jueves, 20 de agosto de 2015

Hado

El dolor se esconde no permite que lo veamos, a ojos ciegos, sentimientos pestilentes de mentes perversas sabedoras de la nada que implica el amar.
Escupo en vuestra dirección con odio y rencor porque nunca más me arrancareis el alma con sucias mentiras. Ésta vez mi revelación va más allá de la farsa de un mañana plausible. 
 
Desquitándoos de él con pasos sigilosos, para no ser vistos, escuchados, juzgados. Convirtiendo la necesidad en olvido y esta en la ansiada distancia.
Una distancia incompresible para el corazón maltrecho que quedó suspendido en los bellos recuerdos vividos.
 
Susurros indescifrables que aguardan haciéndose eco de la verdad.
Incomodidad que se cierne sobre el ahogado al sentirse rodeado.
Cobarde el que no pierde y arriesga por otros, queriéndose huir pero la velocidad se le vuelve apática como en un sueño sin poder.
 
Miles de ojos temerosos esperando su destino.
 
Un único portazo que asusta y pellizca el alma; sonido del adiós.
 
¿Nada o TODO?
 
Elección.
 
 
 

miércoles, 12 de agosto de 2015

Viejo mundo

Cuenta la leyenda que existió un viejo mundo, en el cual la magia de la bondad era latente entre todos, por aquel entonces se convivía con amor y ayuda hacia el prójimo con independencia del color, forma, o ser.

Antes del despuntar de la humanidad, la hermandad era una enseñanza de la que se prodigaba y leía en libros, unas antiguas lecturas escritas por los abuelos de nuestros abuelos.
Había inexistencia de malas palabras, hábitos y actos. Uno de los problemas que tenían es que al no usar ciertas palabras, desconocían el significado. Y el castigo de la ignorancia, les llevó a este hoy.
Se cuenta que el rey Amoroso, como así se llamaba trataba a su reino con aprecio y plenitud, cuidándolo para que no le faltara de nada y aún teniendo una posición aventajada, nunca se aprovechó de ello. Se respiraba una anarquía sana, vivían en las mismas condiciones que sus vecinos. En la corte se alimentaban de los mismos víveres, vestían iguales ropajes, sin existir distinción. La dicha era común.
Este querido rey tuvo mellizos una niña preciosa que se la llamó Envidia y un niño fuerte que llamó Egoísmo, pero en el parto hubo una tragedia y la madre no lo superó. Sumido en una tristeza y pena tan grande olvidó el cuidado de sus hijos, y con ello lo más importante las enseñanzas de los libros antiguos.
Así que fueron haciéndose mayores y Envidia sabedora de su fría y calculada belleza, la utilizaba para conseguir todo lo que se antojaba sin importar la pertenencia. Si era necesario subyugaba a los que creía inferiores. Con esos primeros actos, empezaron a existir distinciones entre el reino. Sus ropajes eran mejores, comía los mejores dulces. Obligaba al pueblo a que la admirara y alabara constantemente, y si no conseguía lo que creía merecer lo castigaba con severidad.
Egoísmo por su parte nunca aprendió a compartir. Siendo un niño jugaba solo para que no le rompieran o simplemente tocaran sus juguetes, y en el pasar de los años se tornó más avaro, impidiendo que el pueblo disfrutara los placeres del reino, creyéndose que le pertenecían por estirpe. Más adulto, dándose cuenta que si utilizaba la fuerza podía atemorizar al pueblo, acabó por privarles de necesidades que hasta la fecha les eran dadas por derecho.
Quedando el rey Amoroso relegado y sumido en ese desazón del que no salía, esos chiquillos fueron corrompiendo los libros sagrados, borrando con ello lo que los abuelos, de nuestros abuelos habían escrito y perpetuaba hasta la fecha, en los corazones de la humanidad.
A la edad adulta Envidia y Egoísmo decidieron que debían ser quemados, al hacerlo consiguieron más poder sobre el pueblo. Desposándoles de sus creencias, así de sus pertenencias, los dejaban sin existencia. Si había algún valiente que tenía el valor de revelarse lo encerraban en las mazmorras, pasando su eternidad entre piedras, hasta morir.
El pueblo antes bondadoso, comenzó a entender el significado de las palabras hasta la fecha nunca usadas, el odio que les había llevado hasta esta opresión, maltratados solo por la codicia. Pero lo que más entendieron es la libertad que se les había arrebatado y con ella el miedo instalado en sus pequeños mundos.
El último anciano del viejo mundo, dentro de la mazmorra y antes de morir, escribió en una piedra un pequeño texto, que venía a decir:
El odio solo lleva a más odio, y este a una crueldad arraigada en corazones pesarosos de un mañana sin amor.
Pero una buena palabra, un buen acto, no existe eternidad que sea capaz de eliminarla.
Seamos manos que cogen a otras manos, seamos comunidad.
FIN
 
 

jueves, 6 de agosto de 2015

Ése ese que se volvió este

Esa calma que precede al desenlace.
Ese desenlace que acontece al desconocimiento.
Ese desconocimiento del que ignoramos la respuesta.
Esa respuesta que va ligada al miedo.
Ese miedo que por fin tendrá nombre.
Ese nombre que es ficticio.
Esa ficción arraigada necesitada de saber.
Ese saber que se vuelve locura.
Esa locura que mata lentamente.
Esa lentitud esquiva del mañana.
Ese mañana que se volvió futuro.
Ese futuro que nos hizo perder el presente.
Este hoy que digo, está bien miedo viviremos de la mano, pero una cosa que quede clara lo haremos a mí manera.
 
 

lunes, 3 de agosto de 2015

Caronte

Hay canciones que tocan tu alma, te emocionan de una manera, que es como si por una vez te sintieras comprendida.
De repente tu esencia vaga desnuda, sin capas de verdades a medio contar, sin espíritu de lucha. Soledad.
 
Ya no hay fuerza para esconder sentimientos, pesares que van vinculados a uno mismo y solo te atrapa un llanto nostálgico, del que no existe ni razón ni porque.
Todos hemos perdido a alguien y esto nos ha hecho perdernos a nosotros. Nunca recuperas lo que fuiste, sino que te reconsideras para aprender a coexistir en esta nueva etapa, de la que no entiendes la razón, ni el porque tú debías vivirla. Empatizas y te pierdes en la sonrisa mezquina de la rabia y ese dolor arraigado en el alma, esa culpa austera y cruel.
No existe cura para la perdida, ni tiempo, sólo dolor ausente y silencioso.
Brotes de la nada pidieron piedad al barquero, pagándole una moneda por el viaje.
¡Clemencia!
Clemencia, por y para mí alma…