martes, 12 de septiembre de 2017

La frase

 
Sitúa a los demás en tu lista de prioridades y lograrás el final deseado.

 
Antonio se repetía aquella frase cada día, como una oración. La leyó un día que acompañó a su madre a la consulta del médico, esta vez para a una simple revisión de rodilla. Y desde entonces, la creyó certera, tenía que ser así, no podía ser de otra manera. Con cuarenta y dos años, seguía viviendo con una madre aquejada de cualquier mal que la hiciera ser el centro de atención, e ir a todas las consultas médicas existentes. Él como hijo único y buen hombre, antes niño, había decidido dedicar su vida en exclusiva a esa madre quejumbrosa y doliente, que estaba arrastrándolo al ahogo a pasos agigantados. ¿Y por qué tanto valor a esa frase? La razón es que en ese momento de su vida, no podía más. A penas la miraba con el respeto que una vez le tuvo, solo rezaba, eso sí, en secreto, que por fin uno de todos aquellos médicos le dijera que su mal no tenía solución, y que fuera la guadaña, los ángeles o quién estuviera dispuesto a velar por todas aquellas necesidades egoístas, el que cuidara de ella, porque él, ya no podía más, ya no.

Ahora repitiendo aquella frase lo veía claro, era una patraña, una mierda. ¿La razón? Diremos que durante un tiempo Antonio había puesto el corazón y el alma, y a cambio había recibido dolor y desprecio. Nunca más volvería a cometer el mismo error. Con una madre ya tenía más que suficiente para añadirle ahora a una Mariana. Porque él podía comprender que su compañera de trabajo no se hubiera dado cuenta de sus sentimientos, ni tampoco de las intenciones, y eso que para dicha causa le había estado enviando varios mensajes silenciosos. Como recibirla cada mañana con un café a su gusto, extra dulce con un toque de canela y mucha nata. ¡Ojalá, se le cariara esa preciosa sonrisa! Ni que reparara, ni le agradecería todas las tardes que se quedaba más horas para terminar el trabajo que ella durante la jornada no terminaba. Mientras, la susodicha, se podía dedicar a sus quehaceres, como ir al gimnasio, de compras o citas que en principio era con amigas. Pero la ingenuidad se fue perdiendo y al final comprendió que Mariana sabía perfectamente lo que estaba pasando, y necesitaba de un tonto para aprovecharse. Y claro, Antonio era ese tontorrón que no conocía de la vida más allá de médicos, madres y trabajo remunerado. Todo lo demás era una incógnita para su realidad. Y siendo francos, tampoco es que un día bajara un halo de luz y le mostrara el camino diciéndole: —Mariana, no es para ti.— No, la realidad es que una tarde terminó el trabajo antes de tiempo y pensó, que después de tantos meses velando por sus necesidades, bien podrían tomar algo juntos, se lo había ganado, o eso caviló. Y recordaba, bueno, conocía su agenda al completo, y los miércoles era el día que quedaba con las amigas en la Cafetería Lama, pero resultó que las amigas se convirtieron en un simple individuo con barba, gafas de bohemio, y un traje caro.
En ese momento después de años opresivos con una madre enferma y una compañera de trabajo, que pudo ser la segunda mujer más importante de su vida, obró en él un cambio radical. Y no es que de repente atrajera todas las miradas, eso no, claro. Simplemente dejó de hacer lo que los demás le exigían para hacer lo que él necesitaba.
Lo primero fue dejar el trabajo, llevaba en aquella empresa desde los veintidós años, nada más salir de la facultad enganchó con las prácticas y allí se quedó, nunca se preguntó si le gustaba o le llenaba lo que hacía, era trabajo, era dinero, era seguridad. Mariana no se lo tomó muy bien, rememorando la escena anterior ‘luz cegadora’, diremos que cuando la encontró con las manos entrelazadas del bohemio chic, en ningún momento se disculpó ni intentó disimular, pero en ese momento sí que le pudo la emoción de verse abandonada por el compañero de vida, perdón, empresarial. ¿Quién le haría ahora el trabajo? ¿Quién? Antonio fue claro, tú.

Y así con una tarea menos de su limitada lista, se fue para casa y descubrió algo que no esperaba, pero que le dio el necesario y apremiante último empujón, al fin y al cabo las costumbres hacen del hombre necesidades. Y allí estaba su madre, aquejada de la rodilla, cadera, brazo y todo tipo de hueso, articulación o músculo inexistente, subida a un taburete, ¡de puntillas! buscando en el armario más elevado un paquete de galletas. Decir que también tenía azúcar a su haber.

—¡Está loca! ¿Puede saber que está haciendo? ¡Por favor, madre, podría caer!

—¡Oh, que susto! Bueno, yo… quería una galleta, te olvidaste de ponérmela en la mesita esta mañana, ya sabes, que una no me hace daño.

—Pero si esta mañana no podía ni pestañear, ¿Cómo puede ahora comportarse como una experta equilibrista?

—Yo, yo… me encuentro mejor, ¡he mejorado! Sí, eso es, estoy perfectamente. Ahora hijo bájame, del esfuerzo creo que me estoy mareando. ¡Sí! me mareo, estoy cada vez peor, creo que es el azúcar, no debe ser la tensión, no será la musculatura del brazo derecho, que al estirarlo habrá enviado una señal negativa a mi cerebro y ahora, cógeme hijo, cógeme.

Pero Antonio no se movió, ni habló, solo procesó cada mentira, cada día, mes, año perdido entre invenciones y tretas. Y allí estaba ella, en el taburete, pálida por primera vez en su vida, y la vio, pero esta vez de verdad, frágil, pequeña, y sintió lástima. Porque comprendió que para ella, todas aquellas argucias eran la única manera que creía que serían capaces de retenerlo a su lado. Y en cierta manera odió al padre que los abandonó, porque le incrustó el miedo a la soledad de la peor manera existente, y se prometió, que este nuevo Antonio como el anterior, no la iba abandonar, por mucho que ahora quisiera tirarla por la ventana.

—Vamos madre la llevaré a la habitación para que descanse.

—Gracias hijo, no te irás, ¿verdad? No volveré a subir a ese taburete te lo prometo, todo volverá a ser como antes.

No madre, no me iré. Pero todo ha cambiado, más tarde hablaremos.

Así fue como Antonio empezó a manejar sus tiempos, a pasos pequeños, después de todo ese niño de cuarenta y dos años todavía seguía presente, es difícil cambiar los hábitos. Abrió una pequeña tienda de coleccionables, resultó que todos aquellos años había adquirido un gran número de utilitarios que el tiempo se encargó de valorizar al alza. Y la madre por primera vez, respiró, y los males que tanto la habían aquejado fueron desapareciendo poco a poco, un milagro habría obrado con menos fuerza.

 
Ya no recordaba aquella frase tan a menudo, pero sí era más feliz, es difícil medir la amplitud de esa palabra, se sentía seguro, tranquilo y comprendió que el amor no necesita de compañía con la verdad se basta. Pero como todo el mundo le gusta leer un final notable, diremos que contrataron a una asistenta que resultó una enamorada de las bellas personas, y qué decir, que Antonio era una bellísima persona.
Así pues, ¿cuándo llega el momento de cada uno? Será cuando uno menos se lo espera, o puede que sea cuando elimine lo que mal le hace. Lo que sí es seguro, es que si se hace con amor, se es feliz desde la primera toma.

51 comentarios:

  1. Un lindo relato basado en una vida cotidiana. Demuestras con él, que todo el amor que se pone en lo que se hace, tiene al final una consecuencia gratificante para quien lo pone en práctica.
    Sólo amando nos sentimos necesarios e importantes.
    Un beso.

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    1. Qué bonito comentario Francisco, te reitero la frase: solo amando nos sentimos necesarios e importantes. Pero también nos tenemos que querer a nosotros mismos, sino siempre habrá alguna cosa que no terminará por funcionar.
      Besos.

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  2. Da mucho que pensar. Me gustó, un placer volver a leerte.

    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por tus palabras, David.
      Un abrazo.

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  3. Ay, Irene cariño, me ha encantado el mensaje que transmites y sobre todo el cómo lo has narrado, haciendo que el personaje entre en nosotros.
    Gracias preciosa.

    Mil besitos para tu noche ❤

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    1. Muchas gracias a ti Ana María, te lo agradezco de corazón.
      Muchos besos.

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  4. No hay nada peor que vivir la vida de los demás. Una cosa es responder a tus responsabilidades familiares o del tipo que sean y otra, dejar que las personas te tiranicen. Quien no sabe poner límites a las exigencias ajenas, ni es bueno para sí mismo, ni tampoco es bueno para las personas a las que se quiere ayudar.
    Tu relato es muy ilustrativo del agobio que puede llevar a desear la muerte (o a matar, en un relato más negro) a la persona en cuestión.
    Muy bueno.
    Un beso.

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    1. Hola Rosa,
      Te doy la razón, llega un momento que tienes que aprender a poner límites por un bien común, anteponerte a los demás no te hará peor persona, todo lo contrario.
      Pero hay perfiles opresores que en cierta manera se aprovechan de la bondad de otros, pero al final es uno mismo el que se sitúa en ese escenario. Por lo que debe valorarse lo suficiente, para ser feliz, sin renunciar al amor que siente, pero sí, a medirlo como corresponde.
      Muchas gracias por comentar.
      Besos.

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  5. Como de costumbre bien narrado, nos haces identificarnos con el problema aunque no lo hayamos vivido, nos metes en la piel de Antonio, la de su madre y la de su compañera de trabajo, para luego poder sacar nuestras propias conclusiones, sin obrar como verdugos de ninguno de los tres.
    Cada uno elige la forma de actuar, si somos victimas o verdugos, es por nuestra propia elección, a veces somos nosotros mismos quienes creamos las condiciones para valemos de excusas para no salir de nuestra zona conocida o de seguridad. Por eso es tan importante y tan necesario hacer cambios en nuestra vida.

    Creo que la vida te moldea el carácter para convertirte en alguien valioso a los ojos de los demás y mas tarde sepas valorarte a ti mismo y defenderte, y sobre todo, encontrar la manera de estar a gusto contigo y atraer toda esa felicidad que mereces.

    Muy bueno el relato, bastante aleccionador.

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    1. Harolina primero de todo, muchísimas gracias.
      Valoro muchísimo el tiempo que dedicas leyendo y comentando mis entradas, siempre extraes una reflexión que no hace más que engrandecer el texto, y eso me hace realmente feliz, no puedo más que agradecértelo.
      Sobre lo comentas yo también lo creo así, al final somos nosotros los que nos movemos en este tablero llamado vida y, o bien nos colocaron como quisieron o nos encontramos allí sin saber la razón, pero al final, tarde o temprano la última elección siempre es nuestra, y el valor de como la afrontemos el camino.
      A veces andamos dormidos entre la comodidad de lo conocido, y olvidamos o dejamos pasar temas que poco a poco generan dolor y frustración. Por eso si hay una cosa en la que creo es que debemos intentar ser felices.

      Un fuerte abrazo.

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  6. Hola Irene, bueno yo creía que terminaba con la madre en el suelo, si se había despedido del trabajo pues también de la mamma, pero al final como buen hijo, allí aguanta. Una historia del día a día; hay viejos que se convierten en unos tiranos, egoístas hasta la muerte, no sé si es miedo a la soledad, amargura,.. Un abrazo

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    1. Hola Eme,
      Pues tampoco sería una mala opción, jeje
      Nuestro pobre Antonio es demasiado buena persona para hacer eso, pero por lo menos está reubicándose en la vida y buscando aquello que más feliz le hace.

      Muchas gracias por comentar.
      Besos.

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  7. Me encantan las propuestas que invitan a reflexionar sobre lo que se considera correcto. En este relato me quedo, sobre todo, con el personaje encadenado a lo que es socialmente correcto como es cuidar de su madre o ayudar a su compañera. Es cierto que ni la madre estaba tan enferma ni la compañera tan necesitada de ayuda pero el planteamiento está ahí: ¿hasta qué punto debe renunciar el individuo a su desarrollo personal en aras al prójimo? O quizá, para dar felicidad, uno debe ser feliz, y esta felicidad se consigue viviendo no sirviendo. El relato lanza el debate y hasta nos indica la respuesta. Estupendo, Irene.

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    1. Hola David,
      Qué valoración más positiva, muchísimas gracias.
      Las cadenas o costumbres son difíciles de romper, la vida para nuestra desgracia nos invita a estancarnos y acomodarnos. Lo difícil es salir y gritar, ¡esto no! La respuesta a la primera pregunta, te la respondo con otra pregunta, ¿debemos renunciar? No creo que nadie que te quiera o valore lo suficiente permita que lo hagas. Porque eso irá de la mano de la pérdida de la felicidad (futura), ya que estoy segura que durante un largo período de la vida uno no sentiría que algo no va bien, es más, vería correcta la elección, pero poco a poco esa frustración iría brotando y al final el amor inicial, lo que se creyó como correcto, quedaría desvirtuado.

      Un fuerte abrazo.

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  8. Las cargas morales, esas que te caen en la espalda y que parece que por obligación tenés que asumir porque te enseñan que eso es lo que hay que hacer, a veces, como en el caso del protagonista, te impiden ver lo que de verdad está pasando.
    La coacción funciona así, apelando al lado flaco de "es tu obligación" y si uno se rebela, cae, desgraciadamente, en la culpa y se crea la personalidad culposa.
    Muy bueno, Irene.

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    1. Hola Simón,

      Esa es la palabra, coacción, hace un rato para responder un comentario buscaba la palabra adecuada. Manipular para un bien propio y lograr con ello que otros hagan lo que creemos como correcto es un error. Con ello solo conseguiríamos nuestro propio bienestar, (precario) y la verdad es que no podemos impedir, nunca, que los demás sean felices. Todo lo contrario. Si ellos se sienten completos, tú sin ninguna duda formarás parte de ese bienestar. No podemos exigir la vida de otros, solo la nuestra.
      Pero el miedo muchas veces actúa en nuestra contra e impide ver con claridad.

      Muchísimas gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  9. Lo bueno es que a los 42 años (más vale tarde que nunca) le llegó su tan ansiado "final feliz". Los finales felices, paradójicamente, abren e inician un nuevo capítulo.

    Saludos y saludes!

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    1. Hola Julio David,
      Así es, para el protagonista es un nuevo capítulo que nada tiene que ver con el anterior.
      Muchas gracias por comentar.
      Un abrazo.

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  10. Me ha encantado el relato Irene, simplemente genial. Podría decirse que me he sentido un poco identificado con el protagonista –aunque ha habido momentos en los que pensaba que se iba a cargar a su madre, jajaja–. No obstante he sentido alivio cuando la narración ha ido arrancando y me has tocado la patata con el final. Estoy totalmente de acuerdo con tu reflexión. Un fuerte abrazo! ; )

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    1. Hola Ramón,

      No me digas eso, que ahora me dejas preocupada. Y no sé ni qué decirte...

      Como le he dicho a Emerencia podría ser una opción, pero, Antonio otra cosa no, pero bueno, lo es y mucho.

      Muchas gracias por tus palabras.
      Un abrazo fuerte, de los que reconfortan.

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  11. Un relato estupendo.Un final demasiado feliz.La madre se convierte en otra madre.Y el despierta del acoso en que esta sometido por ser como es,buena persona.Estoy con Julio David,la historia puede seguir.Me gusto y tiene muy buen ritmo.Saludos

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    1. Hola Betty,

      Si, te doy la razón. Es demasiado feliz, pero no podía darle otro, después de todo el protagonista se lo merecía.

      Muchas gracias por comentar, vuelve siempre que quieras.
      Un abrazo.

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  12. Bonito relato Irene. A veces nos quedamos atrapados en una realidad porque así lo elegimos o porque la vida en su inercia nos ha posicionado allí. Es difícil tener la valentía del protagonista y empezar una nueva historia con la que estár más a gusto. Realmente un gran relato para reflexionar sobre lo que podría hacernos mejores personas o al menos el poder llevar una vida más serena.
    Me ha encantado Irene.
    Un besazo.

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    1. Yo también lo veo así Ziortza, las circunstancias que nos llevan a esa realidad pueden ser por una causa u otra, pero la valentía nos corresponde a nosotros.
      Muchísimas gracias por tus palabras.
      Besos.

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  13. Precioso relato. Una historia que bien se podría usar para muchas personas que no saben decir que no. Yo teno ese curs pendiente, aprender a decir no.
    Muy bonito final que te deja con buen sabor de boca.
    Un besillo.

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    1. Yo también tengo ese problema María, pero estoy en ello, y en los último meses hasta he mejorado. Es difícil, pero tenemos que hacernos valer. Y tú vales mucho.
      Muchas gracias por comentar.
      Besitos.

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  14. La situación del protagonista refleja una realidad que viven muchas personas, por desgracia. Cuando se trata de cuidar a un padre o una madre enfermos, es necesario sacar un altruismo que no todo el mundo tiene. Además, llega un punto en el que el cansancio y el hastío pueden más que el amor.
    Este relato hace reflexionar sobre esa realidad y sobre lo ingrata que puede ser la vida a veces con quienes se dan tanto a los demás. No obstante, creo que, como comenta Rosa, no hay nada peor que dejarse tiranizar, por lo que también hay que saber encontrar el límite.
    Me gusta creer que sí, que a cada uno le llega su momento si sabe desprenderse de lo que le hace daño. Me alegro mucho por Antonio.
    Un abrazo, Irene.

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    1. Hola Sofía,
      Muchas gracias por comentar.
      Te doy la razón, al final el amor se convertiría en otra cosa muy diferente, por mucho que la decisión de renuncia la tomáramos nosotros, si uno se limita terminará por sentir frustración y rencor.

      Un besazo.

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  15. La frase del inicio es una imposición, porque mal se puede ayudar a otro, olvidándose y desconectándose de las propias prioridades y necesidades.
    Un relato muy bueno que induce a la reflexión. Un gusto haberte encontrado, Irene.
    Besos.

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    1. Qué bien Mirella, me alegro que me hayas encontrado, prometo que en breve pasaré por tu página para así conocer un poquito de ti.
      Nada se puede hacer si primero no se hace por uno mismo.
      Muchas gracias por tus palabras y por quedarte.
      Besos.

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  16. Se puede leer un montón de cosas entre las líneas de tus letras, Irene. Una reflexión en toda regla que según mi parecer entendí en tu estupendo relato; Siempre hay un motivo (oculto) o que no se quiere ver dentro en este caso de los tres protagonistas.

    Un día, Antonio despertó, observó sin juicio y comprendió lo que realmente sucedía en su día a día. Y simple y llanamente, el amor lo transformó y junto a él, a los de su entorno y vida entera.

    Genial, mi querida amiga.
    Eres increíble.
    ¡Besitos!

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    1. Hola Mila,
      Te he dicho ya que me alegro mucho, pero muchísimo ¿que hayas vuelto? :)
      Antonio se ahogaba en su propia vida, elegida o manipulada pero sentía que ya no iba bien, por suerte las circunstancias le hicieron abrir los ojos, como siempre pasa, con alguna verdad de esas que hieren, pero que tan bien nos hacen.

      Muchas gracias, amiga.
      Besos y abrazos.

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  17. A veces ese darse a los demás es la tarea más ingrata que alguien puede realizar, porque ese tiempo regalado otros lo toman como una obligación adquirida.
    Qué bien que Antonio decidiera reaccionar y encauzar su vida, las buenas personas se merecen un destino mejor que el que reciben en muchas ocasiones.
    Yo también me quedo con una frase tuya: "el amor no necesita de compañía, con la verdad se basta". Es genial.
    Ha sido un placer leerte, me he sumergido en la vida de Antonio como si fuera él mismo.
    Un beso grande, Irene.

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    1. Hola Paloma,
      Tengo que confesar que si hay una cosa que deteste más que nada en el mundo es la mentira, por eso creo que si hay verdad, razón y compromiso certero en nuestro alrededor, no necesitamos nada más.
      Muchas gracias por tus palabras, te las agradezco muchísimo.

      Un besazo enorme.

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  18. Del mismo modo que los padres han cuidado abnegadamente y con amor a sus hijos pequeños, estos se sienten muchas veces obligados a corresponderles del mismo modo cuando aquellos envejecen. Pero no por ello el egoísmo de un padre o una madre debe esclavizar a un hijo o una hija hasta el punto de no dejarle llevar una vida normal. Todavía sé de casos en que una hija no se legó a casar para quedarse al lado de su madre y cuidarla hasta su muerte. Triste y vacía es la vida de un hijo sujeto de esta manera, pudiendo llegar a odiar a su progenitor/a, sobre todo si este/a se inventa males para atraer aun más su atención.
    Y algo parecido puede pasar con las relaciones humanas; siempre hay el aprovechado que se vale del aprecio y la amistad de otro (en esta historia, del enamorado) para sacarle el máximo provecho. Ay el amor, que es ciego.
    Solo la libertad nos hace ser felices.
    Un estupendo relato que resume, a mi entender, todo lo antedicho.
    Un abrazo.

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    1. Hola Josep Maria,
      Es la rueda de la vida, el compromiso de cuidar a los tuyos, porque así es como debería ser. El amor muchas veces induce a la renuncia, otra cosa es la obligación adquirida, porque eso es egoísmo y allí poco sentimiento existe, todo lo contrario.
      Me encanta, solo la libertad nos hace ser felices.

      Muchas gracias por tus palabras.
      Un abrazo, fuerte.

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  19. Qué bueno, lo he leído sin pestañear. PObre Antonio, menos mal que poco a poco abrió los ojos.
    Besos.

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    1. Hola Gema,
      Muchísimas gracias por comentar, :)
      Nuestro Antonio al fin tendrá su merecido final.
      Besos.

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  20. Hola Irene, un placer conocer tu espacio literario en primera persona, tras ese entrañable viaje que nos has relatado en los viajes y fotos de Eme.

    Lo cierto es que tu relato además de estar estupendamente escrito nos lleva a la reflexión de hasta donde hemos de llegar con el altruismo, sin dejar de lado nuestra "obligación" de disfrutar de nuestra propia vida.

    Un abrazo Irene.

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    1. Hola Miguel,
      Tengo que darle las gracias a Eme, por traerte hasta aquí, me alegro que te quedes.
      Yo también lo creo, tenemos derecho a ser felices, es más, creo que es nuestra obligación el serlo, sin renunciando a lo demás, pero si complementándose.

      Un fuerte abrazo.

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    2. Necesito café, :)
      Quise decir renunciar.

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  21. Hola Irene, bonito y reflexivo relato. En tiempos de egoísmo, un relato que nos habla de generosidad y altruismo pero con una importante lección, no renunciar a uno mismo porque algunos no son ni generosos ni altruistas y sí manipuladores que atrapan como en una telaraña al pobre Antonio y se aprovechan de él. He respirado con alivio cuando el hombre ha podido tomar decisiones que lo lleven a ser más feliz y a preocuparse también un poco por él mismo.
    Un relato estupendo.
    Besos

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    1. Hola Conxita,
      Me alegro y mucho que hayas terminado respirando con alivio, Antonio merecía un poquito de felicidad. Y sobre todo tomar las riendas de su vida.

      Muchísimas gracias por comentar.
      Besos.

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  22. Este relato nos lleva a la reflexión, que hacer cuando tus padres se hacen mayores y se necesita de cuidados. Con el amor se hace todo. Pero es ingrato que hay padres que se creen que el hijo debe de atender todas las necesidades. Se tienen que dar cuenta que el hijo tiene otra vida que tiene que dedicar a otras cosas. A veces en los padres hay egoísmo. Otra cosa es que están muy enfermos y deben de ayudarles. Pero ahí está la cuestión ,no todos los hijos quieres sacrificarse. -Un abrazo Y bienvenida otra vez de nuevo

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    1. Mamen, muchas gracias por la bienvenida y por tus palabras.
      El miedo a la soledad es terrorífica, esta pobre mujer se aferraba al hijo porque sufrió un abandono que en su momento no superó, no la justifica pero si hace que la comprendamos.

      Espero que ya estés más recuperada.
      Un fuerte abrazo.

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  23. Hola, Irene. Aunque me alejé de Google+ no lo hago de placer de leerte. Un relato que, como muchos tuyo habla, en las lineas y las entrelineas, de tu ser sensible, generoso. Un saludo afectuoso!

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    1. Qué bonito lo que me dices José Ángel, estoy muy agradecida y feliz de que no te marches del todo, :)
      ¡Abrazos, fuertes!!!

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  24. Qué relato tan interesante, Irene. Yo diría que en él nos ofreces las dos caras de una misma moneda aplicadas a la vida. Es importante el amor que damos, a los demás y a lo que hacemos, pero también el que nos quedamos para nosotros mismos, para invertirlo en nuestra propia autoestima. Parece que Antonio llegó a verlo claro después de un tiempo de ceguera, pero nunca es tarde si la dicha es buena... ¡y tuvo su merecida recompensa!

    Es un placer volver y encontrarse con letras tan sabias :)

    ¡Besitos de sábado, guapa!

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    1. Hola Julia,
      Yo también lo creo, si uno no es feliz no puede aportar a los demás, o por lo menos no de la manera correcta. Tenemos que valorarnos y buscar felicidad en todo aquello que hacemos, sea más o menos complicado, pero buscar esas motitas de luz, que tan bien nos hacen.

      Me encanta que hayas vuelto, preciosa (aunque tus retos sean complicaditos) P.D. para más información comunidad: Escribiendo que es gerundio, ;)
      Besos.

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  25. ¡¡Hola Irene!! ¿cómo decirte que tu relato me ha parecido precioso y me ha "llegado"? Son tantas las veces que nos metemos en "cadenas" de las que luego no podemos salir que hasta me he visto un poquito reflejada en Antonio.
    La teoría está clara y me la sé, pero ay la práctica...Sientas precedentes y luego la propia conciencia te impide dejar de seguirlos. No es más que aprender a decir NO y, a la vez, acallar la vocecita interior que te dice que lo estás haciendo mal, porque se sale ganando seguro, como tan bien nos has contado.

    Un besazo enorme, encanto. Me ha gustado regresar a tu casa y encontrarme con un post como éste.

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  26. ¡Hola, Chelo! Si me dices que te ha llegado, yo me quedo más que feliz, de verdad, :)
    Yo también tengo la teoría muy clara, el problema radica en la ejecución, jeje (como todos, ¡qué difícil!) cuando queremos compartimos parte de lo que somos y ese hecho nos limita como individuos, haciendo que la elección personal muchas veces quede relegada. Pero aun así tengo algo muy claro y es que podemos moldearnos pero no perdernos.

    ¡Muchas gracias por tus palabras y pasarte, me encanta, mucho, mucho que hayas vuelto!
    Un besazo, enorme.

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