‘‘Estoy fuera con
candiles, buscándome a mí misma.’’
Emily Dickinson
Mis letras a menudo son incoherentes, mezclo, desvarío y
salto de un lado a otro con un descontrol que es difícil de comprender, es un
conflicto arraigado, supongo que es porque en la vida real, en la de carne y
hueso, aprendí muy pronto que debía asentarla desde el control. Una alarma que
no se desconectaba podía desembocar en ruina. Interpreté que encapsularse en
una coraza, era seguridad, una madriguera donde el dolor era impenetrable. Reitero
y lo hago con firmeza, cuando hablo desde la aflicción no es por victimismo, solo
vivencia. Nunca, pero nunca, iría por la vida con un sello en el
que se me identificara como mártir, huiría si se me etiquetara de esa manera,
porque serlo, lo somos todos. A parte, creo que cuanto más se muestra cada
arista menos recursos tiene para doblegarnos.
Pero es cierto que, de un tiempo para aquí, esa coraza
impenetrable, el mensaje que repito como si fuera una profeta de pacotilla de
<<el poder de que te hagan daño lo cedes tú, y bla, bla, bla>>,
está desquebrajándose, porque el blog es soltura, sí, dejar ir aquello que
aprisiona, asfixia y retiene, pero también reserva un grado inmenso de
vulnerabilidad.
Y es que a veces me siento justo así: frágil, pero no en el mal sentido, las palabras tienen la magia de entenderse en distintas direcciones, en esta muestra voluble de lo que expongo, hay verdad, la mía, y no temo que así sea, todo lo contrario; respiro, entre carraspeos, sí, pero lo hago.
Pero en este rescate y siendo plenamente consciente, que a veces rozo un contexto de incredulidad amorfo, porque poco o nada sabemos unos de los otros, ni trabajos, ni familia, solo minúsculos esbozos, ni lo cotidiano, como qué plato es nuestro preferido, o si detestamos como en mi caso los guisantes, (los odio, son el anticristo), detalles que proporcionan la falsa creencia de conocer a alguien, pero no es así, en la profundidad, si se quiere ver, uno debe ir más allá. La realidad es que somos más que una imagen, y aquí existe esa transparencia, una en la que exteriorizamos nuestros temores, sueños, angustia, felicidad; y, sobre todo: necesidad.
Siempre digo, y esto sí es invariable, que no me importa mostrar mis carencias, éstas tarde o temprano se revelan, así que no debería coaccionarnos, somos lo que somos, parte de ello se evidencia en este lugar de IP desconocida, donde dejamos una parte que está desmembrada desde las entrañas. Muy ególatra, sí.
Hay cierto poder en la desnudez, desconsuelo y libertad,
pero no debo olvidar que mi desatino es personal. Solo pido franqueza, prometo corresponder, si
fallo, aunque me avergüence, ruego que que se me indique, no me genera ningún conflicto, es más, lo agradezco. Tengo orgullo, pero no para
asumir cada error, y si puedo aprender, mejor. Reconozco que puedo ser pesada e
invasiva. Una listilla de manual.
La escritura me ha salvado muchas veces, gracias
a ella he volcado cada espina que en algún momento me doblegó, creando un
holograma en el que me protegía, en cambio aquí, el poder de hacer daño, insisto, sí se cede. A veces, en esa angustia, donde mis
pensamientos navegan descontrolados, me digo: céntrate, solo escribe, pero la
fisura se ha resquebrajado, dudo que pueda volver atrás. Pediría perdón por eso, pero en este caso mentiría, (algo feísimo).
Termino este monólogo o bombardeo confuso de información, intentado aclarar lo que el blog es para mí: una búsqueda por ser.
Y, ¿para vosotros? Recordad, ansío conocimiento, ;)
Nota: La imagen es la primera cabecera que puse en el blog,
es l’Estany de Banyoles, de una añeja escapada, siempre es bueno volver a raíz; en
su momento me representó, con ese claroscuro, como un secreto que en su
inmensidad sobrecoge alzándose en silencio.
Gracias por vuestra paciencia y el cariño que siempre me
cedéis.
Muchos besos, y más abrazos.



