ¿Dónde están? No te lo preguntaré de
nuevo. Dímelo ya, que no respondo, ¡Kiwi!
¡Perlita! Perritos guapos, venid con mami.
Venid bonitos…
∞
Última escena se ve a una joven,
feliz, con ojos brillantes y emocionados, pensando que han sido los mejores
veinte euros gastados desde que inició la cuarentena. Alquilar a esos dos chihuahuas
y poder salir a la calle para pasearlos, es de lo más destacado que le ha sucedido en
los últimos tiempos. Siente pena por tener que devolverlos, pero le embarga cierta
tranquilidad el saber que ha reservado al propietario todos los jueves de
cuatro a cinco de la tarde. Lo que no espera es encontrarse ese escenario, se
ha pasado de tiempo, pero solo por diez minutos, entiende la desesperación, ella
está igual, lo que no concibe es como esa loca puede alzarse contra el hombre
de esa manera, un bloque de folios que en otra época fue de color blanco,
aterriza una y otra vez contra su cabeza, al grito de: ¡dónde están los perros!
Relato presentado en el: EL TINTERO DE ORO, concurso literario mensual.