lunes, 14 de septiembre de 2015

El enlace

Cógeme la mano.
Que sí que la cojas.
Así, bien fuerte.
Quiero que lo notes.
¿Verdad que reconforta?
Ves, así es más fácil.
Ya somos dos, busquemos.
¿El qué?
Pues a más como nosotros.
¿Qué cómo somos?
Soñadores de la palabra.
De los silencios con sentido.
Con libertad para el ensayo.
Este viaje merece la pena. 
Sigamos, ya estamos muy cerca.
Mira hacia allí, hay muchísimos más.
Corre, corre, vayamos.
Ahora sí que lo percibes, ¿Verdad?
 
Como nos reencontramos.
Como nos sujetamos.
Como nos alentamos.
 
 


Fotografía: juantobe1
 
Enlace:  http://entrealtibajos.blogspot.com.es/2015/09/caminarias.html de Flora Rodríguez
 

viernes, 11 de septiembre de 2015

Mariposa

Hay alientos que forman parte de tu conciencia. Rompiendo con ello los esbozos de lo no eterno, de lo no pasajero. Están ahí con abrazos cálidos, sabias palabras, el cariño de un corazón verdadero. Risas de juegos, llantos de vida, miedo a la pérdida.
Querer es saber querer, perdonar, cuidar, proteger, reconfortar. Dar esa mano maravillosa que me aferro a ella para no perderla.
Querer es abrazar con el alma y sentir que somos más que un hoy, que somos pasado pero sobre todo que si hay más que el aquí, seamos eternidad.

 
A mis raíces,
a mi alma,
a mi hermana.
 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Borrascoso

El humo de una vela apagada, olor.
Espirar, rechazo.
Empequeñecimiento, privación.
Lejanía, lluvia inconexa.
Habitación fría, reflejo.
Ideales corroídos, evaporación.
Despertar, sonrisas.
Luz brillante, burla al destino.
Sutileza, sentir.
Volver, a empezar.
 
 Abrazo
 
 
 

lunes, 7 de septiembre de 2015

El Hit

Era obsesivo, lo sabía, era plenamente consciente que era retorcidamente monomaníaco.
No podía evitarlo, por mucho que lo intentara al final terminaba obsesionándose con la manera de no obsesionarse. Y la rueda seguía, no existía fin.
Su casa impecable, todo en su sitio ni una mota de polvo, bien desinfectada, cd’s clasificados por el alfabeto. La ropa, ay la ropa, debía estar por tamaño y color y no permitía que nadie interfiriera en su orden. La comida era escrupuloso, solo comía lo que él mismo cocinara, claro está que usaba sus propios cubiertos. Todo en un orden meticuloso, como si de una casa de catálogo se tratara.
Cuando salía de casa comprobaba que hubiera cerrado la puerta contando mentalmente veintinueve veces, si se descontaba volvía a empezar. Y miles de rutinas de las que se había acostumbrado como certeras.
Eso le había llevado a que nadie aguantara convivir con él. La verdad que no le importaba, su causa era justa en su cerebro, aunque una vocecilla interior le decía de vez en cuando que todo aquello no era normal, pero no podía luchar con esa fuerza.
Pero estos últimos años todo había empeorado, su última adquisición era gravemente voluble, le perjudicaba tener controladas a las otras.
La odiaba, la odiaba con todas sus fuerzas, durante el día no se mitigaba y durante la noche se reproducía mil veces en su cabeza sin dejarle dormir. Sobretodo durante periodos estivales, donde por causas incomprensibles para él había muchas.

Na, na, na, na, na.. una y otra vez sin fin, na, na, na, na, na…
 
No podía soportarlo más, tenía que erradicar el problema. Sonrío, ¡claro que sí!, como no lo había pensado antes. Cogió una aguja de punto de cruz y zas se perforó los oídos.
 
Ya nunca más tendría que escuchar un hit del verano, na, na, barbacoa, na, na, mayonesa, na, na, bombaaaaaa.