martes, 16 de febrero de 2021

Los amores de Ángela

 




Un simple baile es el causante, el detonante de que algo mude, es escuchar la primera nota y se despierta en ella una emoción desconocida. Aquellos cadenciosos movimientos parece que se cortejan entre ellos, pie, cadera, hombro y la cabeza, ¿qué le pasa? Instintivamente se zarandea. Turbada por esa reacción es consciente de que es la primera vez que se enamora. Así que intenta imitarlos.

―Deja de bailar.

―Pero madre, esta canción es muy bonita. Mira, mira, como se mueven.

―Hija, haces el ridículo, nos abochornas.

―Pero…

―¡Basta! No repliques. Fernando, haz el favor de decirle que pare.

―Josefina, es una muchacha, no importa si…

―Estoy harta. No pienso tolerar que siempre os pongáis en mi contra. Vivo por y para vosotros, todo lo que hago es por esta familia, y lo único que recibo es crítica y censura. Sin mí no seríais nada. Qué digo, no sois nada. Para casa, ¡ya! Espero que esta vez penséis un poquito en las consecuencias y os deis cuenta que siempre termináis estropeando todas las salidas. Vamos, rápido.

El padre como tantas otras veces queda mudo, ensimismado en un mundo que él ha creado, apacible, inamovible, donde la cobardía le impide contratacar.

Ángela se resiste, es joven, pero es consciente de que aquello no está bien, pero al ver que su padre no dice nada, calla, se retrae refugiándose en otro tipo de vergüenza. 

―Vicente te espera, esta vez no lo estropees, no tendrás otra oportunidad. No entiendo como ese hombre ha mostrado interés por ti. Así que haz y di todo lo que él quiera, nada de excusas. No podré volver a disculparme por tu comportamiento infantil. Ángela, tienes que empezar a darte cuenta de que esta es tu gran oportunidad. Ojalá me hubiera cortejado alguien tan importante, no tendría que estar remendando los calcetines viejos de tu padre. Viviría como merezco, y no en este cuchitril que llamamos casa.

―A mí me gusta nuestro hogar.

―¿Qué te he dicho, Ángela? Es que no escuchas, él es mejor que tú. ¿Lo entiendes?

―Si, madre, no se preocupe, no lo olvidaré. 

Esta vez el encogimiento de Ángela es otro, hizo y dijo todo lo que Vicente quería, como su madre le ordenó, de aquello han pasado cuatro años, el interés de él peregrinó una vez conseguida la meta, desconoce su paradero, escuchó rumores, habladurías de que se había comprometido, pero poco le importa, siempre que viene a su memoria le invade un mal recuerdo, en cambio ella acabó convertida en una moneda olvidada y repudiada, la del hombre que supuestamente la quería, y una madre que la culpa de sus propios errores.

El llanto hace tiempo que se le quedó coartado ante la súplica de una sonrisa, la mirada que antes se alzaba orgullosa permanece vaga, desbaratada en la incertidumbre de un tiempo poco favorable. La eternidad se ofrece belicosa ante unas creencias que quedaron rotas. Pero hay algo que aunque no lo exija nace de la libertad de su propia rebeldía. Justo en ese momento de duda es cuando vuelve a escuchar aquellas mismas notas que la desquebrajaron siendo una cría, no quiere, no, pero estas la aclaman y se acompañan de un suave movimiento. Por segundos se libra de la sonrisa impuesta, sintiéndose menos excusada en apariencia. La niña interior se asoma, valora si debe salir, pero queda retenida por el miedo. En su dilema, brinca con fuerza, aun así se mantiene alejada, forzada. Las ligaduras pasadas le impiden arrojarse. Pero una nueva nota florece provocando otro leve movimiento, el entumecido da paso a un giro, y con un último titubeo la opresión se desecha. Lo está haciendo, está danzando.  

―Gira, gira, pequeño sol, Mamá nunca te lo impedirá. ―Se regocija, grita y ríe mientras rodea con los brazos a su hijo. ―Y justo en ese momento, Ángela vuelve a enamorarse.  


31 comentarios:

  1. ¡Hola!
    Qué bueno, lo he leído en un suspiro, queriendo saber más.
    Siempre me ha parecido terrible que una madre o un padre limiten a sus hijos. Tiene que ser horrible que te impidan divertirte, expresarte...y que te impongan de quién enamorarte o te culpen cuando se aprovechan de ti... tiene que ser espantoso.

    Has sabido reflejarlo muy bien. Ese pequeño sol iluminará su vida.
    Muy feliz día.

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    1. Hola, Gemma.
      Como me alegra que me digas que lo has leído en un suspiro.
      Opino como tú, es horrible pensar que unos padres puedan limitar a sus hijos por sus creencias o pretensiones, sin importar nada más que el resultado.
      Muchísimas gracias por tus palabras.
      Un beso.

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  2. Una historia que empieza con imposición sigue con frustración pero termina con alegría y esperanza.
    Detesto a los que se imponen con sus dictados de injusticia. a los que recortan inocentes libertades, a los que coartan la felicidad de los demás a causa de sus propias amarguras.
    Hay que soltar lastre y dejar atrás lo tóxico, lo que nos envenena y brillar junto a los soles cotidianos que nos salgan al encuentro.
    Besos de miércoles.

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    1. Hola, Javier.
      Yo también, como le comento a Gemma, me parece terrible, cruel.
      Por suerte siempre hay algo que hace que uno pueda ver de nuevo esa luz, y en el caso de la protagonista es su pequeño.
      Mil gracias, :)
      Un beso.

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  3. Precioso relato. Es increíble como hay personas que asfixian a los que viven a su alrededor y todas sus iniciativas. Se piensan que tienen la verdad en un puño y nadie puede desviarse del camino que trazan.
    Estaba imaginando que en ese final iba a aparecer el pequeño. Las exigencias de la madre iban por ahí. le salió más el plan y me alegro. Para ella habrá sido todo un trauma y para su hija, una nueva forma de vivir. Espero que la madre haya aprendido algo, aunque ya dices que culpa a la hija. Me ha encantado.
    Un beso.

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    1. Hola, Rosa.
      Si, hay personas que se creen con algún tipo de derecho sobre otras, y con sus comportamientos nocivos lo único que consiguen es dolor e incomprensión. Y travas perjudiciales. Me encanta que digas que te ha parecido precioso.
      Mil gracias por decírmelo.
      Un beso.

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  4. Entrañable historia que critica esa educación del "es así porque yo lo valgo", donde no caben argumentos, solo obediencia. Me ha gustado mucho cómo has tejido el relato, con esa belleza implícita en cada línea y ese mensaje que invita a fortalecer los lazos paterno filiales respetando la individualidad y el derecho a decidir de cada una de las partes. Espero que la Angela de tu relato encuentre la felicidad.
    Escribes con mucha sensibilidad. Un abrazo

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    1. Hola, Matilde.
      Ay, gracias, que hermoso lo que dices, te lo agradezco de verdad, me alienta muchísimo. Aprendemos de nuestros padres, las primeras lecciones nos las ceden ellos, por eso es importante que ese primer vínculo sea sano, libre y comprensivo.
      Muchísimas gracias por tu cariñoso comentario.
      Un beso.

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  5. Me gusto tu relato, me gusto de verdad! felicitaciones, saludosbuhos!

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    1. Hola, Buhoevanescente.
      Me alegra mucho que te haya gustado.
      Muchísimas gracias.
      Un abrazo.

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  6. Muy bien distribuida la trama de este profundo e intimista relato que a través de estas tres escenas desarrolla los acontecimientos que paulatinamente va viviendo la protagonista. Una chica discreta y obediente a los requerimientos de una madre dominante y tóxica, que además de anular la figura paterna intenta llevarse por delante la felicidad de su hija, pero gracias al giro final que le das a la historia, todo cambia y por fin Ángela se regocija ante esa nueva nota o rayo de sol que brilla y se acurruca en su regazo.
    Coincido en que escribes con una sensibilidad llena de dulzura y encanto. Una historia que acaricia las paredes del alma. ¡Bellísima!

    Un beso, querida Irene.

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    1. Hola, querida Estrella.
      Qué bonito lo que me decís, me quedo sin palabras, me reconfortan y dan una alegría inmensa. Jo, eso de que acaricia las paredes del alma, es que de verdad, ¿qué puedo decirte? Mil gracias de corazón.
      Un beso enorme, grandioso.

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  7. ¡Hola, Irene!

    De tus letras y de tu texto se percibe una enorme seguridad a la hora de elaborar un relato. Sabes a dónde quieres llegar y creo que en este caso además lo haces con monumentalidad. Me ha gustado mucho cómo has utilizado esa alegoría del baile como símbolo de la libertad.

    Un texto, en definitiva, a la altura de un artista como tú ;)
    Un besito y a seguir jugando con las letras.

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    1. Ay, Miquel, no creas, esta última parada del blog y alejada de la escritura, ha provocado mucha duda, incertidumbre desparejada, un poquito de caos, de qué, cómo…, pero fue a raíz de un consejo que me hizo David y a partir de ahí dejarme llevar, disfrutar de nuevo. Y para ser totalmente sincera es gracias a vosotros, a todo este cariño que me regaláis, hace que toda preocupación se haya ido disipando lentamente. Mil gracias por estar cerquita, y por todo este aliento que me cedes.
      Un beso.

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  8. Te felicito, una vez más, mi querida Irene. Qué bien has reflejado cada emoción, la frustración y el dolor que representa ser invisible. Un relato que, lamentablemente, puede llegar a ser real. Yo me enamoro cada vez que veo la espontaneidad en los niños... las niñas...

    Mil besitos con cariño y muy feliz noche ♥

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    1. Hola, preciosa Auro.
      Los niños tienen un don especial, regalan alegría y ganas de disfrutar como lo hacen ellos, con naturalidad e inocencia, :)
      Mil gracias por tus cálidas palabras.
      Un beso enorme, y feliz día.

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  9. Impresionante relato.Que madre más... Ejem...
    Logras que podamos ponernos en el lugar de la protagonista. He sentido rabia, frustración.
    Menos mal, que el final es feliz y tierno. Muy bueno tu relato. ¡Felicidades!

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    1. Hola, RR.
      Como me alegra saber que has podido percibir todas esas emociones, sobre todo la ternura del final.
      Muchas gracias por tus palabras.
      Un abrazo.

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  10. ¡Hola, Irene! Sin duda que los pecados de nuestros padres no pueden sufrirlos nuestros hijos. Ángela, sabiamente, comprendió que para avanzar hay que soltar lastre, es la única manera de que los círculos viciosos tengan el fin que merecen. Un relato que parte de un planteamiento duro para ofrecernos una enseñanza vital maravillosa. Y es que cada niño merece desarrollar su personalidad y labrar su futuro. Como padres, solo podemos apoyar sus decisiones y ofrecer consuelo, pero todos tenemos el derecho a equivocarnos y acertar por nosotros mismos. Estupendo relato!! Un abrazo!

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    1. Hola, David.
      Estoy totalmente de acuerdo los pecados de nuestros padres no son los nuestros, como tampoco sus comportamientos o formas de concebir la vida. Creo que estos han de servirnos como enseñanza para que no se reiteren, y ese círculo nocivo desaparezca.
      Muchísimas gracias, :)
      Un abrazo.

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  11. Tu relato es una pequeña muestra de algo que ocurre con más frecuencia de los deseado,... muchos hijos tienen la terrible misión, impuesta por sus progenitores, de ser lo que ellos no fueron, de hacer lo que ellos no hicieron y desearon, en definitiva de convertirse en un cruel imagen de algo que no desean. Me alegro Irene de verte escribir de nuevo con esa intensidad y sentimiento que te caracteriza.
    Me ha encantado. Feliz fin de semana!

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    1. Hola, Norte.
      Si, ocurre y a muchos niveles no solo en los lazos familiares. Es una pena que alguien se crea con el derecho de coartar a otro simplemente por creer que tiene algún tipo de derecho. Muchísimas gracias por tus cariñosas palabras.
      Un abrazo.

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  12. !Hola Irene!

    No sabría decirlo, pero me pareció un relato tuyo ya leído antes, con solo leer el titulo se me hizo familiar, y es que tienes una forma de escribir que cada historia que escribes, nos deja un recuerdo fijo en la memoria, al menos me pasa a mi, quizás sea el nombre de Angela...

    Fíjate que justo ayer vi una película que Miguel reseño, "La inocencia" y según te leía, veía pedazos de la película, solo que en este caso, el padre era el mas rudo y la madre sometida a las viejas creencias patriarcales y metida en la religión y juntas de amigas que compartían su visión equivocada de la vida, hizo que descuidara los lazos de comprensión y confianza de la hija, un drama que lamentablemente aun se vive con mucha frecuencia, muchas mujeres esconden el abuso de poder del marido y su infelicidad, metiéndose de lleno en la iglesia.

    Tu relato es tan vivo como cualquier historia real, y lo narras desde el centro de tu Ser con una claridad y colorido que visionamos todas las escenas y percibimos cada emoción como nuestra. No juzgaría a los padres, habría que irse a la niñez de ellos y su trayecto de vida para entenderlos, lo importante es que la joven aun conserva su alegría interior y la pudo dejar salir, ademas esta dispuesta a no cometer los mismos errores de su madre. Hermoso relato, con alma propia.

    A ver niña, que eres genial con esa pluma y esa armonía y sensibilidad almica que desbordas y que encanta y a la vez asusta, pensando que pudieran ser parte de tu vida las historias narradas con tanta emotividad, evocación y sensitividad.

    Un placer leerte querida Irene, me alegra que sigas ejercitándote en la escritura que se te da tan bien, y ademas por el contenido de tus textos casi siempre son terapéuticos, pues sacan a relucir el dolor y la amargura de manera natural, dejando una brecha de luz al final.

    Que tengas un bonito fin de semana, recibe un fuerte abrazo jovencita.

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    1. Hola, Harolina.
      No sé, quizás es que tenemos un lazo muy estrecho y por eso la sensación de ya haberlo leído, o el nombre de la protagonista, podría ser que ya lo hubiera utilizado en otro momento, la verdad que no lo sé, Harolina, pero me alegra que de alguna manera sientas familiares mis letras.
      Juzgar no podemos, eso es cierto, nadie tiene la verdad absoluta para señalar a otro, pero si es cierto que nosotros no somos el reflejo de nuestros padres, y por ello, no debemos actuar de la misma forma; cruel y egoísta, tampoco nos debe servir como escusa el sufrimiento pasado, se debe aprender de los errores para no repetirlos. Y asumir la culpa de los malos actos cometidos sin responsabilizar a los demás. Generacionalmente se deberían romper los malos hábitos, comportamientos y actitudes nefastas, para que esas malas conductas familiares fueran desapareciendo. Quizás mi planteamiento es excesivamente utópico, y parte de una base sencilla, cuando no lo es, pero el dolor en estos casos, me rompe el corazón.
      El placer de recibir toda tu cariño es siempre mío, :) Me haces muy, pero que muy feliz.
      Un beso, y feliz fin de semana.

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  13. Por fin se sintió libre y feliz, una vez pudo romper las cadenas que la mantenáan atada de pies y manos y que le impedían volar. Era como el pájaro enjaulado de tu ilustración, Pero, por fin, volvió a sentirse libre, y la soledad a la que se vio empujada la suplió con ese pequeño que lleva en sus entrañas.
    Un relato de una gran sensibilidad.
    Un abrazo.

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    1. Hola, Josep Maria.
      Si, se sintió feliz y comprendió que el amor hacia su hijo la hacía verdaderamente libre.
      Muchísimas gracias por tus palabras, :)
      Un beso.

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  14. Hola, Julio David.
    Me alegra muchísimo tu comentario, :)
    Un abrazo enorme.

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  15. ¡Hola! La verdad es que me he emocionado al leer este relato porque he sentido impotencia porque una persona se tenga que sentir así, pero al final ha tenido un final feliz a la protagonista se ha sentido libre, precioso relato. Te sigo y te invito a pasarte por mi blog. Un saludo.

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    1. Hola, Carolina.
      Qué te hayas emocionado leyendo este relato para mí, es un enorme regalo, no sabes cómo te lo agradezco. Mil gracias.
      Claro que sí, me paso por tu casa en breve.
      Un abrazo.

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  16. entrañable lo que has escrito
    un brindis por vos

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    1. Hola, Mucha.
      Muchas gracias por tus palabras.
      Un abrazo, y feliz día.

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