‘‘Y yo moriría mil
veces por
poder recibir amor
sin pedirlo,
sin haberme dado
cuenta ser
llevada, de
improviso, a un
sitio en que los ojos
se miran
sin desprecio.’’
Alejandra Pizarnik
La mujer anhela aquello que nunca le será entregado. Durante
años se posó en la contemplación de no merecerlo, de no ser suficiente, de
tener que poner todo de sí, la otra mejilla, el otro dolor. De aguantar,
soportar la desidia. Dar, dar, dar. ¿Cuándo regresaría? Locura, desesperación. El
querer.
Impregnó a cuenta gotas, supurando, a veces renacía, se
sentía que podían amarla, otras, más de las que recordaba se mudaba, escondiéndose
en la incertidumbre del temor de reconocerse inferior.
El tiempo pasó, como borrones indefinidos perdidos en una
añoranza que siempre la acompañaba, pero la fortaleza, la mentira construida en
base a ésta, residía con la fuerza de una fábula alzada en el empeño de un apego
que en otro tiempo albergó con esperanza.
Se visionó siendo hija, mujer, madre. Y floreció, pero no
como esperaba, no como correspondía, ni creyó merecer. No solo se concibe desde
la matriz. Etapas en las que pronunciaba <<no pasa nada>>, otras el
llanto la corrompía desde dentro, nunca hacia fuera. Ojos tristes, sonrisa que
no se alzaba en compañía. Cuidó, porque así la enseñaron, protegió, porque si
no lo reparaba podía desgarrarse, y olvidó; olvidó que ella también necesitaba,
aguardaba un abrazo protector, un afecto que no va en una sola dirección, que
se desestabiliza en el egoísmo. En la incomprensión.
Perjuicio de ser, de dañar las enseñanzas, de que la
indiferencia deje de perforar ese maltrecho espasmo. Cuando se es una
herramienta hasta el más ciego la descubre, sabe; lo sabe, que no se es correspondido.
Los ruidos la martilleaban, la huida la perseguía entre las
sombras del desencanto, una nueva oportunidad, otra, otra, qué más da que la aflicción
la acompañe en este camino solitario, de angustia que reverencia y provee.
Porque el error no es que no se la quisiera, es que ella nunca
se apreció como correspondía.
Con un grito certero, con otra imagen en la que valorarse,
urgió ese adiós, ese alzamiento, un golpe al reconocimiento, a darse una
oportunidad, esta vez; a sí misma.
∞
Hola, a todos.
Hoy traigo un relato algo melancólico, espero, eso sí, que
el poso de consuelo no lo haya ofuscado del todo, supongo que sigo un poco
desencantada, permito tirones de pelo para que se me espabile, pero sin
pasarse, ;)
Gracias por vuestro cariño.
Besos, y abrazos.
Mira q te gusta la autoflagelación! Naaada de tirones d pelo, si acaso un abrazo q te despachurre de carriño! Te lo he dicho, es esta primavera loca q lleva a juego a nuestras hormonas, una fase de turbulencias q como todas, pasará , no lo dudes ; ) Respecto a tu texto, creo q la autocompasión es la peor de las actitudes, tu protagonista estaba ahí sumergida y parece q al final por fin emerge a la superficie , todos nos merecemos una segunda, tercera y cuarta oportunidad, a ver si nos la damos y sobre todo , somos capaces de aprovecharla ! qué así sea, Amén ; )
ResponderEliminarUn beso con globo aerostático incorporado q tire de ti hacia arriba!
Espera, tb te dejo un montón de
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Ay, María, depende como se mire un abrazo puede ser una agresión más efectiva, si se da desde dentro, rompe con todo, mejor un tirón de pelo, que uno espabila y no baja guardia, ;) Aunque visto así, si que soy un poco sanguinaria, ja, ja, ja.
EliminarTodos merecemos volver a empezar, sea como sea, y las veces que sea necesario.
Sí, los cambios estacionales desmoronan, la primavera deja una desidia incoherente que para qué. Pero por lo menos hay luz, mucha y a esa como la protagonista del relato nos anclaremos.
Mil gracias.
Besos, y más sonrisas.
Otro dia,
ResponderEliminartraes uno
con el que
mearnos
de risa
Le debo un relato de humor a nuestra María, ahora también a ti, Orlando.
EliminarMil gracias.
Abrazos.
Alejandra Pizarnik; ahí es nada. Pero si la quiebra supura es buena señal: está sacando el pus y todo lo infectado. Es el proceso antes de la costra y la reparación. ;)
ResponderEliminarLeo demasiado a Alejandra, es como un fetiche a la que de tanto en cuanto debo abandonar y luego regreso, :)
EliminarTienes razón, y me alegra muchísimo que te hayas quedado con el detalle del título.
Mil gracias, Cabrónidas.
Abrazos.
Un relato poderoso que invita a la reflexión sobre el valor personal y el costo de vivir para otros, culminando en un mensaje de empoderamiento que, aunque doloroso, es profundamente liberador. Brindas metáforas al aire que le dan texto una segunda re-lectura para comprender ese perfil introspectivo que refleja la evolución del sufrimiento hasta el despertar de su autoconciencia. La prosa fluye con una cadencia que mezcla desesperación y esperanza. El tirón de pelo ya te lo has dado tú; así que ahora toca un suave masaje.
ResponderEliminarBesos, Irene.
Mil gracias por tus palabras, Miguel, es preciosa la lectura que has tenido, he jugado un poco con alguna frase, con lo que se percibe y no, no sabes cómo me alegra que hayas visto más allá de lo escrito, y no solo el tiempo por releerlo, también por decírmelo. Me hace muy feliz. Mucho.
Eliminar¡Bah! Soy una tipa dura, (mentira) ;)
Gracias, de corazón.
Besos.
Bella Irene, creo que Alejandra Pizarnik es el mejor ejemplo, por sus poemas, de mujer sedienta de amor, al igual que en tu relato donde se palpa esa necesidad de ser reconocida y amada como nunca sintió que lo mereció, pero que en el fondo, deseaba recibirlo.
ResponderEliminarDaba de sí mucho, muchísimo y anhelaba una mirada piadosa, un abrazo cálido, un reconocimiento hacia su persona, un amor que la valorara y la hiciera sentir su propia valía.
El relato es una radiografía de tantas mujeres que fueron criadas para servir, y olvidarse de ellas mismas, para amar y cuidar sin esperar nada a cambio, y si al menos hubiera recibido el derecho a quejarse o la permanencia de una entrega verdadera, pero hasta eso se le negó. Desde luego ella colaboró con eso, porque si no te amas ni te valoras tú, ¿cómo puedes esperar que otro lo haga?... Poniéndose por debajo siempre, sin sentir ni siquiera el derecho de levantar la vista o la voz, subyugada por su propia desvalorización.
Al menos el quebrarse ayudó a que empezara a brotar eso que llevaba tanto tiempo dentro y le negaba la felicidad. Llega un momento en que tanto ruido interior, te enmudece y somete a un silencio interno que te da la oportunidad de dejar de buscar afuera; otro desamor, otro olvido, y adentrarte en tu soledad para respirar por ti misma, y por primera vez verte con ojos nuevos y amar a esa que tanto amó a otros sin ser correspondida.
Ay, Irene, el relato es demoledor y muy reflexivo, con un final de los que me gustan porque te quitan la ceguera y vuelves a nacer.
Lo de andar desencantada creo que se ha hecho contagioso, ja, ja, hay que sacudirse que no hay mal que por bien no venga, pues que ese bien acabe de venir de una vez por todas...
Besos querida joven, que sigan supurando todas esas quiebras por la falta de amor propio y de amor en sentido general...
Un fuerte abrazo y aplauso es lo que bien merecido tienes.
P.D. excelente el comentario de Miguel, algun dia aprenderé a resumir asi de eficiente y elocuente. Besos.
Preciosa, Idalia.
EliminarSe confunde el cuidado con el amor, no digo que no debamos cuidar, si amamos daremos todo por aquellas personas que nos sean cercanas, pero se falla en el condicionante, cualquier relación debe ir de la mano, verse en la misma escala y sentir la protección y seguridad para que ninguna parte salga herida. No puede ni debería ser unilateral, cuando es así, el problema va más allá, porque lo que permitimos será en base a nuestras carencias. Y éstas nunca deberíamos esperar que las cubran otros, es terriblemente egoísta.
Por suerte, tarde o temprano florece el reconocimiento y con él, siempre puede existir un nuevo comienzo, ¿no te parece?
La primavera nos tiene a todos un poquito de aquí para allá, debe ser el polen que nos mantiene un poco groguis.
¿Verdad? El comentario de Miguel es hermosísimo, pero también lo es el tuyo. No cambies nunca, me encanta ponerme en otra piel cuando te leo.
Muchas gracias por tu cariño.
Mil besos, y achuchones.
Melancólico pero con un párrafo final que abre puertas a la esperanza.
ResponderEliminarEl tiempo pasa a velocidades diferentes pero a medida que cumplimos años va acelerando de una manera que hiela la sangre.
Si miro atrás tengo la sensación de que no he vivido apenas, y sí, he vivido pero es como si todo eso fuera un sueño.
Besos.
Gracias, Sr. Toro. Por ver esa esperanza, no sabes cómo lo agradece mi parte intrincada, ;)
EliminarHay etapas que estamos adormecidos, como si el tiempo no pasara, un día despiertas y dices, ¿Qué ha pasado esta última década? Y, ¿este silencio contemplativo de dónde surge?
Creo que es porque tomamos conciencia de ese duermevela, y entonces despertamos, volviendo a iniciar. O le llamaremos crisis existencial, la mía empezó o fue imposible acallarla en el 2024, ;)
No me hagas caso, desvarío muchísimo.
Besos.
A veces las personas no son queridas porque empiezan por no quererse a sí mismas. La falta de autoestima puede espantar a los demás. Y es además un círculo vicioso: la falta de autoestima alimenta el desamor y éste disminuye la autoestima. Hermoso relato.
ResponderEliminarUn beso.
Es verdad, ponerse a uno primero es complicado, pero necesario para que cualquier relación sea sana. Aunque a veces tomar conciencia de ello es complicado, porque tendemos a sacrificar y reparar daños exteriores olvidando en ese proceso lo primordial, a nosotros.
EliminarMil gracias, Rosa, sobre todo porque lo hayas visto hermoso.
Besos.
Como dice mi marido siempre: para querer a alguien tienes que empezar queriendote a ti mismo.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho, empieza fuerte, duro y triste, pero evoluciona.
Siempre digo que no es imprescindible que nos quieran, con querernos nosotros debería bastar pero en el fondo todos buscamos amor.
Gracias por compartirlo y enhorabuena por el relato.
Feliz jueves.
Pues Gemma, tu marido es muy sabio, comparto totalmente sus palabras. El amor es fundamental, hay muchos tipos de éste y todos buscamos su cariño, es el que nos hace sentirnos acogidos y respirar.
EliminarGracias a ti, siempre.
Besos.
Dolor profundo el de tu protagonista que lo da todo y poco o nada recibe. Dicen que hay que dar sin esperar nada a cambio, que esa es la verdadera generosidad, pero todos necesitamos cierta reciprocidad y cuando no se da, el desgarro duele.
ResponderEliminarPrecioso y sí, melancólico.
Besos mil.