miércoles, 9 de noviembre de 2016

El primogénito

Podéis creer o no, lo que sí os confirmo es que si seguís leyendo perderéis esa opción, la de elegir. 

La finca de mis antepasados es una edificación añeja. A parte de mis abuelos, habitan en ella, humedades, ratas y sonidos que son imposibles de identificar, pero que han logrado perdurar en el tiempo y a su manera formar parte del mobiliario. Sillas que se arrastran, canicas que caen, un frío que hiela la sangre depende que sala.  

En el pueblo la conocen como la casona del pacto, yo siempre creí que eran tonterías de gentes retrogradas, con poca cultura, que se aferra con mano de hierro a sus creencias. Ya no. 

Hace unas semanas recibí un mensaje de mi madre, me pedía que fuera a cuidar de los abuelos, no se encontraban bien. Puesto que mi vida está en un stand by infinito, era sin duda la persona idónea para el cargo. Ahora sé que todo aquello era una trampa urdida con un fin que no permitía replica.  

Nunca comprendí porque mis padres no los sacaban de aquel sitio que se deterioraba junto a ellos, al fin y al cabo disponemos de una de las grandes fortunas mundiales. Pero acepté, llevaba tiempo sin vida a parte de un sofá que ya era poco cómodo y un televisor sin programación. 

Nada más llegar vi a unos ancianos activos y saludables, supuse que se trataba de una llamada de atención y yo podía iniciar mi cambio dándoles cariño. 

Hasta la mañana de la nota: 

<Hijo, compréndelo. Existe un pacto en nuestro linaje, éste exige que un primogénito perdure en la finca, así el resto goza de sus frutos.
Te lo encomendamos a ti.
¡Ah! No intentes salir, morirías asfixiado o peor exiliado en las sombras. Nosotros estamos bien, no nos busques.>



#ancla2
Comunidad: EDUPSIQUE: Narrativas Multiformes.
Imagen de: Francisco de Goya

lunes, 7 de noviembre de 2016

El bosque

Aquellas tierras aguardaban secretos, todos lo sabíamos. Generación tras generación se nos hacía participes de ellos y los conservábamos. Ante los ojos ajenos se conocían como cuentos populares, leyendas e historias inconexas de un tiempo antiguo e indeterminado donde el pasado era tan lejano como irreal.
Aún recuerdo como en el colegio se trataba de una lectura obligatoria, a los recién llegados no les hacia ninguna gracia que sus hijos tuvieran una asignatura de literatura donde el tema principal eran las brujas, escobas mágicas, gatos y hechizos, se quejaban de que la imaginación de estos se desbordaba. Que adquirirían un lenguaje y escritura curiosa y su comportamiento se volvía muy extraño, sobre todo la noche del 31 de octubre, ¡qué tontería!
Si bien lo intentaron en varias ocasiones no pudieron frenar las tradiciones, y esa fue la suerte de muchos chicos. Porque aunque seas conocedor de la historia sin el miedo de vivir en primera persona la verdad de esta, brota la desgracia cuando el temor no te hace partícipe.
Esta es la leyenda de Brian un chico delgaducho y poco dado a hacer amigos. Su madre lo reñía por esto último, así que para hacerla feliz pasaba largas horas en el riachuelo cercano al bosque. Cada día al salir del colegio y cargado con su cuaderno de pintura se situaba debajo del árbol más frondoso, y con la relajación que le proporcionaba el sonido del agua realizaba miles de dibujos. Hasta aquella tarde, escuchó un murmullo lejano como un cántico que lo atraía. La curiosidad le pudo y adentrándose con pequeños pasos se dirigió al bosque hasta toparse con un juglar, que se hizo llamar el Poeta.
-          ¡Chico! ¡Corre! ¡Vete! No deberías estar aquí.
 
-          ¿Tú también Poeta? Sólo son viejos cuentos, mentiras para aterrorizarnos a los más pequeños. En este pueblo nunca pasa nada.

-          Ay chico, puedo asegurarte que no son embustes, si esas viejas brujas te ven no podrás salir nunca más de este bosque, o quién sabe puede que te caiga un peor castigo al haber entrado en la que es su casa, y te conviertan en una seta o una calabaza.

-          No te creo, en el colegio se nos aseguró que solo cruzar el arroyo se nos caería un rayo y como ves estoy vivo, ¡no me ha pasado nada!

-          Mira, yo de ti saldría corriendo antes de que sea tarde, te aseguro que todo lo que se cuenta es verdad pero por alguna extraña razón a ti aún no te han detectado, es tu oportunidad de huir antes de que sea tarde. ¡Corre y vete! ¡Haz caso de este viejo!
Pero no le dio tiempo ni a contestar, tal cual se dijeron estas últimas palabras de la nada  apareció una dríade de pelo cobrizo y ojos gatunos que saboreándose se dirigió a Brian.
-          Pero que tenemos aquí. ¿No te han avisado que no puedes entrar en el bosque? ¿O es que eres demasiado tonto y valiente para no acatar las normas de tus mayores? Hoy te haré aprender la lección, sufrirás tu desdicha pequeño Brian un castigo digno para el que no escucha de advertencias.
 
-          Pero... ¿pero cómo sabes mi nombre? – Atinó a decir, aun sintiendo que sus piernas no le sostenían por el temblor de verse sentenciado.

-          Yo lo sé todo, y hoy serás mi ungüento para la eterna juventud. Despídete juglar y continúa cantando ya sabes el trato, sigue atrayendo a imprudentes y yo seguiré perdonado tu insignificante vida.

-          Si ama. Lo siento chico, intenté avisarte.
Como si de una exhalación se tratara Brian y la bruja, desaparecieron.




Cuento presentado en la Comunidad de Relatos Compulsivos, para el CERTAMEN ESPECIAL DE SAMAIN. Palabras obligatorias: lenguaje, poeta, escritura, literatura, lectura, dibujo.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Variante

 



Cuando inicié el blog lo hice con un propósito muy diferente del que hoy nos encontramos, es aquí donde puedo ver con una claridad abrumadora que el ser humano a cada paso que da, avanza en una dirección totalmente opuesta a la acordada.

Que decir que a duras penas sabía qué hacer… pero ese proceso de inserción todos lo conocéis muy bien. Así que cometí un error, tras otro, incluyendo alguna que otra parada. Hasta este momento del que me sostengo como una circense inexperta.
Y la realidad es que creía saberme, ¿el qué? Está claro que nada. Pero como buena novata no hay que temer al desconocimiento, todo lo contrario se debe mirar con optimismo porque siempre hay una llave que abre justo esa puerta que nos hemos negado a descubrir.
Un propósito firme no es dado sin aprendizaje y éste no existe si antes no hemos caminado, caído y vuelto a transitar. La cuestión es que desde ese día uno, hasta hoy y este propósito de cambio proyectado existe la presencia.
La crítica, empezaré por decir que siempre he creído en ella como una herramienta de crecimiento. Una buena evaluación es una excelente enseñanza, y ésta una moneda que nos abrirá un nuevo mundo de conocimiento.
Es innegable que cuando creemos profundamente en nuestra verdad, cabe la posibilidad de que nos siente mal y no sólo lo creo, es que lo reafirmo. En cierto modo estamos alimentados por nuestro propio ego y su pavor de creer que somos imprescindibles.
 
Lo que necesito es ser indispensable para alguien. Necesito a alguien que ocupe todo mi tiempo libre, mi ego y mi atención. Alguien adicto a mí. Una adicción mutua.
<Chuck Palahniuk>

Pero no, ni nacemos enseñados, ni tampoco coronados, todo lo contrario. El proceso trata de mejorar todos aquellos puntos flacos, enclenques, raquíticos… vamos como se quieran denominar, pero lo que sí es seguro es que precisan de atención.
Y lo remarco porque personalmente aprecio muchísimo estos altos en el camino, son de una grandiosa generosidad que se nos haga ver los fallos. No hay que temer el traspié, pavor es ser consciente de él y no hacer nada para mejorarlo.
Pero también hay que tener cuidado al proveerlos, para que no se convierta en un sucedáneo de crítica, aquella realizada con un motita de maldad que oculta intenciones detractoras para el que las recibe.
El plano evolutivo es que hoy y mañana permanecen adheridos en un mismo tiempo, pero en su distancia se observan y aguardan con tintes de timidez.
Y aquí nos hallamos, sumergidos entre auroras a la espera de la despedida y su renacer, ansiosos por conocer cuál será la nueva y anhelada variante.
 


miércoles, 26 de octubre de 2016

La duda


Él

Empiezo a no comprender la razón por la que vengo cada día a esta cafetería, sólo pensar que la veré allí sentada en la que ya es su mesa, sumida en pensamientos, distante en su fragilidad, me entra una ansiedad que no logro contener y hace que cometa una estupidez tras otra.
Esto tiene que acabar, ya han pasado siete meses, ¡siete! se dice pronto pero es casi un año el que llevo esperando la oportunidad. Que empezaré por apelar el fracaso de mi vida. Simplemente quiero pedirle si me permite compartir con ella una taza de té con leche y canela, ¿os dais cuenta? Sé hasta lo que toma, parezco un psicópata. Y si se niega a mi compañía no pasa nada, pagaría su consumición y por fin sería libre. Pero, no, ¡claro que no! No me atrevo a dar ese paso.
Siempre es el mismo ritual, escucha la puerta del local, alza la cabeza y me observa con esa mirada dulce y apacible, que hace que se me contraiga el corazón y empiezo a sudar y temblar como un crio de teta. ¿Qué carajos me pasa? ¡Por favor! Así que entro a trompicones, malos modos e ignorándola. Pero luego como ya he avisado, cual desequilibrado observo todos sus gestos, movimientos y miradas. Y os aseguro que desde hace un tiempo éstas últimas empiezan a molestarme muchísimo, ¿qué vera en ese camarero? ¡si es un enclenque!
Es el momento de actuar, de ser un hombre. ¡Decidido! Cuando se marche la espero fuera y me presento, sí, ¡lo haré! Ahora concentración, respira, inspira. Hoy es el día. 

 



Ella
Cada día lo mismo y una siendo sincera empieza aburrirse. Prometo que si hoy no hace signos de que le agrade, ¡ahí te quedas guapito! No tendría que haber hecho caso a Ángela y sus ideas de la edad media, qué tortura. Siete meses esperando a que mueva ficha, porque tímido es, eso se ve a la legua, pero gustar le gusto. Nos deleitamos unos segundos que son maravillosos y como ya este juego lo conozco y sé que espera de mí, se la doy. Es entonces cuando se pone rojo como un tomate, para luego actuar como un ogro descoordinado, arrasando sillas y mesas hasta llegar a la esquina de la barra, su sitio.
Pero esto tiene que acabar, hace semanas que trabajo en otra zona de la ciudad y cada día camino o lo que no es lo mismo troto más de diez minutos para verlo, y luego corro de vuelta con el hígado en la boca para que no me despidan.
Lo que os decía la culpa es de mi amiga, le conté lo del juego de miraditas, que me hacía sentir vulnerable, que nunca había sentido algo similar por alguien que ni conocía y blablablá… ya sabéis conversaciones infinitas. En fin, me aseguró que éste podía ser la pareja, así en mayúsculas y bueno yo con mi mala suerte en el amor dejé que me asesorara y uno de los puntos era que permaneciera quietecita para no espantarlo y aquí estoy.
Pero ahora sólo hago que pensar que podría estar casado, tener hijos, perros, periquitos... ¿Quién sabe? Y yo como una demente soñando que este cruce de miradas se convierta en la historia de mi vida. Mejor me voy.
 

Camarero
Otra vez está ahí esa loca, mirándome fijamente y elucubrando a saber el qué, con ese bloc de notas que seguro apunta la forma más efectiva de liquidar al prójimo. Mi compañera Marisa me dice que no diga tonterías, pero claro no es a ella a quien mira fijamente cada día durante más de quince minutos, moviendo los labios y apuntando cosas. ¡No! Es a mí, y es que no hace mucho que salió en la prensa lo de aquella escritora. Estoy seguro que es una admiradora, no sería el primer caso que se dejan arrastrar por sus ídolos y sólo cambian algunas pautas a la hora de dejar la nueva firma.
¿Qué hace? ¡No! Se está acercando, ¿Por qué? Siempre paga en la mesa. ¿Qué querrá? ¡No puedo soportarlo!
-      ¡Aléjate de mí! ¡Fuera! ¡Fuera!
Huyo muerto de miedo y desde la cocina escucho como mi compañera, se disculpa y le dice.
-      No le hagas caso, últimamente la prensa lo está desquiciando. Hoy invita la casa.
 
-      Bueno… mmm… espero que no trate igual a todos los clientes, gracias y mmm… no creo que vuelva, he cambiado de trabajo. ¡Me despido!
Esto último lo dice muy fuerte, seguro que es para que lo escuche y me confié. ¡Ja! Lo llevas claro bonita.
 
 

 
 
 
 
 
Os recomiendo que leáis La escritoria de nuestra amiga y compañera María Campra Peláez, esto es un minúsculo guiño para una gran bloguera, ;)