Pero eso no me quitó las ganas de quererte, ironía de la
vida luchaba por ti con más fuerza, ahora me pregunto qué hubiera ganado y sé
la respuesta, trágica y dolorosa respuesta.
No supe como lograr tu cariño pensé que si te daba un hijo
me querrías por él, pero eso tampoco pudo ser. Culpa mía, claro. Más miradas de
reproche, más dolor en el alma.
Allí fue mi final. Empezaste a tener una vida paralela a la
nuestra desapareciendo progresivamente, las noches se convirtieron en días y
llegó el momento que tus ausencias eran más eternas que los periodos
compartidos.
No te pedía explicaciones el miedo a que no volvieras era
tan fuerte que te lo permitía todo. Aún así mi fe ciega en ti dudaba de la
crueldad en la que serías capaz de someterme, haciendo añicos el vapor que nos sostenía.
Recuerdo la despedida, fría como lo que nunca tuvimos. Sonó
el timbre y lo supe, no debí haber abierto la puerta que guardaba mi futuro,
pero lo hice. Conocí a tu hijo, lo llevaba en brazos la mujer que logró que tus
ausencias fueran tan prolongadas, y dos maletas.
Lo comprendí, cobarde fuiste, pero lo comprendí.
Concurso de Relatos "SAN VALENTÍN II, La Cara
Oculta"




