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lunes, 10 de octubre de 2016

El paquete

Todo empezó con aquella condenada visita.
 
Siempre he estado rodeado de mala suerte y no de un modo pesimista, no, no, lo mío es realmente perturbador e inclasificable, a mi lado Murphy podría decirse que es un tipo con estrella.
 
Así que cuando abrí la puerta y aquella sombra me ofreció el paquete, bueno que queréis que os diga nadie en su sano juicio lo hubiera rechazado.
Visto ahora y con mi yo realista en alza nunca debí atenderla, sólo podía tratarse de una muesca más en un camino plagado de socavones.
 
Y mira que el trato era viable, mil noches muriendo de la forma más desagradable y poco a poco mi vida se encauzaría. Me promoverían en el trabajo, eso haría que ganara más dinero, con el dinero compraría una mejor casa, mi posición social ascendería y el súmmum conocería a una preciosa mujer, ¿y quién sabe? puede que, ¡hijos! Pero no, claro no.
 
¡Ni siquiera pedía tanto!  
 
Mirad yo me reconozco como a un hombre paciente y que sabe esperar su turno. Sueles ser así cuando toda tu vida has estado embadurnado en el lodo, te vuelves de otra pasta, no temes la espera y hasta logras empatizar de una manera extraña con el dolor, pero tampoco soy tonto y me daba cuenta que mi provenir no llegaba y que todo aquello olía a timo. 
 
Y llegó la noche, la que me dio el valor suficiente para no tener que aguantar más toda aquella pesadilla, la 603. Desde luego fue la más desagradable, que invadan cientos de cuervos tu habitación vale, pero que te picoteen el cuerpo entero en busca de las entrañas no sólo es molesto sino que duele muchísimo.
 
Nada más amanecer y esperar el tiempo suficiente para que mi cuerpo se recompusiera, como si de un muñeco de plastilina se tratara, llamé a atención al cliente. No iba a pasar más por todo aquello, codiciaba mi buenaventura, ¡ya!
 
Me mantuvieron a la espera más de veinte minutos, escuchando esa repetitiva y fastidiosa melodía que cualquiera diría que guarda oscuras intención, como inducirte a colgar el aparato. 
 
Cuando al fin me atendió una operadora mi sorpresa fue mayúscula. Todo había sido un error de la comercial, mi ya enemiga declarada se había dejado de rellenar unos formularios, los cuales validaban la operativa. Desde ese punto todos veríamos una fácil solución, ¿no? Bueno yo por lo menos sí, emendar el fallo de la sombra y estar a favor del perjudicado es decir, yo.
 
Pero no, restar esos fatídicos 603 días de mi vida y darme lo que me correspondía era del todo menos sencillo. Ni siquiera podía reclamar el dinero, las devoluciones tenían una validez máxima de 30 días, ¡qué vergüenza de letra pequeña! La única solución era volver a pagar y empezar de cero, disgustado como me hallaba sólo atinaba a visualizarme de nuevo electrocutado, desmembrado, quemado, picoteado…

La verdad, no creía posible volver a soportar todo aquello.
 
Estaba a punto de renunciar cuando la simpática operadora me ofreció como compensación el paquete vip, éste incluía un coche nuevo.
 
 
 
 
 

 
CONCURSO DE RELATOS: Mil maneras de morir