Reseteemos esta frecuencia y
convirtámonos en algo totalmente opuesto a lo que somos.
¡Qué mentecatez! (palabra por cierto poco usada, ya noto el cambio)
¿Por qué a veces somos tan
poco tolerantes?
¿Por qué nos cuesta tanto
aceptar la verdad de otros?
¿Por qué intentamos inculcar
la nuestra como única?
Lo más bello de este mundo es
la palabra libre, la diversidad de opinión, el debate que conlleva.
Ese momento donde hay tantas
ideas diferentes, donde hay tanta necesidad de expresar.
Ese estallido es inspiración
en masa, una oleada sin fin de anécdotas que te llevarán a mundos lejanos, alejándote
de un interior que en algún momento se quedó en silencio.
Ahí está, llegó el momento de
las palabras sin cadenas, del libre opinar.
Voz!
Clamor!
Conexión!
Mi entender de la tolerancia
es eso, la diversidad comprendida dentro de un mundo rodeado de sujeciones
invisibles.
Mucho que decir y mucho más
que escuchar.
Pero sobretodo respetar.
Si, si el respeto por lo que
somos es lo primero pero por lo que nos rodea es la base real de nuestro
interior.
Hay que inculcárnosla a
fuego, muy adentro para no olvidarla.



