<<Rosario Castellanos>>
∞
Llueve, en esta habitación se desgarra el lamento de aquello
que pudo nutrirnos, y por el contrario nos demoramos en descifrarlo.
Recuerdo el primer amor, la primera vergüenza, como con vacilación
unas manos se palpaban con torpeza, impregnados del desconcierto que supone el
reconocimiento. Los inexpertos primeros besos, incómodos y al mismo tiempo parían
una latitud imperecedera. Las miradas, no lo sabíamos, pero ellas eran las que
alimentaba nuestra alma. El pulso se desbocaba en el ensayo por alcanzar la
adultez. Qué ingenuos e ilusos fuimos, con qué prisa quisimos recorrer las
estaciones.
Ese primer apego, inofensivo, fugaz; desapareció. Y entonces
brotó la compulsión, el fervor, la necesidad animal, ya no valía el
reconocimiento, impulsaba el salvajismo y llegaste tú, con tus juegos, con esa
indecisión que lejos de frenarme, me atraía como una larva.
Creí que serías el amor verdadero, el de para siempre, la
mentira con la que fui segmentada desde la niñez, lo deseé, no razoné, era
instintivo, pero debí darme cuenta, nunca fui tu igual.
Era cariño, compañía, un escudo al que refugiarse, y me
esforcé, dios sabe que lo hice, años y más años soportando desplantes,
frustraciones, malas contestaciones; obligaciones. Qué error se comete al creer
que al querer le corresponde esa palabra. Permití en nombre de la ternura, toda
esa ignorancia. Eludiendo como se me degradaba en posiciones donde tus suelas
pisoteaban con fervor mis sentimientos. Pero no fue tu culpa, o puede que en
algo si la tuvieras, debiste soltarme, pero no, como sabemos, era cómoda esa inexactitud
concebida.
Hoy miro atrás e interpreto a la muerte desde otra
perspectiva, comprendo que hay símiles, otras guadañas, porque aquella que fui,
penó lentamente, se extinguió en cada poso, en la inseguridad de no saberse
amada.
Créeme cuando te digo que lo único que pido, es que, si me dices amor, para mí es amor.
