Mostrando entradas con la etiqueta Conciencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Conciencia. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de junio de 2018

La fragilidad de los peludos

Hoy os quiero hablar de mis chicos. Y he pensado que la mejor manera es que sean ellos los que muestren y expliquen su historia, o lo que yo percibo; porque muchas veces cuando les hablo (sí, lo hago) me miran muy raro.


Si os fijáis dos de ellos son perros de caza; no es su caso. Estos animales son criados para un único fin y si no cumplen su propósito, muchos serán olvidados y/o maltratados.
 

La podenca vino a vivir con nosotros hace diez años, el día de todos los Santos. Allí donde las haya es una líder ingobernable, mitad perro, mitad gato, mitad ratona —si os contara sus batallitas veríais que completa— a parte tiene una enorme fuerza interior; eso incuestionablemente la convierte en la jefaza del grupo. No hay quién se atreva a toserle en la oreja sin que le haga saber que eso está muy mal, que la educación es lo primero. En aquel momento tenía sarna, es una enfermedad que afecta a la piel y no solo es por la gravedad de la misma, sino que es muy contagiosa. Imaginad las camadas que terminan infectadas y qué pocas serán tratadas. Era una perrita enclenque, llenita de clapas por todo el cuerpo, su confianza estaba muy dañada. Si te acercabas, se alejaba. Nos costó muchos meses ganarnos su afecto. Estaba tan falta de todo, que tenía los cuatro colmillos, ni siquiera se le habían caído los de leche. Ahora después de tantos años sigue siendo independiente, porque es la marca de la casa, pero de vez en cuando algún abrazo sí le robo.
La segunda en llegar fue Vilma, una bulldog muy cariñosa y obediente. Le encanta comer y dormir; digo yo, que como a todo el mundo. La historia de ella es la más dulce de los tres y eso nos suaviza al resto, sobre todo por sus ronquidos y ruiditos extraños. Llegó un día por sorpresa, me la trajeron al trabajo a primerísima hora de la mañana y tuvo que pasarse bastantes horas allí, porque yo resido un poco lejos y no podía hacer el viaje de ida y vuelta y cumplir con el horario.
A veces hace carotas como si estuviera enfadada, pero nada más lejos de la realidad, lo que le pasa es que es muy pensadora. Es la más dependiente del grupo y por eso aunque ya tenga sus añitos, la seguimos tratando como a una cachorrita.

Y el último de la fila, ah no, perdón; mi pequeño vagabundo, un Terrier Alemán. Otro que llegó sin esperarlo, porque sí, los tres son un valioso e inesperado regalo. Suerte la nuestra. Fue en Semana Santa del año pasado. En la zona donde vivo se caza el jabalí; yo cuando lo miro siempre pienso: éste pobre, ¿qué iba a cazar? ¿Qué? La cuestión es que él debió pensar lo mismo y por eso según me dijeron; no servía. Es muy poquita cosa, también le costó un tiempo adaptarse a su nueva vida, gruñía como modo de expresión —si estaba dormido tenías que ir con cuidado— A las otras me las tenía un poco mordiditas, pero muy conciliadoras lo aceptaron y no se lo tuvieron en cuenta. Desde fuera parecía un animal agresivo, pero la realidad es que tenía miedo y ese era su escudo. Ahora todo aquello es pasado y se parece más a un peluche recién sacado de la lavadora, como dice mi ahijada, ¿qué hace pelucón? 

La razón de esta entrada es que se acercan las vacaciones y con ello aumentan los abandonos. Hay que ser responsable, crear más conciencia sobre este hecho; no son un juguete, son seres nobles, cariñosos, inseparables, con un amor tan inmenso que emociona. Da igual las veces que salgas y entres de casa, como si es cada diez segundos siempre te recibirán con alegría. No comprenden los enfados y si lo miráramos bajo su prisma y aprendiéramos un poco de ellos, tampoco lo haríamos. Son una pócima mágica, si algún día estoy enfuruñada solo con pasar un minuto con ellos ya se me ha olvidado, ¿enfadada yo? Nunca.
Y lo más importante no entienden porque no estás allí, con ellos, NO, no lo comprenden. Y todos nosotros tampoco deberíamos.
¿Qué esperamos de la vida? Amor; y ellos sin ninguna duda, son la definición más fiel a esa palabra.  

martes, 5 de abril de 2016

Quietud

Hace tiempo que no escribo en perspectiva, desde la seguridad que proporciona su lejanía, observando el hambre del alma. Creo fielmente como en una oración que la introspección es necesaria para vivir, es nuestra pantalla la que ve lo que nosotros nos encargamos día a día de esconder, aún en su crueldad nos hace mejorar. Analizar y por segundos dejar de silenciar al monstruo que requiere de atención. 

Como digo hace tiempo que no observo y lo sé, porque mis letras están gritándome míranos, fíjate en nosotras y este corre, corre, llamado vida lo aparta y continua con la esperanza de que llegue el día que se ocultará. Pero lo fácil aunque sea lastimoso no existe. El principal problema es que soy un animal crítico y esa manera tan mía de ser es la que se encarga de ponerme los topes, una zancadilla invisible que grita ¡para!
 
Aire, respira, siente. 

Hasta que llega ese día y lo notas, bulles por dentro sin sentido, sin lógica, ni razón, solo con una necesidad, abrirte el pecho y que salga todo, libertad. Que no quede nada de lo que te asfixia y empezar solo eso, empezar.  

¿Pero empezar el qué?
¿Qué es lo que no está bien?
¿Qué priva de aliento?  

Para ver necesitamos escuchar. Sentir que nuestras emociones se complementan, que logramos resolver la ecuación. Salir y aspirar con fuerza a plenitud, a caricia de vida. Pero ver también es saber decir hasta aquí, y no será nunca un error el hecho de suspendernos si el camino se vuelve insostenible. La cobardía de ser ciegos, de permitirnos adormecer, es nuestra lacra nuestro peor castigo.  

Que tus pasos tengan la capacidad de comprender.
Que tus miedos no sean los que te gobiernen.
Que tu fortaleza sea la que maneje tu alma.



sábado, 17 de octubre de 2015

Maratón

Suelo correr mucho, no físicamente, ¡qué lástima! (las agujetas y yo somos enemigas acérrimas), me refiero a que cuando algo me gusta, de eso que merece la pena disfrutarlo soberanamente, corro y me empapo de todo lo que pueda y más.

¿Os pasa lo mismo? 
 
Más tarde pasado el tiempo, me doy cuenta que no es correcto, que no tenía que correr y hago un alto en el camino, pero uno de esos que no avanzas ni medio milímetro, no, no, tengo que recuperar el aire de mis pulmones. No sea que me ahogue y adiós historia.

Una vez quietecita observo y proceso y me doy cuenta que hice mal. Porque sí, últimamente estoy cometiendo pequeños fallos. Que no están bien y desmerecen al propósito. En ese momento me empapo de verdad de lo que valía la pena disfrutar, me regodeo en el gozo del disfrute y cuando ya estoy enterada, reanudo el camino. Pero esta vez sin prisa. Como en un viaje en locomotora, donde sentadito y quietecito observas todo el paisaje y bebes de él, y en este mundo de observación llegas directa al deleite real de los pasajes. 
 
¿Hemos olvidado admirar?

¿Apreciar?

¿Deleitar?

Creo que sí, que nuestros pasos se han vuelto maratonianos y con ello hemos relegado la simplicidad de lo correcto y yo desde hoy me digo que voy a ralentizarme. Eso no implica que no vaya a seguir, solo que necesito un poco más de tiempo. Que sino me pierdo en mi mundo claustrofóbico y eso si que asusta. 
 
Observo el paisaje lluvioso que me lleva a un ayer esfumado, apenas percibido por las necesidades de seguir sin ceremonia, sin dar existencia.
Entre el eco de las risas que permitimos que marchitaran.
Hoy aspiro a ver, a tocar, a ser. Prestar atención, como una niña que no conoce, y que en su empeño de alzarse adulta, olvidó lo que era merecedor de la ventura de sentirse viva.

Paseemos.


 

miércoles, 16 de septiembre de 2015

1993

Cuando tenía ocho años me operaron del apéndice, me acuerdo de ese día al milímetro no queda nada que no se conserve en mi memoria como algo patente.
Recuerdo la memoria del dolor, no físico, pero si el residual el que quedó de él en mí.
Me desperté con un dolor agudo en el costado, me punzaba tanto que no podía andar derecha e iba corvada, mi madre a primeras pensó que era un simple dolor de barriga así que me dejó en un silloncito que teníamos en la cocina para tenerme controlada. Era verano hacía calor. Pasé varias horas sin ingerir alimentos por lo que intentó darme un poco de sandía. Las madres en esas edades aunque no quieras algo te lo comes. Así que bueno, comí un par de trozos (y que mal me sentaron) acabé vomitándolo todo. El malestar no amainaba iba a más, cogió lo esencial y salimos las dos corriendo para urgencias, (yo como una pequeña pozí).  
 
Fue rapidísimo, llegar, palpar, operar.
 
Me pusieron en una contra sala al quirófano y la enfermera me dijo, que quién quería que esperara conmigo antes de la intervención. En esos momentos ya habían llegado mi padre y hermana, los veía a los tres a unos metros mirándome con una cara, que hoy día la recuerdo y se me parte el corazón. Pensé, ¡no es nada tranquilos! Que valientes son los niños cuando el miedo aún no vive en ellos.
No pude escoger, nunca me ha gustado escoger, ¿Por qué razón debemos escoger?
Así que la enfermera decidió por mí e hizo venir a mi madre. Yo le dije, - mama ha sido ella, yo os quiero a los tres.
En un visto y no visto ya estaba en una sala fría con varias personas afables, uno de ellos me dijo ahora deberás contar de diez a cero. Solo llegué al siete, cuando desperté descubrí que la anestesia me sienta fatal. 
 
Bien, lo que quiero decir es que tenemos un enlace directo hacia la memoria del dolor, se nos ancla muy dentro de nosotros. Puedo recordar cada segundo de ese día pero apenas puedo recordar los días posteriores que pasé en el hospital. Solo dos o tres momentos aislados, un peluche que me trajeron, un paciente que andaba por allí y me decía que niña más valiente (supongo que por el refuerzo positivo y porque en ese momento me creía invencible), pero no guardo mucho más para poder contar. 
 
Los malos momentos se aferran a nosotros, quedándose ahí, perdurando en nuestra conciencia, sin permiso al desligo. Aunque creamos que están superados, siempre regresan. Siempre. El fantasma del miedo ronda y de vez en cuando nos recuerda aquello que tanto dolor nos provocó. Pero como siempre, hay algo bueno en el camino y es que finalmente llega el día que te das cuenta que debes aprender a convivir con él y por fin en cierta manera te liberas. 
 
La palabra sana, sea hablada o escrita. Desliga nudos, hace florecer temores ocultos, que muchas veces nos hacen comportarnos de una manera no correcta. Nos ayuda de una manera increíble, saca emociones malas, buenas, inconexas.
Pero lo mejor de todo es que nos da libertad para sentir y ver. Lo que nos hace mal, lo que nos da intranquilidad. Para más tarde cuando lo exterioricemos sepamos seguir caminando. Sepamos seguir aprendiendo. 
 
Escuchémonos. 
 
 

 
Nota: El ejemplo que he puesto no es algo traumático, simplemente es algo malo que me pasó siendo pequeña cuando lo más peligroso que te podía pasar era… uy pero si no había nada peligroso, :)

miércoles, 26 de agosto de 2015

Renuevo

Llevo bastantes días sin escribir, conmigo siempre viaja una libretita donde voy apuntando mis divagaciones (incomprensiones {varias}). Les llamo borradores, cuando en realidad son los sentimientos que siente mi alma por los pasos que doy.
 
Pero estos días no he escrito ni una frase, nada. Se escucha un eco silencioso dentro de mí, a la vez que una ebullición de emociones incontrolables, que no tienen nombre propio para ser pronunciadas, y vienen a la misma velocidad que se van.
Nos desnudamos mil veces, dejando que nuestra alma vague sin rastros de silencios, con muestras de nuestra eterna verdad. Visionándonos para aquel que quiera observar.
Sin doblegarnos al gusto de otros, simplemente siendo nosotros mismos. Una búsqueda enfermiza del ser, del yo interior ese que grita fuerte para que el de fuera resuelva el camino y continúe.
Pero hay momentos que nos sentimos como aquel libro que compramos con el entusiasmo de saber que nos encantaría, (dándolo por hecho) y no conseguimos pasar nunca de la página número tres. Porque sí, siempre damos una oportunidad a la uno y la dos, pero a la tres… nuestra mirada se vuelve hacia ella desconfiada y nuestras manos la sepultan con decisión.
¿Qué nos (ME) sucede?
Como una planta que conserva las raíces pero quedó desflorada; en ellas está nuestra base, nuestra esencia. Es lo que hace que seamos maravillosos, dentro de nuestras virtudes pero sobretodo nuestros complejos. Porque todos tenemos esa asombrosa perfección dentro de este mundo extraño y desatento.
Volvemos a germinar como en una rueda llena de oportunidades. De nosotros nacerán nuevos tallos con unas flores mucho más resistentes a los reveses de un tiempo que creímos calmado y nos volvió a sorprender con indiferencia.
Hay momentos que nuestro mundo interior necesita una suspensión, un reencuentro, simples abrazos con eso tan valioso llamado nuestra verdad.
Nos perdemos en sueños, palabras, momentos. Y llega el día que te das cuenta de que te olvidaste de ti. Instantes para no saber qué decir, pero si querernos escuchar.
Los susurros también saben gritar.
¡Brotemos!
  
 

martes, 28 de julio de 2015

Bienvenida

Nunca se había sentido tan lejana de si misma, era como si su cuerpo ya no formara parte de ella.
 
Entendió el significado de la nostalgia, en la lluvia, cuando sus lágrimas compartieron el mismo camino. Ya no existirían juegos secretos, esos rayos habían pasado a formar parte de un futuro lleno de tormentas.
 
Aún rehuyendo de lo que le desencadenaría ese suceso, predecía un cambio más significativo de lo que había creído aprender hasta el momento.
 
Se pasó varias horas apoyada en la contraventana observando la tormenta, siempre había odiado esa cochambrosa casa. Y siempre terminaba volviendo. Esta vez en cambio quería correr, pero temía girarse y contemplar esa obra inacabada. No debieron engañarla, siempre la habían confundido por alguien ingenuo, esperaba que esta vez aprendieran la lección.
 
Lo había disfrutado demasiado de ahí radicaba su llanto, quería más, sentir el control sobre otros era lo más placentero que había sentido desde aquella vez, un recuerdo fugaz de niñez.
 
Una tímida sonrisa estaba germinando, percibiendo su propio reflejo lo comprendió, por fin se veía.
 
Hola niña.
 
 
 
 

lunes, 29 de junio de 2015

¿Vivimos de pretensiones?

Lo primero que ves de alguien es la imagen, y a partir de ella te haces una idea de la persona, la encasillas en un sector social y de ahí si existe cierta relación en tú círculo y si podría ser el caso de que formara parte de él.
Entonces bien podría decirse que somos superficiales, que realmente no admiramos lo que es alguien, su interior, sino la imagen proyectada y si ésta es idónea para nosotros.
 
¿Cuándo admiramos lo que tenemos dentro, hacia los demás?, ¿Y a la inversa? Dejamos que lo superfluo sea la importante, y realmente deberíamos observar desde dentro, lo significativo, lo que te dará necesidad, vínculo. Lo que nos provocará emociones internas, y no aspiraciones ilusorias de la nada.
Entonces sí, diría que somos pretenciosos. Y cuando no recibimos lo que aspirábamos de esa relación existe dolor, toxicidad, pero realmente no debería  ya que en su momento no miramos la esencia de la persona, solo su vestimenta, su forma de comportarte, su círculo, lo que nos iba a reportar. Es egoísmo, y éste provoca nocividad en uno mismo y hacia los demás. No existe escusa para tratarlo.
¿Quién reparte se lleva la mejor parte? ¿Por qué no admirar la belleza interior? Observar desde dentro hacía fuera, sé que este comentario ya lo añadí en una de las últimas entradas, pero cada vez que pasa el tiempo me torno mucho menos superflua, le doy menos valor a la opinión de lo que proyecto externamente no creo que mi pelo o mi ropa o mi coche deba interferir positivamente en una posible relación de cualquier tipo. Trato ya el tema como una reivindicación personal. Es mi plan, soy así y mírame pero esta vez de verdad.
Creo sinceramente en qué el que menos se las da, más es. Y mucho!
Si das amor por una razón equivocada, al finar provocarás o te provocarán dolor y si eres un ser emocional eso será más que un bache en tú vida, heridas que siguen abiertas, y no existe sutura capaz de cerrar.
Y la realidad es que si nos miramos desde arriba, no somos nada, ni yo más que tú, ni él más que nosotros. Todos tenemos necesidades básicas, somos animales con mente racional. El problema de nuestra mente es que tergiversa lo importante. ¿Deberíamos ser un poco más primitivos? Quizás solo debamos entrar en nuestro mundo introspectivo y leernos. Él nunca nos miente, nos dice las verdades aunque hieran.
Mírame, ¿me ves?
Yo a ti, SI!
 
 

jueves, 18 de junio de 2015

Si me copias, te copio.

Es fácil dejarse llevar por lo que se espera de nosotros, la verdad es que es lo más sencillo.
Aspiras al crecimiento de otro y tú simplemente te solapas, sin expectativas propias.
Como una moda pasajera donde su vida útil ronda entre los dos y cinco años. Y así sucesivamente hasta que llegas a un punto que dices.
 
¿Y yo?, ¿Existo?
 
Permitimos que otros escojan, como hablar, como pensar y hasta como peinarnos.
No somos entes individuales, no tenemos identidad propia.
Plagios de plagios.
 
La edad critica, la de la no personalidad, la de la autobúsqueda quedaría entre la adolescencia a la primera etapa adulta. Comprendo que ahí no sabes quien eres y cometes locuras, yo la primera. Mis cambios radicales de color de pelo (eran lo más), mi forma de vestir cutre salchichona (lo máximo), mi forma de expresarme (mi razón, era la razón universal), vamos como todas mis amigas y todo humano que haya sido adolescente.
Mis pobres padres, viviendo ese proceso con las manos en la cabeza, (castigos incluidos).
Pero me buscaba no sabía quien era. Nos buscamos.
 
Pero esa etapa difícil pasa (¡gracias a DIOS!), y cuando sucede ya es una obligación reafirmarse como alguien y no como algo de alguien.
Saber que aspiras de ti, que buscas, o al menos intentar llegar a ello, mil veces. Aunque el paso sea extraño y no tan fácil como suponías que debía ser. Pero no por ser complicado debes dejarte llevar. Tú barco es tuyo y tú camino único.
 
Como digo es fácil agradar, pero es todo superfluo, no real. Corderos a la espera de un guión escrito que solo debamos releer. Lo complejo es ser visibles, rodearnos de gente que se muestre tal cual. Que le gustes por quien eres.
Buscar tus propias aspiraciones, encontrarte en éste camino sin guión pero con mucho destino. 
 
Que miedo tenemos, ¿no agradar?
Pues bien, bajo mi visión y siendo clara, si tememos mostrarnos y con ello alejar a quienes nos rodean, es que no nos valoramos y hacemos que no nos valoren como merecemos.
No es tu sitio y lo único que puede pasar es que te sacrifiques por dolor. 
 
Al querer siempre permitimos y con ello hacemos cosas que no nos terminan de agradar. Bien sabemos que es cierto. Pero una cosa es tolerar, querer, dedicar y otra es perder valor, esencia.  
 
Yo aspiro a la realidad, real.
Ha mirarme desde dentro para afuera. 
 
Dicho! Que no espere que lo esperen.
 
 

 


domingo, 5 de abril de 2015

Puente efímero

Si me sigo enlazando me ahogaré con mi propia cuerda. Pero la repetición hace la causa, y la causa el pasaje de nuestras vidas.

Para reencontrarnos en este camino de compromiso primero deberíamos decir al público no es lo que tú esperas de mi, esto es más entre mí y yo.

Cuando estamos siempre rodeados de gente, al final la esencia personal lo que somos se desvanece, porque la influencia externa aunque no sea mala nos arrastra a lo que se lleva en ese momento, o simplemente lo que se espera de nosotros. Por eso creo en la soledad como en una herramienta de saneamiento para reencontrar esa voz interior.

Para muchas personas es muy fácil saber, qué o quién, las admiro profundamente. Son seres extraordinarios con ideales tan sólidos que no puedo más que querer formar parte de esa materia, otros en cambio luchan por reencontrarse a cada paso que dan.

Cada persona está claro que es una circunstancia diferente al resto, por lo vivido, por lo pasado y por lo que espera. No con ello no podemos clasificarnos en entes comunes y similares por una meta colectiva.

Puede que mi vida haya sido prácticamente fácil o no. Pero no con ello no puedo aspirar a encauzarme en la misma visión que otro ser humano común a mis ideales, y ese otro ser puede ver similitud en el otro, y así sucesivamente hasta formar una comunidad.

Porqué cuando ya sabemos quién somos, el hacía no se incluye.

Finalizando (y ya tocaba), creo solo en esto como cierto; nuestro interior consciente es el primer paso hacía un camino exterior común.