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miércoles, 5 de marzo de 2025

Cortejos Shakespearianos

 




Ayyyyyy, de mí, llorona..

 

—Joder, Julieta. ¿Otra vez?

—Jamás lo entenderás, eres como una lagarto, tienes el corazón entumecido.

—Y, ¿me dirás por quién berreas?

—¡Eres cruel! Te gusta regodearte de mis desgracias.

—No, venga, Juli. Explícamelo.

—Por Martín, oh… con lo majo que es. Ese energúmeno ha puesto en redes que sale con una tal Vicenta, ¿te lo puedes creer?

—Bueno, no erais nada, así que…

—¡Cállate! Me enviaba señales, dejaba indirectas, me hacía sentir un pétalo delicado, para qué, para que hoy cambie su estado en redes. ¡Lo amaba!

—Claro, porque es guapo.

—¡No! Por su profundidad. Era todo perfecto, hasta que ha aparecido esa tiparraca. Nos ha truncado el final feliz. Pero quién está llorando, ¿quién? ¡Yo! Y ellos, haciéndose fotos y bien agarraditos de las zarpas. Me ha destrozado.

—Acabarás olvidándolo, recuerda al repartidor de pizza, según tú, te guiñaba el ojo, y el pobre lo que tiene es un tic, o el del bar, según tú, el café te lo decoraba por otras razones, o también…

—Según tú, según tú. Déjalo. No me comprendes. Además, eres como un crío de parvulario, que tira de las coletas o pega mocos para hacerse notar… Dios mío, acabo de darme cuenta, los que se pelean se desean, estás loco por mí, toda la vida teniendo a mi alma gemela presente y yo, añorándola. No es que seas mi tipo, pero… ¿Jorge? ¿Dónde estás?

<<Cómo ha podido desaparecer de esta manera. Se ha esfumado, ¡será cabrito!>>

 

Ay, ayy, ayyyy.

  

Palabras: 250.




El TINTERO DE ORO, nos invita a participar en el siguiente reto: ESCRIBE UN RELATO AL DESAMOR, y como los últimos escritos han sido un continuo lamento, la verdad, la cosa empezaba a ser oscura y tenebrosa, hoy le pongo un puntito de humor, ;)

Aquí tenéis el enlace por si os interesa:

https://concursoeltinterodeoro.blogspot.com/2025/03/microrreto-de-marzo-tintero-derramado.html

Muchas gracias por vuestra compañía.

No os envío besos que ando con el corazón roto, ja, ja, ja.

¡Bah! Un montón de ellos.


lunes, 3 de marzo de 2025

Paralelismos incorpóreos



 

‘‘Mi madre rezaba cada día para lavar su tristeza,

para obtener el pan temporal de su miseria

y ganarse el cielo, dócilmente.’’

Liliam Jiménez

 

Rehusé de ella. De sus enseñanzas. Miedos. La ineptitud con la que resbalaba. La servidumbre con la que imploraba cada migaja. Era pequeña, siempre la vi minúscula, anhelante, enlazándose a hombres con la promesa hueca del sustento. Mis hermanos, ellos y yo, éramos simplemente el producto de cada deshonra.

No temí decir adiós a aquella subsistencia, nunca le pregunté las razones que la llevaron a esas circunstancias, poco o nada me importaba. No me encarnaba, no seguiría ese camino destinado a la miseria. Así que escalé, me esforcé, no prostituí mis sentimientos, ni tampoco mi cuerpo en base a la utopía de ese todo. Empecé desde abajo, sufrí hambre, frío; precariedad, pero si miraba atrás, la veía a ella, a mi madre, con una promesa firme nutrí cada desventaja, me impregné de soberbia y visualicé la meta.

Durante ese trance creí fervientemente que mi testimonio era legítimo. Y más, cuando vino a buscarme, apareció en el momento que alcancé una posición decente, la repudié. Lloró. Pero mi alma era densa. No hubo compasión. No sentía ningún lazo que nos atara. Solo veía a ese pequeño ser que permitía y permitió sinsabores, que se arrastró ante la nada. Y sentencié que su modo de existir no me custodiaba.   

Los años pasaron, trepé todo lo que me fue permitido. Pero había un tope invisible, uno que no se palpa, pero ahí está, entre rescoldos de una sociedad que cohabita en el embuste de un cambio perpetuo, no importó las horas, el trabajo, tampoco la renuncia que todo eso le acompañaba, había llegado a una meta que era inexistente para otros. Ella ya no estaba en esta esfera, su cuerpo, como su vida, alimentó alimañas menos voraces. Pero no así la esencia de comprender, de por primera vez ver, que no éramos tan distintas como profesaba. Que existen paralelismos incorpóreos difíciles de extirpar. Que, de un modo más silencioso, aquella mujer, sigue materializándose entre el desapego y la indefensión.


∞


Nuestra compañera, Nuria de Espinosa, me ha invitado a participar en la CONVOCATORIA JUEVERA: Mujeres.

He de decir que la semana pasada sufrí una especie de bloqueo, y creí que permanecería en él eternamente, así que dudé si podría formar parte. Así que gracias, Nuria, necesitaba un pequeño empuje.

Aquí os dejo el link, por si os interesa, o como me ha pasado a mí, las letras divagaron entre mil historias y ninguna quería asentarse, aquí tenemos la solución:

https://escritoranuriadeespinosa.blogspot.com/2025/03/convocatoria-cada-jueves-un-relato.html

Muchas gracias por vuestro tiempo.

Besos, y más abrazos.




jueves, 7 de noviembre de 2024

El bramido del Sr. González

 


Toda la vida infringiendo tormento, y ahora estaba en una situación en la que no disponía de ningún tipo de control. Vulnerable. Transpiraba miedo. Como un animal herido en una trampa mortal. La que en cada aliento se va despidiendo de la vida. Un ser infeccioso, carcomido ante la miseria de un último grito, desgarrado y con expectativa servicial. Quién diría que en ese momento recordaría a aquellas personas que debí amar, a las que deseché para crear un imperio de marfil. Mis manos manchadas de sangre las despreciaron, en el pasado la indulgencia me hubiese provocado urticaria, ahora, precisaba de su misericordia, de cobijo para no sentir esta pestilente soledad. Los únicos cercanos, urracas ilusionadas por ver y oír el último aliento. Satisfechos ante este final, el mío. Incitando al poco orgullo con el que residía, proveyéndome de fortaleza, bravura, pero ellos lo sabían, yo lo sabía. Quedaban semanas, días, quizás solo horas para el desenlace. Una última nota, canción de cuna donde el hambre me hizo hacer promesas, ahora el dinero cosechado no valía nada, las perspectivas se cernían en aquella habitación, el veredicto lo remataría. Y de repente una voz, la única que podía darme una escapatoria, la absolución y la promesa de venganza, no había aprendido nada. El arrepentimiento se extinguió al escuchar al Juez decir.

<<Condeno al Sr. González a la pena máxima…>>

 

Palabras: 228

 



Para participar en el reto, podéis entrar en el enlace: El Tintero de Oro, el tema a seguir es: MICRORRETOS: EL PERSONAJE Y SU ENTORNO.

Mil gracias por vuestro tiempo.

Besos, y abrazos.


jueves, 5 de septiembre de 2024

Crepúsculo y destierro para Esmeralda

 


Bella infanta de rizos rubios que al primer corte desaparecieron, pero no así la vanidad que quedó implantada en su organismo. Adoraba la admiración que otros le profesaban. Era tan fácil obtener el todo con ella. Niñita de papá en el pasado, mujer de otros en el ahora, pero siempre agasajada entre algodones de pieles y brillos.

Aprendió o simplemente nació en su interior un hambre voraz. Un puchero, un guiño, caricias que regalaba en la mentira de la inconciencia. Despliegues que agujeraban la cartera de otros como un arma letal. Una vida, un negocio, en el que escudriñaba proveedores que mantuvieran el estatus del que se creía merecedora.

Todo expuesto por semanas en un sumario que utilizaba como diario, mofándose de aquellos incautos, de la obsesión, de las temeridades que cometían en nombre de un amor ciego. Inalcanzable. El ego creció creyéndose indestructible, la ofensa pública para quien quisiera o tolerara escucharla y ese fue el error.

Un vídeo, dos, tres resurgieron como tormenta en todas las redes sociales, destruyendo ese pequeño mundo codicioso abandonándola a la nada. Solo quedando el recuerdo de un me gusta que desdibujó aquella bonita estampa.

 

Palabras: 192


*Hace muchísimo que no me presento a ningún reto de escritura, disculpad cualquier error que pueda cometer. Podéis entrar en el link del Tintero de Oro, el tema a seguir es: MICRORRETO: LAS REDES SOCIALES.

Mil gracias por vuestro tiempo, ;)

Besos, y abrazos.


miércoles, 15 de junio de 2022

Pacto sagrado

 


Como en un duermevela en el que se es consciente del entorno, quedé adormecida en un escenario en la que voces lejanas se acompañaban con llantos. Quería, sí, necesitaba expresarme, preguntar a qué se debían aquellos sollozos. Qué era lo que ocurría a mi alrededor del que este ensimismamiento en el que levitaba no permitía alcanzar. Pero la pesadez, el esfuerzo que ello conllevaba, me transmutaba a quedar paralizada, a dejarme llevar por este plácido sueño en el que gravitaba.

Amé más de lo que nos es permitido, corrompiendo con ello el significado de la palabra. Destruyendo en el camino todo aquello que creí que podía romper tan dramáticos sentimientos, y cometí pecados. ¡Los cometí! Pero todo en el nombre del amor. En el nombre de él.

La desesperación nos lleva a tomar caminos que nunca creemos que seremos capaces de trasferir, el mío, un pacto, un acuerdo con un alma negra que me engatusó, haciendo que creyera que se concedería lo que yo más ansiaba, que exigía conquistar, y la sentencia obtenida aconteció en este error. Uno maldito por la condena en la que hoy y siempre tocará que purgue.

No lograré abandonar este imperturbable lugar. Corrupto por los temores que esconde la esencia de cada falsedad perpetrada.

Desperté, sí, lo hice. Pero ya no se escuchaban murmullos, tampoco lamentos, cohabitaba en la más absoluta soledad, negrura de un lugar al que quedé relegada. En la que pereceré eternamente, pagando un escarmiento por lo crédula que fui.

La muerte me consumía lentamente, los minutos, las horas, se evadían entre la realidad y la creencia que vendría a rescatarme, no dejaría que me consumiera en ese habitáculo, en esta tumba fría y destronada, pero no fue así, no, no hallé remordimiento, ni disculpa. Y cuando mi cuerpo no pudo soportar más el maltrato, expiré. El último pensamiento floreció hacia esa pasión, a la total entrega de mi ser por no ser correspondido, entonces lo maldije.

Imploré al demonio que viniera de nuevo a visitarme, rogué que me desligara de esta amargura, dándome el poder de unirme a él, a sus miserias, prometiéndole ser su sierva más devota. Que liberara esta inmortalidad que aguardaba entre congoja. Pero no lo hizo.

De alguno modo, concebí que llegado el momento, ansiado final, mi espíritu volaría lejos de este sufrimiento, pero la penitencia que debía pagar era, es, cruel y esquiva, perenne.

Contemplo desde fuera mi cuerpo, como los parásitos, moscas y gusanos se han ido alimentando de él, quedando en nada más que huesos. Esqueleto que no reconozco como propio, mi belleza, aquella tan elogiada ha desaparecido. No queda de ella ni el recuerdo, solo una tétrica visión del pasado. Ya no hay alabanzas, ni siquiera evocaciones, pues no vienen a visitar a esta pobre sombra cautiva, y los espero, ¡Dios! Lo deseo.

A veces en ese estupor que concede el desencanto, me resigno, dejo que venzan.

Porque ya no temo a nada, mi ánimo está ensombrecido, carente de las emociones que proporcionaba la vida. El aliento consumido por la desazón de la irrealidad en la que cohabitaba desde el inicio. No hay paz, solo la eternidad de este odio que se acrecienta en la lobreguez. Pago de las almas errantes, la mía, donde el tiempo no avanza, permanece imperturbable entre rencores e hipocresía.

Donde las ofrendas que nos hicieron quedaron sepultadas en vida. Y de la que en este instante les hago una nueva promesa, hallaré, juro que lo haré, la manera de escapar de este lugar, vengaré todo el sufrimiento por el que he tenido que pasar. No existirá perdón, solo la decisión de este, mi nuevo pacto. 



Inspirado en el cuento: EL ENTIERRO PREMATURO.

Palabras utilizadas: GUSANO, TUMBA, ENTERRADO VIVO.


CONCURSO DE RELATOS XXXII Ed. CUENTOS MACABROS de EDGAR ALLAN POE: EL TINTERO DE ORO


lunes, 9 de mayo de 2022

Nuevos síntomas detectados para la variante P&L

 


Continúan desconociéndose las causas y efectos de esta nueva variante, que impide a las personas tener reacciones hostiles contra sus congéneres. Por más que se ha intentado indagar, Sanidad mantiene un silencio que empieza a perturbar a los sí conscientes. Cuándo se nos dirá lo que ocurre.

La sociedad necesita franqueza. ¿Se trata de un lapsus transitorio? O por el contrario, se espera perennidad. 

Son muchos los casos en los que personas socorren a otras, sin esperar nada a cambio. Adolescentes solícitos, adultos serviciales, diariamente se reciben llamadas en la redacción donde se informa de estas anomalías, algo preocupante. Personas dependientes socorridas para cruzar la calle, vecinos que ayudan a cargar las bolsas de la compra, hasta se conocen otros donde les han limpiado la vivienda. Qué será de los servicios como asistentes, bomberos o policías, si se desvanece la razón de sus labores. ¿Desparecerán sus oficios? 

La última llamada recibida por la Sra. M.R., nos notifica que trabaja en un supermercado y lleva una semana en la que solo ha recibido sonrisas y agradecimiento, que se llegó estremecer en el momento que por error dio mal el cambio a un cliente, en otro tiempo hostil; por el contrario éste, no solo le comentó que no importaba, sino que le dio propina. 

¿Qué está pasando? 

Será cierto lo que ratifican asociaciones antivacunas, nos han introducido un chip en el cuerpo y éste manipula nuestras emociones. 

En el próxima crónica intentaremos recabar más información sobre la nueva variante Peace and Love.

  

Total: 250 palabras.


MICRORRETOS: 2032: EL TINTERO DE ORO


jueves, 25 de marzo de 2021

Filtraciones espaciales

 



<Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad>

Neil Armstrong

∞

—Se ha filtrado.

—¿Qué dices, Neil?

—¡Malditos críos! Los he encontrado revolviendo los papeles, ¿y lo peor? Es que iban custodiados por su sequito.

—Un momento, de qué estás hablando.

—Les tengo dicho que no entren en la sala B, pero claro, nunca obedecen, ¡dios! Mis hijos, ¿puedes creer que sean ellos los que nos han traicionado? Cómo podía hacerles entender que el tiempo nos apremiaba, ¿cómo? Y ahí estaban, con sus amigos observando el fotomontaje. Me he sentido como una alimañaza acechada. Te juro que cuando uno de ellos ha empezado a balbucear se me ha erizado todo el vello del cuerpo, esas miradas acusadoras, igualitos a los niños del maíz, era como si vieran toda la oscuridad en la que andamos escondidos por este fraude. ¿No lo entiendes? He dejado de ser un héroe, para convertirme en un monstruo. Todo lo que hemos hecho para encumbrar nuestro valor patriótico, la demostración de poder sobre otros, el liderazgo mundial; se ha ido al garete. Esto no hará más que avivar las rivalidades existentes, nos convertirá en una burla y gracias a ello la Unión Soviética finalmente podrá lograr ser la gran potencia que tanto hemos ansiado y anhelado, triunfarán en la codiciada carrera espacial.

—Los silenciaremos.

—Ya es tarde, Buzz. Mira por la ventana, nuestros vecinos vienen a rendir cuentas sobre nuestras mentiras. Este es el fin.



Punto Jonbar:
 

¿Y si…? Siempre ha habido un porcentaje de no creyentes, los: teóricos de la conspiración que han puesto en duda que el hombre pisara la luna, sobre todo por algunas imágenes o fotomontajes que circulan por la red y dejan al resto con preguntas difíciles de responder, (luego se investiga un poquito y rápidamente se pasa o no, cada cual es libre de tener su propia opinión) ;) Así que me he dicho, y si cambiamos la historia y hacemos que sea cierto, creando una escena en la que se demuestra que realmente todo fue un montaje en el que se confiesa que como el tiempo les apremiaba y ansiaban demostrar su liderazgo, decidieron manipularlo, y no solo eso, y si… el hecho de que Estados Unidos no lograra su propósito, ¿la Unión Soviética podría haberse adelantado? No olvidemos que estos últimos lograron grandes hazañas que han quedado minoradas por ese pequeño-gran paso. 

*He intentado informarme correctamente para realizar el reto del Tintero, pero, por favor, si existe alguna inexactitud no dudéis en hacérmelo saber, estaría muy agradecida por ello. O ya que estamos, cualquier tipo de error. Gracias.


      Relato presentado en el: EL TINTERO DE ORO, concurso literario mensual.



lunes, 8 de febrero de 2021

En escena: la hoja en blanco

 


Un extraño mutismo se manifiesta en la vivienda de los Flores, un hogar cruel, desquiciado y sucio, pero para no convocar a los demonios se mantiene inerte, apático, callado…

∞

―José, un momento, a ver, espera, que me estoy crispando. De verdad te crees que esa mísera ambientación va a llamar la atención de nadie. Dios mío, es que ya ni te esfuerzas. Solo has vendido un borrador en tu vida y desde entonces, ¿qué ofreces? ¿Qué? ¿Un hogar desestructurado? ¡Basura! Basura repetitiva que seguro que ni llantera produce.

―Pero mujer, déjame continuar. Dame una oportunidad, esta vez vale la pena. Joder, es que nunca me apoyas.  

―¿Qué no te apoyo? Chaval, llevo cuatro años manteniéndote a ti y a tus supuestos delirios de escritor, no vendes historias, no ofreces nada más que humo y hojas en blanco, y de estas gastamos muchas. Miles de ellas, pero sin firma. Así que no me vengas con tonterías, porque mira que te echo y ni pestañeo.

―Ey, nenita, vamos, vamos, no te pongas así, es que estoy muy emocionado, por favor, tú solo escucha.

―Vuelve a llamarme nenita y no tienes piernas para correr. Adelante, sigue, sorpréndeme. Espero que sea tan bueno como dices.

∞

Silencio que se rompe con una pregunta.

∞

―¿Una pregunta? Que mierda es eso. Preguntas las que te voy a empezar a hacer yo, qué digo hacer, exigir. No puedo con esto, no puedo, me frustras, me has estropeado, me has convertido en una amargada, en tu benefactora. La que te llena ese buche seboso en el que te has postrado. ¿Por qué a mí? ¿Por qué? Acaso no soy buena persona, no me preocupo de ceder el asiento en el autobús. Coño, si hasta les doy la moneda que me sobra del carrito de la compra al indigente del supermercado. Y qué he conseguido con eso, a ti, a tener un caradura que me está chupando hasta las entrañas.

―Pero, pero… caramelito, no te pongas así, somos uno, ¿recuerdas?

―¿Caramelito? ¿Caramelito? Me llamo Natalia, vuelve a ponerme un mote y no respondo, te prometo que hoy salimos en las noticias y no porque te hayas hecho famoso, no, porque te mato. Y dice que somos uno, ¡ja! Uno, sí, será esa la razón de que te zampes todo lo que hay en la nevera, sin pensar en que yo también debo subsistir y no morirme de inanición. Que te crees, ¿qué me alimenta tu supuesto amor? ¡Parásito! Eso es lo que eres, un parásito intestinal que va a terminar conmigo. Me mato a trabajar, lo hago todo y qué espero al llegar a casa, pues simple, que te hayas largado, sí, justo eso, ¡que te largues de una vez!

―Vamos, vamos, cálmate nen…, quiero decir Natalia, estamos nerviosos, son momentos muy duros, pero si prestas atención terminarás sintiéndote muy orgullosa de mí. Es un gran proyecto el que tengo entre manos, por una vez seré la mente pensante. El que traiga el dinero a casa, podrás comprarte lo que quieras, no sé, ¿unos zapatos?

―Zapatazo el que te vas a llevar, me rindo, ya no puedo más, sigue de una vez. ¡Venga!

∞

La mujer pregunta por los perros, no los encuentra, hace horas que ni siquiera los escucha.

∞

―Eso digo yo, ¿dónde carajos están nuestros perros? ¡Kiwi!, ¡Perlita!

―Es que no te callas mujer, no dejas que la historia se explique sola, no permites que las ideas se alienen y salgan en plenitud, esa ofuscación, esa negatividad con la que te alimentas es la culpable de que no pueda escribir, es tu oscuridad la que me impide ser un espléndido escritor. Yo, un grande, viviendo en la desgracia, compartiendo mis cabales ideas con una necia que no quiere ver lo que tiene delante.

―¿Perdona? ¿Mi oscuridad? Y tienes el valor de llamarme necia. Vago que eres un vago zampabollos, maldito desagradecido, y ahora dime donde están los perros, ¿qué has hecho con ellos? ¿Te los has comido? ¿Dónde están? No te lo preguntaré de nuevo. Dímelo ya, que no respondo, ¡Kiwi! ¡Perlita! Perritos guapos, venid con mami. Venid bonitos… 

∞ 

Última escena se ve a una joven, feliz, con ojos brillantes y emocionados, pensando que han sido los mejores veinte euros gastados desde que inició la cuarentena. Alquilar a esos dos chihuahuas y poder salir a la calle para pasearlos, es de lo más destacado que le ha sucedido en los últimos tiempos. Siente pena por tener que devolverlos, pero le embarga cierta tranquilidad el saber que ha reservado al propietario todos los jueves de cuatro a cinco de la tarde. Lo que no espera es encontrarse ese escenario, se ha pasado de tiempo, pero solo por diez minutos, entiende la desesperación, ella está igual, lo que no concibe es como esa loca puede alzarse contra el hombre de esa manera, un bloque de folios que en otra época fue de color blanco, aterriza una y otra vez contra su cabeza, al grito de: ¡dónde están los perros!



    Relato presentado en el: EL TINTERO DE ORO, concurso literario mensual.


martes, 12 de enero de 2021

En la penumbra

 


Nacido en la sombra cual cucaracha del inframundo se me fue denegado el disfrute de su luz. No fui el único, no, otros tantos también retozaron en la contrariedad. El estatus y su elección hicieron que fluctuáramos hacia la pérdida de cualquier placer terrenal. 

Aprendimos desde el origen nuestra valía, abrigándonos en la asfixia del desamparo y la soledad. Sombras que se cernieron sobre nosotros como si de un descarte se tratara, viéndonos abocados a vivir en las cloacas del submundo, sin distinguir lo que nos rodeaba. 

Llamaradas han lacerado nuestra piel sin el privilegio de visualizar la figura del horror que ha impartido cada sufrimiento. Hemos sido aclamados, ennegrecidos y nombrados, quedando éste último grabado en las fauces de la historia. Y es que el error que pagamos es por el alzamiento y rebelión de otros, he aquí lo que queda, pánico, miedo e ingratitud. La nada, la traición cernida sobre hechos ocurridos miles y miles de años atrás. 

No aspiro redención, ni perdón, solo la confirmación de lo que mi creador concibió; un demonio. Máscaras sin visión que solo la obtienen reemplazando otros cuerpos, pero la crueldad de los pecados que representa que soy culpable me impide realizar tal ofensa, solo queda la espera de este apático y sátiro destino. Porque soy consciente de que me hallo y hallaré eternamente en esta absoluta negrura, nunca avistaré el albor de lo que me rodea, el reconocimiento de la oscuridad es, pues; mi único credo.  



Relato presentado en el: EL TINTERO DE ORO, concurso literario mensual.


lunes, 9 de diciembre de 2019

El último viaje


 


No recuerdo a mi padre, se marchó de casa cuando apenas tenía cuatro años, eso hace que a veces me pregunte cómo uno es capaz de resguardar los primeros recuerdos y otros en cambio se almacenan en algún oscuro lugar del que no existe acceso.

Es como si una parte de mi hubiera sido arrancada el mismo día de su partida, ese día en que no evoco siquiera su sonrisa, olor, voz, un simple abrazo, pero si vienen a mi flashes como los sonidos de la vía del tren, el aviso del próximo destino, el llanto de mi madre, de sus ruegos requiriendo que no nos abandonara. Como me empujaba hacía ese hombre sin rostro. Nada sirvió. A partir de ahí, todo se volvió negro, o quizás siempre fue así, una mujer miserable, amargada que buscaba cualquier excusa para despreciar o culpar. La pequeñez de los momentos en los que se abrigaba, en el falso amor y en el rencor de saber que ese hombre se había marchado para no volver, con otra familia a la que entregar lo que ella demandaba, y sobre todo que no sería nunca la elegida. Yo solo fui una ficha a la que manejar, todo valía para retenerlo, aunque solo se tratara de unos escasos años de idas y frías salidas. Nunca existió amor, tampoco necesidad. Supongo que por esa razón fui una niña solitaria, sumisa, que intentaba no molestar, jugar en el silencio de la contemplación, la anciana Greta, nuestra vecina, se asemejaba a ese carácter, observador y reservado, hablaba poco, y cuando lo hacía era para revelar detalles sobre el pasado, así que no me sorprendió el día que decidió explicarme la historia de cómo se conocieron mis padres. Él era comercial, de los que van de puerta en puerta ofreciendo cualquier producto que uno pueda imaginar, no debió percibir el error que cometería al llamar a la puerta de mi madre, tampoco sé si llegó a venderle algo, pero sí que iniciaron una mísera relación, una aventura que hubiera tenido un rápido fin si no se hubiera hecho público el embarazo.  Por eso sé que cuando ya no le serví a su propósito me detestó con más fuerza. Hizo que creciera con una animadversión a los trenes, estaciones ferroviarias o cualquier pase en el que existiría alguna vía, la razón, el odio al abandono, a la culpa, a la necesidad de señalar a un objeto para no hacerlo sobre ella misma, sobre él. Durante un tiempo quise anclarme en esas emociones, a esa enfermedad, buscando un punto de conexión, necesitaba  y pensaba, que era la única manera de conseguir su cariño. Me amparaba en la desdicha de creer que si me parecía a ella, llegaría el día que no necesitaría vivir en aquel recuerdo, en él, su marcha, y seríamos felices.

Con el tiempo ese inexistente lazo se fue rompiendo, la incomprensión y la escasa respuesta hizo que me descubriera sublevándome. Empecé coleccionando recortes de trenes, los guardaba como un tesoro, y los admiraba cada noche antes de dormir, esperando ansiosa el día que ella los encontrara, quería, necesitaba, ver su reacción, me hacía sentir rebelde, mezquina, feliz y un algo que todavía no era capaz de describir. Sabía lo que podía provocar ese secreto, pero no me importaba, era mío.

Durante años logré pasar tan desapercibida que mi sola presencia no formaba parte de aquel plano, nunca lo descubrió y sentí rechazo, incomodidad y rabia. Greta la observadora, sí notó el cambio del que me estaba despertando y así me lo hacía saber  <<Niña, tu mirada no es limpia. Algo tramas y no es bueno>> Yo sonreía y fingía que no entendía lo que quería decirme. Pero lo sabía, dentro de mi habitaba una necesidad mayor, el odio se alimentaba de más odio, ya no tenía que intentar parecerme a ella, poco a poco, simplemente me convertí en una versión peor. Jugaba a desestabilizarla, a incomodarla. Me gustaba ver que tenía ese tipo de poder, no era como ella, no gritaba, ni exigía, no, yo cavilaba, cada paso, movimiento y palabra era tan mesurada que la perturbaba sin darse cuenta desde donde le provenía el golpe. Por las noches inducida por el primer sueño le ponía sonidos de locomotoras, silbatos, al cabo de unas semanas empezó a estar más irritable de lo costumbre, su agitación se hizo más presente, más visible, dejó de dormir. Allí debí detenerme, pero verla empeorar, hacía que me sintiera bien, con una paz que me impedía parar, disfrutaba viéndola caer, hundirse y me justificaba, sí, lo hacía, por el dolor que me había infringido desde que nací. Así que seguí. Pero llegó el momento en que ese juego empezó a aburrirme, trastornarla se convirtió en algo demasiado sencillo, necesitaba de otros nuevos alicientes.

Fue entonces cuando recibió la nota: Cande, cometí un error al marcharme. Nunca debí subir a ese tren. Llegaré a las once de la noche. Estaré esperándote en la vía número cuatro. Te necesito.

No miró el remitente, tampoco se fijó en la letra, solo vio lo que anhelaba, ese día anduvo como loca haciendo planes, repitiendo sin parar que ella sabía que llegaría el día que regresaría. Así que no me esperó, ni vio venir el empujón que le di justo antes de que pasara el tren, el último. Ahora sé cuál es mi cometido, y esto solo acaba de empezar.   


 
Relato presentado en el: EL TINTERO DE ORO, concurso literario mensual.



jueves, 28 de noviembre de 2019

Obra inacabada




Burbujeaste ante mí, exasperada por la atención que otros no quisieron darte. Oliste la desesperación que habitaba en este juego inmundo de necesidades. Y yo, yo, me presté a ti, poseíste mis actos, deslizándote tan adentro que apretabas y ahogabas. Disfrutabas al saber qué poder se te había entregado. Fiel siervo, perro enamorado de lo que solo podré decir que tocó miseria. Y es que te amé, nada más verte, lo hice. Qué iluso, pueril e insostenible tener que creer que después de tanto tiempo se dibujaría ante mí un borroso trazo, etérea apariencia en la que me anclé, a ella, a los dos. Arrastrándome al creer que lo habíamos logrado. Triste mezquindad. Pero erraste, no debiste traicionar el amor, el nuestro, podía, sí, lo hice, permitir tus juegos sucios, pero era solo por la cobardía de creer que sino pecaba me abandonarías, pero tu insano egoísmo erigió otros escenarios en los que no quisiste hacerme partícipe, no iba, no podía permitir que jugaras con otros como lo hacías conmigo, todo eso nos pertenecía, era nuestro vínculo, lo único de lo que me proveíste y me negué a soltarlo. Poco importaron tus suplicas, justificaciones, la verdad es que en ese momento te vi pequeña, me diste pena, repulsión, por el contrario, yo, quedé liberado, por una vez sentí cual era mi dictamen, el renacimiento del conocimiento. He de agradecértelo, sí, gracias a ti sé cuál es mi camino. Tú siempre serás la primera, la mejor, me reconociste en el momento exacto en el que todo empezó, lo comprendiste, el despertar de tu obra, la mía, y entonces sonreíste.  
 

 

Relato presentado en el: EL TINTERO DE ORO, concurso literario mensual.

miércoles, 30 de octubre de 2019

El encargo



─Merche, el teléfono. 
─¿Qué? Ah, es que no reconozco el número. Seguro que es publicidad.
─Pero ha sonado como veinte veces, ¿y si es importante? Venga, cógelo.


∞
─¿Diga? 
─Por fin, ¡joder! ¿El trabajo está hecho?
─Perdone, de qué habla, ¿quién es?
─Pero, pero… ¿Es una mujer?
─Hasta donde yo sé, diría que sí. 
─Pensé que este tipo de trabajos requería fuerza bruta, sangre fría, cosa de hombres, bueno no importa, déjelo…
─¿Me está faltando el respeto? Sabe, hoy es mi día libre y estoy intentando desconectar, pero no me deja. No entiendo que le ha dado para acosarme e incordiarme con sus llamaditas, le aseguro que el almuerzo me está sentado como un tiro, por no decir que no he podido mantener una conversación decente con mi cuñada, para que también tenga que aguantar que me insulte. Esto es el colmo.
─Escuche, disculpe, es que… estoy muy nervioso, he seguido todas las instrucciones que me dio por correo electrónico, eliminar los mensajes, deshacerme de todas las pruebas que nos vinculaban y conducir sin rumbo durante horas para poder llamarla desde un número de prepago. Usted me prometió que una vez recibiera el ingreso haría el trabajo y me informaría. Eso fue anteayer, no he recibido ninguna noticia, por favor; dígamelo. ¿Lo ha hecho?
─Mire, señor. No sé de qué trabajo habla y tampoco quiero saberlo. Pero como me vuelva a llamar, le aseguro que voy directa a la policía.  


∞
─¿Quién era? 
─Un ingenuo. ¿Quieres ir de compras?
 



Relato presentado en el: EL TINTERO DE ORO, concurso literario mensual.
 

martes, 1 de octubre de 2019

Legado maldito

 
 
 
Nací en el seno de una familia excéntrica y compleja, así que cuando pude, me largué. No penséis que soy egoísta o que sienta vergüenza de mi procedencia, pero cuando uno crece rodeado de amuletos, rezos y rituales, por más que se intente, la mente racional impide sobrellevarlo, la única posibilidad era irme. Y así lo hice. Desaparecí, me alejé de todas ellas; ah, es verdad, que no lo sabéis, vivía rodeado de tías y hermanas, pero la que movía los hilos era la abuela María. Esa mujer no era muy dada a la palaba, aunque claro, tampoco lo necesitaba, en las pocas ocasiones que abría la boca sus órdenes se cumplían a rajatabla y esos ojos, qué mirada; os juro que te ponía los pelos de punta. Era como si supiera todo lo que anidaba en tu alma. Tus secretos más oscuros se descubrían ante ella, y bueno, la mente es cosa privada. A parte había algo en su trato que denotaba la cero estima que me tenía, era como si supiera algo que el resto de los mortales desconocía y al mismo tiempo le desagradara saberlo. Otro apunte insólito es que en la familia no hay hombres. Ninguno, solo yo. Extraño, ya que todas han tenido descendencia. En una ocasión se lo pregunté a mi madre, todavía sigue presente el pisotón que me dio, un misterio que hacía que mi poca hombría temblara de miedo.
 
A partir de mi huida, perdón, quise decir marcha; proyecté cada paso minuciosamente, cambié mi nombre y busqué un lugar en el que pudiera mantener un perfil bajo, no es que pensara que vendrían a buscarme, pero así me sentía más seguro. De ahí el ataque de pánico que tuve hace nueve días.
 
Juan, la abuela ha muerto. Tu herencia.
                                 Con amor, Mamá.

Una muñeca, una horripilante muñeca con los mismos ojos que esa maldita mujer. La tiré a la basura, lo que no esperaba era que al despertarme la encontraría al otro lado del colchón. Quizás poseo un sonambulismo tardío o me he vuelto loco, pero tengo aprensión al pensar que pueda dirigirse hacía mí a pasitos chiquitos. Para no arriesgarme me he dado por vencido, la llevo conmigo a todos sitios y le hablo. Fijaros que hasta le estoy cogiendo aprecio. Eso sí, últimamente he notado algunos cambios. Por ejemplo, le expliqué a Mery; disculpad, no os lo he dicho, la llamo así en honor a la abuela, pues eso, que hace dos días le comenté que hay un compañero que está haciéndome la puñeta y desde entonces nadie sabe nada de él. Por lo demás, todo bien, hasta estoy empezando a creer que podría reconciliarme con la familia.
 
       
Relato presentado en el: EL TINTERO DE ORO, concurso literario mensual.
 

jueves, 12 de septiembre de 2019

Encadenados



‘‘ANTES DE ABRIR LA PUERTA…’’ mi madre siempre se santiguaba, apenas lograba comprender la razón de su comportamiento. Pero en casa todos le teníamos un respeto reverencial, así que para no perturbar sus reacciones en las que se excusaba la frialdad y la molestia de tener que convivir con otros seres humanos, intentábamos no molestarla. Para un niño de siete años que busca el afecto de su progenitora, eso se convertía en silencios y juegos mentales que consistían en un orden predestinado a la incertidumbre. Pero el hecho de que cada día entrara en aquella habitación con un ritual establecido, hacía que la curiosidad fuera más fuerte que cualquier intento de buen comportamiento. Aprovechaba cuando hacía los recados para merodear por la zona sin ser visto, ni tampoco condenado. Lo más extraño es que jamás escuché ruidos, tampoco conseguí ver ningún movimiento de luz que delatara alguna presencia. Y el niño que crea mundos sigilosos y juega con ellos, se fue olvidando de todo aquello con la apatía de un período que nunca logra encontrar final.

∞

―Maite, cariño. Hablemos.
―No.
―Han pasado tres años, es el momento de que dejes de entrar en la habitación del niño, de que nos comportemos como si siguiera con nosotros, deberíamos poder hablar de él. De llorarle y...
―No, por favor. ¡Cállate! Él sigue aquí, lo noto. No quiero que te escuche, no puede dejarnos.
―Pero…, está bien.
 
 ∞
 
Con la fortificación inquebrantable que proporciona el dolor, nuestro hogar, de nuevo, se sumió en una imperecedera oscuridad.


 
 
Relato presentado en el: EL TINTERO DE ORO, concurso literario mensual.
 

martes, 26 de junio de 2018

La sombra del recuerdo

Aguarda entre la bruma de aquella inhóspita y desencantada sala. Desconocidos sonríen sin comprensión, la soledad les aprisiona en su cerco. Quebranto del llanto y su desconsuelo que se desvanece entre posibilidades que fenecerán al alba, pero no importa, no. Ilusión pasajera, demorada por el fútil mañana sin nombre. El desahogo les prestará las alas para continuar. Mentiras e indigentes conversaciones, bálsamo para este tiempo que demora en segundos perdidos, copas y pausas mal asimiladas. El presente es lo único que les queda. Todos los movimientos obtienen la respuesta buscada. No hay sorpresas, es un camino conocido. La medida es la única regla a seguir. Allí solitarias almas esperan la señal. Una mujer cabizbaja, el pelo le tapa gran parte de la cara, pero se intuye un perfil agradable. Está sola. Y parece que nadie más que él se ha dado cuenta de ese detalle. El molesto humo de un cigarro hace bizquear a nuestro perspicaz caballero. Parpadea y ya no está. —No importa­— Puede tomar otra copa, lo percibe; hoy es su noche.




Un misterioso sonido lo dirige hacia la antesala. Ella, sí; su suerte de la noche. Un viejo tocadiscos que conoció de otros tiempos, despierta de su abandono con un leve gruñido; óxido, como todo lo que les rodea. Suenan los acordes de Floyd Lee y su desgarradora voz. Es entonces cuando empieza la íntima danza, lánguidos movimientos, cadencia, sensualidad que se pavonea. Solos, los dos, nadie más puede admirar la belleza de ese momento. Ella se gira y lo mira, sus ojos; brillan bajo los focos de la oscuridad y él como si de una fuerza inexplicable tratara se acerca fascinado. 

—Hola muñeca, te vi sola; en aquella mesa. —Señala la dirección. No hay esfuerzo, ni tampoco pretensión.

—Lo sé —asiéndole del cuello le susurra—No hablemos, hoy no; por favor. Muévete cariño y si te portas como yo espero, te prometo que esta noche nunca la olvidarás.  

Durante minutos solo se escucha la música, movimientos rítmicos, respiraciones que ansían su fin. La palabra aquí no ampara el recuerdo del todo, no es necesaria, ni útil. De repente es consciente de su suerte y la rectitud del miedo lo abriga con fuerza, los demonios son celosos, merodean en la inconsciencia, desalentados, truncados, acechan en la viveza y corroen en desapego, no puede perder esta oportunidad.  

—No vivo muy lejos. ¿Te apetece tomar la última copa en mi casa?

—Tienes mucha prisa. Estoy bien aquí, no debes preocuparte, yo ya te escogí; no iré a ningún sitio sin ti. 

No le preocupa que pueda leerlo con tanta facilidad, con un suspiro se recupera, mudando del malestar y conquistando de nuevo a la fortuna. Pero no lo entiende. ¿Por qué esperar? Desea besarla, acariciarla, tocarla y no lo hará en presencia de otros. Eso le pone nervioso. Hace muchos años que se siente así; perturbado, desubicado, solo.  

—Hace demasiado tiempo que estás aquí. —Le dice.  

Debe estar perdiendo facultades, no puede permitirse ser tan transparente, nadie debería verlo tan de cerca, ni saber quién es, sus pensamientos le pertenecen. Su oscuridad no es compartida.  

—Quizá, pero contigo sé que lo olvidaré todo. 

Con una risa le hace saber que no puede engañarla, que poco importa lo que diga o haga, ella está allí por las mismas razones. 

—Entonces, ¿por qué te engañas?

—No te entiendo, ¿qué quieres decir?

—Ya lo sabes. —Exhala pesarosa.

—No dime. —Algo le dice que no debería insistir.

—En fin, creí que esta noche no sería como las otras. ¿Lo recuerdas? Si, lo haces. No sé porque siempre lo niegas, nuestra justa sentencia. Cada madrugada lo rememoramos y más tarde simplemente desaparecemos. Nadie nos recuerda, no existimos, somos una pesadilla de un tiempo que se perdió entre sombras, con mentiras y angustia, un mal pensamiento. Estamos predestinados a revivir la misma escena una y otra vez, hasta que nos perdonemos y sabemos que eso nunca, nunca sucederá. Así que Carlos, hazme un favor; hoy no hablemos, por un instante solo quiero bailar.

—¿Cómo sabes mi nombre? ¿A qué estás jugando? ¡Suéltame! ¡Suéltame, joder! No sé de qué hablas. Te he dicho que me sueltes. Estás loca, ¡loca!

—Shhh… tranquilo, ya empieza. Atento, reconoce lo que hicimos.

 


La entrada del primer rayo de luz los volvió unos espectadores, ante ellos se proyectó a dos jóvenes que entraban en el bar, iban armados, sin ninguna lógica ni razón empezaron a disparar a todos los parroquianos, reían, chillaban, disfrutaban de la masacre, pero cometieron un error; una bala fue directa al conducto de gas y lo hizo explosionar. En ese momento la secuencia se precipitó, el crepitar del fuego lo corroyó todo a su paso, los gritos fueron la única seña de un tiempo en el que existió vida. 

—Hasta mañana querido amor, espero que llegue el día en que podamos decirnos adiós. 

  
Relato presentado en el: , concurso literario mensual.